los mecanismos psicológicos de la lotería

“Se juega al Gordo por costumbre, presión social y envidia preventiva”

Se puede pasar con ella un buen rato, soñar o tener ilusión, pero si lo más probable es perder, ¿por qué seguimos entonces jugando a la lotería?

Foto: La lotería de Navidad es una tradición muy arraigada. (iStock)
La lotería de Navidad es una tradición muy arraigada. (iStock)

El Gordo de Navidad es el sorteo más grande del mundo por el volumen de dinero que se juega –este año alcanzará los 2.600 millones de euros–, por la cantidad de jugadores y por la proporción de población de un país que moviliza. En el sorteo del año pasado compró lotería el 73,1% de los 34 millones de residentes en España entre 18 y 75 años, es decir, casi 25 millones de personas. Este año se prevé que se eleve el número de compradores. Juegan todos los españoles menos los “no jugadores”, pero incluso entre estos una parte “cede” a la presión social que se forma alrededor del Gordo. Sólo hay tres matices: juegan algo más las mujeres que los hombres, entre los mayores de 35 años juega el 80%, o sea, los jóvenes juegan algo menos, y se juega menos en los hogares con problemas económicos. Por lo demás, el Gordo de Navidad es un “acontecimiento nacional” transversal, que aplana todas las diferencias sociales.

En torno a este sorteo se desencadena una presión social casi irresistible, en la que se combinan la costumbre, la tradición, las relaciones entre familiares, amigos y compañeros de trabajo; las necesidades de financiación de las asociaciones y clubes que han hecho de la venta de participaciones una parte relevante de sus recursos y la “envidia preventiva”, el riesgo de que les toque a otros, especialmente a los conocidos, y a nosotros no. Todo eso se impone al conocimiento racional de que jugando se pierde o de que se juega contra la ley de probabilidades.

Un 43,3% de los jugadores afirma que preferiría no jugar para no perder y un 35,0% no está de acuerdo con que haya grandes premios que merezcan la pena

Casi todos los jugadores juegan con décimos o participaciones en papel (98,2%), sólo una minoría compra por Internet (1,8%), porcentaje que aumentará este año ligeramente. La compra por Internet se concentra en las webs de las Administraciones más conocidas.

Del 98,2% que compra “en papel”, el 69,4% lo hace en décimos que venden las administraciones o los vendedores ambulantes, el otro 30,6% se divide entre quienes sólo juegan participaciones de asociaciones, colegios, clubs, etc., que parecen ser jugadores por compromiso social (8,2%), y los que llevan de los dos tipos, décimos y participaciones de asociaciones (22,1%). Los jugadores que viven en hogares con problemas económicos eluden estas participaciones, juegan casi exclusivamente décimos oficiales para evitar pagar comisiones.

¿Y si toca aquí?

Se juega en Navidad por costumbre (el 88,0%), por presión social y por “envidia preventiva”, no vaya a ser que les toque a otros. Más de la mitad afirma que compra décimos o participaciones porque se los ofrecen en bares, comercios, la empresa, etc. (51,8%); estos son quienes tienen más vida social o laboral, los menores de 55 años. Algo más de la mitad (51,2%) declara comprar por si acaso toca, especialmente las mujeres (59,6%), los menores de 35 años (64,0%), los jugadores habituales (59,4%) y quienes tienen problemas económicos en el hogar (59,1%). Pero la clave reside en la sospecha de que pueda tocar a los amigos y conocidos, el 59,7% se reconoce en este motivo, que afecta sobre todo a los jóvenes (76,2% entre los menores de 25 años y 67,0% entre los que tienen entre 25 y 35). Esta mezcla de costumbre, cesión a la presión de amigos y conocidos y “envidia preventiva” se impone a la renuencia a jugar y a la convicción de que jugando se suele perder. Algunos datos muy llamativos sobre esto: un 43,3% de los jugadores afirma que preferiría no jugar para no perder y un 35,0% no está de acuerdo con que haya grandes premios que merezcan la pena para tentar la suerte. O sea, racionalmente buena parte de los jugadores no jugaría o no encuentra una explicación razonable para hacerlo.

Sólo quedan fuera del sorteo de Navidad los “no jugadores” capaces de resistir el riesgo de que les toque a sus conocidos

Sólo el 25,0% de quienes jugaron al Gordo de Navidad en 2014 afirmó que jugó porque le gusta la lotería, como es natural se trata sobre todo de aficionados a comprar lotería en buena parte de los sorteos.

Otra forma de implicación es la venta de participaciones. El 15,8% de los compradores lo hizo a cuenta de asociaciones, colegios y similares. Es decir, se convirtieron en vendedores más o menos voluntarios de lotería, extendiendo así la presión social sobre sus amigos y conocidos.

Sintetizando, se puede decir que sólo quedan fuera del sorteo de Navidad los “no jugadores” capaces de resistir el riesgo de que les toque a sus conocidos y los que con frialdad se sustraen del clima de presión social que se desencadena. Ambos colectivos suman algo menos del 30% de la población. En todo caso, hay algo que sobrevuela al sorteo de Navidad: la conciencia social de que jugando se pierde, se puede pasar un buen rato, soñar o tener ilusión, pero lo más probable es perder. Esta conciencia tiene consecuencias profundas en las actitudes de los españoles sobre el juego.

*José Antonio Gómez Yáñez, profesor de sociología de la Universidad Carlos III.

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