EXCESOS POLICIALES

Montoya, condenado a cadena perpetua con 15 años por un asesinato que no cometió

Una policía con ganas de resolver pronto un caso, algunas pruebas circunstanciales, no estar en el lugar adecuado y un jurado popular sugestionado le llevaron a la cárcel

Foto: Unos abogados negligentes y falsas acusaciones le llevaron media vida a la cárcel. (iStock)
Unos abogados negligentes y falsas acusaciones le llevaron media vida a la cárcel. (iStock)

Lorenzo Montoya fue condenado a cadena perpetua por un crimen que no cometió. Le negligencia de sus abogados y la intencionalidad de la policía para condenarlo le acarrearon en el año 2000 una condena por la que estuvo 13 años pagando, hasta que Lisa Polanski se hizo con el caso.

Lisa conoció a Montoya en 2011, en la prisión en la que se encontraba después de una década. Cuando habló con él, siempre mantuvo su inocencia y, al ver la cinta de VHS que contenía su confesión, se decidió a tratar de conseguir una reducción de condena, dadas las irregularidades que planteaba el interrogatorio. En aquél momento no sabía que ese solo era el principio de una serie de negligencias que pondrían a ese niño de, por aquel entonces, 15 años, en la cárcel por el asesinato de la profesora Emily Johnson, una profesora de secundaria de 29 años de edad que recibió una brutal paliza que acabó con su vida. Un amplio reportaje publicado en 'West World' ha recogido todos los detalles de una historia que, además, recuerda poderosamente a la de los Avery de 'Making a Murderer'.

La noche de fin de año

Era la primera noche del año 2000 cuando Eric Ortegon, testigo principal del caso y cuya novia era vecina de Johnson, vio a la profesora tumbada en el suelo de su porche. En un principio pensó que se había quedado dormida allí, pero se acercó por si necesitaba ayuda. Cuando llegó al lugar, la encontró con la cara envuelta en sangre, sin poder abrir los ojos y con dificultades para respirar. Su coche Lexus había sido robado. Inmediatamente, Ortegon llamó a los servicios de emergencia, pero la profesora murió en el hospital al día siguiente a causa de los golpes.

La tarde siguiente varios testigos vieron a Lorenzo Montoya con otras personas, montadas en un Lexus por varios sitios de la localidad.

Las respuestas vacilantes del sospechoso no hacían más que despertar las sospechas de los detectives

Horas antes, estando Montoya en casa de su tía, Nicholas Martínez apareció montado en un coche. Él no le conocía, pero su primo sí, así que todos fueron a dar un paseo en él. Durante el viaje, Martínez fanfarroneaba sobre cómo había robado el coche, pegando a una señora con una roca. El Lexus fue encontrado en una zanja y correspondía con el que había sido robado a Johnson la noche anterior.

Cuando la policía detuvo a Montoya dio comienzo el interrogatorio que acabaría con sus huesos en la cárcel, acusado de homicidio en primer grado. Lorenzo se presentó con su madre y tal y como se puede ver en el vídeo al que tuvo acceso Polanski, la policía intentaba en un principio averiguar lo que Nick Marínez le había contado sobre el suceso. Sin embargo, sus respuestas vacilantes no hacían más que despertar las sospechas de los detectives.

Un interrogatorio bajo presión

“¿Te dijeron cómo llegaron a la señora? ¿La golpearon con una piedra? Si no nos cuentas toda la historia eres cómplice”. Estas fueron solo algunas de las formas de presión que utilizaron con el chaval. Es un método muy común en la policía estadounidense, conocido como técnica Reid.

Mediante este procedimiento, la policía apremia al sospechoso, minimizando primero la gravedad del delito, presentándole lo que podría suceder si no colabora y haciendo caso omiso a la negación de la culpa del sospechoso. En su lugar, afirman tener pruebas que lo incriminan, de manera que el mejor escenario para el sospechoso es confesar, haciendo así que sea más fácil al admisión del delito. “Haces que el sospechoso crea que lo mejor para él es que confiese, tanto si ha cometido el crimen como si no”, afirma David Fisher, abogado de Montoya.

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Montoya seguía manteniendo que no sabía de dónde había salido el coche y que se montó sin conocimiento de ello cuando su madre se dirigió a él: “diles exactamente lo que quieren oír para que podamos salir de aquí”.

En aquél momento irrumpió en la sala el teniente Jon Priest con unos guantes de látex, se acercó a los zapatos de Montoya y dijo “¿Te sorprendería si dijera que este zapato estuvo en la escena del crimen? Tengo que hacer más pruebas, pero las huellas coinciden”. La situación se volvió entonces aún más complicada para el chico, que seguía negando que hubiera estado allí.

