El infierno de las top models

Por esto tienes que pasar para convertirte en modelo, explicado por ellas mismas

"Había favores, eran parte de la explotación. Las chicas que conseguían buenos contratos tenían que mantener relaciones con los agentes y los fotógrafos". Por fin las modelos hablan

Foto: Solo llegan unas pocas y por el camino son demasiadas las que pierden la dignidad. (iStock)
Solo llegan unas pocas y por el camino son demasiadas las que pierden la dignidad. (iStock)

Ocho de las grandes agencias de modelos más grandes del mundo se enfrentan a una demanda judicial histórica que podría superar los 100 millones de dólares por explotación femenina y maltrato a las mujeres. La denuncia, avalada por los testimonios de decenas de modelos que trabajaban para ellas, pone en evidencia los horrores que se esconden en el duro y exigente mundo de la moda.

Agencias internacionales como Wilhelmina Models, Elite, Click o MC2 Model, podrían verse perjudicadas por la demanda conjunta que pone en un brete al sector de a moda.

No era necesario tener una carrera universitaria para saber que estaban haciendo dinero a nuestras espaldas

“Cuando tienes 14 o 15 años solo estás emocionada con la idea, y no te lo piensas dos veces antes de aceptar cualquier condición económica”, explicaba Louisa Raske a 'The Daily Mail', donde asegura haber sido testigo de cómo uno de los jefes explotó sexualmente a una niña de 15 años a la que le premiaban con más y más trabajo a cambio de vender su cuerpo. Y no ha sido la única en hablar para el rotativo británico que recoge en un extenso reportaje algunas de las declaraciones más terroríficas realizadas por las demandantes.

La pesadilla del sueño adolescente

Sometidas a tratamientos de cirugía estética a la fuerza, el acoso sexual constante, trastornos derivados de la permanente invitación al consumo de drogas o las restricciones con la comida son algunos de los puntos clave en los que todas han coincidido.

No solo eso, las denuncias también vienen del lado financiero: se acusa a estas agencias de desgravarse con alquileres desorbitados para las modelos; pagar tarde, o directamente no hacerlo, a los proveedores y clientes; cobrar elevados intereses –en EEUU las agencias se llevan hasta un 20% de comisión por cada pago realizado a los modelos– o pedir adelantos no justificados, mientras las chicas no cobraban apenas dinero de toda esta fortuna.

Cuando tienes 14 o 15 años solo estás emocionada con la idea, y no te lo piensas dos veces antes de aceptar cualquier condición económica

Como no podía ser de otra manera, los abogados de las agencias acusadas aseguran que todas las trabajadoras recibían un trato justo y alegan que las denuncias por irregularidades financieras son absolutamente falsas.

“Las adolescentes son presas fáciles. De hecho, una gran cantidad de ellas vienen desde Europa o Rusia a trabajar sin saber inglés”, continúa Raske. A sus 35 años, recuerda la experiencia como una auténtica locura: “Vivía en uno de esos apartamentos de modelos en los que estábamos ocho o 10 chicas. A cada una nos cobraban entre 1.200 y 1.500 dólares cuando toda la casa les debía costar unos 3.500 dólares. No habría ni dos habitaciones y dormíamos hacinadas en literas de tres… No había ni una pizca de 'glamour' allí, estaba bastante sucio y en aquellas condiciones las chicas empezaron a ser malas y a robarse entre ellas”.

Mientras ellas se endeudan con las agencias, la industria mueve millones de dólares.
Mientras ellas se endeudan con las agencias, la industria mueve millones de dólares.

El desproporcionado precio de la fama

Rachel Blais, de 30 años, tenía 14 cuando fue descubierta en su Montreal natal. Tras ser fichada por un cazatalentos canadiense empezó su carrera como modelo en las pasarelas de Milán, Tokio, París, Nueva York o Londres.

“En Nueva York teníamos un apartamento de dos dormitorios en East Village. Era un edificio bonito pero llegamos a vivir hasta 11 niñas que nos repartíamos entre dos habitaciones y el sótano”, estancia por la que le cobraban unos 2.000 dólares al mes: “No era necesario tener una carrera universitaria para saber que estaban haciendo dinero a nuestras espaldas”.

En el piso estábamos ocho o 10 chicas. A cada una nos cobraban entre 1.200 y 1.500 dólares cuando toda la casa les debía costar unos 3.500 dólares

“Me obligaron a contratar a un costoso entrenador personal porque estaba 'demasiado gorda': mido casi un metro ochenta y tenía una talla 36”, recuerda la joven. “Cuando cumplí 19 años mi agencia me pidió que me sometiese a una liposucción. Así es como acumulas deudas, porque ellos te pagan la operación pero luego te obligan a devolver el coste con intereses. Dije que no me quería operarme y me sugirieron que en tal caso habían elaborado una lista con unos cuantos fotógrafos con los que 'tendría que dormir'”.

Para Rachel no hay duda de que se trata de un sector en el que la explotación sexual es muy real: “He estado en clubes de Nueva York donde he visto a supermodelos de fiesta con sus agentes, pero también a chicas que luchan por sacar adelante sus carreras y terminan haciendo cualquier cosa”.

Una explotación más que asumida, permitida

Carolyn Fears, de 46 años, tenía 19 cuando firmó con Ford y se trasladó a Nueva York. “No sabía lo mal que estaba el sector hasta que me dieron mi primer cheque. Me habían quitado cerca de 1.500 dólares y cuando subí a hablar con mi representante me dijo algo así como 'que yo sepa no has sido portada de Vogue'. Tuve miedo de que me disparase.

“En nuestra cultura está normalizado el uso del cuerpo como medio para hacer dinero. No conozco a una sola chica a la que no se le haya dicho que va a ser la próxima 'top model' y va a ganar un montón de dinero. Esto genera una gran expectación entre las jóvenes que quieren salir adelante: así mantienen la esperanza y se siguen dejando explotar”, comenta Rachel.

Me habían quitado cerca de 1.500 dólares y cuando subí a hablar con mi representante me dijo algo así como 'que yo sepa no has sido portada de Vogue'

Ahora tiene 57 años y trabaja como diseñadora de moda, pero Lorelei Shellist también tiene turbios recuerdos sobre cómo fue su carrera adolescente para convertirse en modelo: “Había favores, eran parte de la explotación. Las chicas que conseguían buenos contratos tenían que mantener relaciones con los agentes y los fotógrafos”, señala.

Shellist ha sido una de las propulsoras de la demanda millonaria que podría cambiar para siempre las bases de un negocio que lleva décadas ocultando lo que ocurre en realidad, y no es solo porque le estafasen: “Sabía que no iba a recuperar todo lo invertido porque ya ha prescrito. Pero no me importa. No hago esto por el dinero”.

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