Obtuvieron lo que querían

Cuando la policía le dijo a la madre que saliera para que el chico pudiera hablar más libremente, la tensión aumentó exponencialmente. Uno de los detectives se acerca a él y dando un golpe en la mesa comienza a gritarle “¡tenemos todas las pruebas, más te vale hacerte un favor a ti mismo!”

En ese punto ya se podía ver el rostro lloroso de Montoya. Con la voz temblorosa vuelve a insistir en su inocencia.

Unos zapatos coincidentes con las huellas del escenario del crimen fueron hallados en casa de su tía

Los policías, aumentando la presión, afirman tener en otra sala de interrogatorios a Nick Martínez, que ha implicado a Montoya en el asesinato. Según dice la propia Lisa Polanski, Lorenzo repitió su inocencia por 65 veces en todo el interrogatorio, que fueron completamente desoídas por la policía.

“¡El primero en contar la historia gana! ¡Así de fácil! ¡Evita ir a la cárcel de por vida!”. Pese a que todo esto era mentira, fue suficiente para que el joven completamente derrumbado se declarara culpable del brutal asesinato de Emily Johnson.

Un juicio inclemente

Durante el proceso judicial se presentaron varias pruebas que, sin embargo, no podían situar a Montoya en la escena del crimen.

Las evidencias que más ayudaron a comprometerle fueron las huellas de zapatos halladas en la escena del crimen, correspondientes a una marca muy popular entre los chicos de su edad en aquel momento. Unos zapatos coincidentes con las huellas fueron hallados en casa de su tía, pero no solo el acusado reconoció como de su primo, sino que el propio dueño afirmó que eran suyos, lo que también corroboró su madre. El problema es que Lucas Martínez, el primo de Lorenzo, se negó a declarar en el juicio, acogiéndose al derecho a no autoincriminarse recogido en la Quinta Enmienda.

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El juicio también contó con un testigo estrella, un compañero del correccional que resultó conocer a Nick Martínez, y que afirmó que durante el tiempo que compartieron habitación, el acusado le contó cómo había cometido el asesinato: Por qué puerta entraron, cómo le golpeó con una pistola…

Pese a que esta historia no coincidía con lo que Montoya había contado a la policía y, de hecho, la versión que el testigo daba también cambió varias veces a lo largo del procedimiento judicial, el jurado le declaró culpable del delito de homicidio en primer grado, o lo que es lo mismo: a cadena perpetua.

La mitad de su vida entre rejas

En el tiempo que estuvo en prisión, Lorenzo tuvo que luchar contra la depresión y episodios de insomnio, y otros problemas mentales, además de un largo período en régimen de aislamiento (en parte por su propia seguridad).

Cuando en 2011, Polanski quiso investigar las irregularidades que había observado, tuvo serias dificultades para acceder a los archivos del caso. “Me decían que era un pérdida de tiempo, y el abogado de Montoya me dijo que ni siquiera había guardado los documentos del proceso”.

La alarmante cantidad de confesiones falsas ha llevado a varios organismos legislativos europeos a prohibir las prácticas engañosas en los interrogatorios

En 2012, un investigador contratado por Lisa Polanski habló con Nick Martínez, también condenado a cadena perpetua, que le confirmó que nunca había visto a Montoya hasta el día del coche, y que no tenía ninguna relación con el asesinato. En aquel momento, Polanski consideró que tenía evidencias suficientes como para desmontar el resto de pruebas y pidió la liberación de Montoya, que fue concedida a cambio de una declaración de culpabilidad como encubridor. La abogada explica que tuvo grandes reparos para aceptar la oferta dado que dejaría un delito grave en el expediente de su cliente, pero también tenía la oportunidad de sacarlo de inmediato de prisión, en lugar de esperar, posiblemente años, a un nuevo juicio.

Libertad agridulce

En 2014, gracias a los esfuerzos de Polansky, Montoya salió de prisión. Ahora tiene 31 años y, después de haber pasado la mitad de su vida entre rejas, trabaja en una granja orgánica alejado de todo aquello. Además ha presentado una demanda contra el Departamento de Policía de Denver y contra sus abogados de aquel momento, por negligencia. Porque, como dice su actual abogada, "no quiere que otros niños pasen por lo que ha pasado”.

Los detectives implicados en el caso de Lorenzo Montoya siguieron ejercieron sin recibir ningún tipo de castigo y, excepto Jon Priest (se jubiló), los otros dos agentes continúan en activo.

Por su parte, la alarmante cantidad de confesiones falsas derivadas de, entre otras, la técnica Reid ha llevado a varios organismos legislativos europeos a prohibir las prácticas engañosas en los interrogatorios.

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