PSICOANALIZANDO AL 'HOOLIGAN'

Relaciones peligrosas y mujeres fatales: un retrato de las novias de los futbolistas

No hay que realizar un gran esfuerzo para darnos cuenta de que no hay mayor desprecio que el que reciben las esposas de los futbolistas. ¿Qué está pasando realmente?

Foto: Victoria Beckham, Sara Carbonero y Shakira. (Reuters)
Victoria Beckham, Sara Carbonero y Shakira. (Reuters)

Aunque muchos no quieran recordarlo, las mujeres siempre han existido. Y las esposas de los futbolistas, desde que dicho deporte surgió una noche de otoño de 1863. Lo que no ha sido tan común es que estas mujeres ocupen un lugar central en el relato público, azuzado por los medios de comunicación, de manera que las correrías de Victoria Beckham sean incluso más conocidas que las de su esposo David. En muchos casos, estas mujeres de futbolistas (o WAGs, “wives and girlfriends”), como se habla de ellas en el mundo anglosajón, ya son conocidas antes de comenzar sus relaciones con los futbolistas: Beckham era una Spice Girl, Sara Carbonero era presentadora en la sección de deportes del telediario y Shakira, una cantante conocida internacionalmente.

La respuesta del público a estas mujeres, especialmente del aficionado al fútbol, es muy negativa. Como señala un estudio publicado por la profesora de la Universidad de Nevada Mariann Vaczi en 'International Review for the Sociology of Sport' y llamado “Dangerous liaisons, fatal women: the fear and fantasy of soccer wives and girlfriends in Spain”, estas WAGs parecen reflejar el viejo arquetipo de la mujer fatal, ya que “son construidas como 'peligrosas desestabilizadoras' que amenazan el rendimiento de los deportistas de la élite a través de su sexualidad”.

“Demasiado waka waka” era la frase que se escuchó hasta la saciedad en los meses de peor rendimiento deportivo de Gerard Piqué

En un mundo eminentemente masculino como es del del deporte –tanto entre los que lo practican como sus aficionados–, las mujeres “son relegadas a una posición marginal y de apoyo. El deporte crea una familia de patriarcas, hermanos e hijos, con una madre ausente”, como explicaba Varda Burstyn, autora de 'The Rites of Men: Manhood, Politics, and the Culture of Sport' (University of Toronto Press). A pesar de que cada vez más mujeres forman parte de dicho ámbito, “los regímenes de poder no han desaparecido, sino que han tomado formas más sutiles, complejas y 'suaves'”.

La importancia simbólica de un beso

La investigadora se detiene en el célebre beso que el portero de la Selección Española Iker Casillas dio a su pareja, la reportera Sara Carbonero, después de alzarse con el Mundial. Tenía algo de 'hollywoodiense', explica, en la medida que al igual que ocurre con una superproducción, daba la impresión de que todos los avatares que habían atravesado los protagonistas conducían indefectiblemente a fundirse en un beso de tornillo. “Antes de la victoria en el Mundial, Sara Carbonero había sido retratada a menudo por los medios de comunicación españoles e internacionales como una mujer peligrosa, “desestibilizadora”, cuya sexualidad distrae a su pareja de lo que debería importarle: el rendimiento atlético para su nación”.

Relaciones peligrosas y mujeres fatales: un retrato de las novias de los futbolistas

No es el único caso semejante: la autora se fija también en los de Victoria Beckham o Shakira. Respecto a la última, la autora cita una conversación con un taxista, de camino al Camp Nou, que le espetaba que no era normal que la cantante le sacase 10 años al futbolista Gerard Piqué y que era una “tigresa”. Ante la pregunta de si una sola mujer era capaz de hacer empeorar el rendimiento de su compañero, el conductor respondía: “¡Por supuesto que pueden! ¡Han desestabilizado naciones enteras!” “Demasiado waka waka” era la frase que se escuchó hasta la saciedad en los meses de peor rendimiento del culé.

Aún más duras fueron las críticas a Victoria Beckham, a la que la prensa española declaró la guerra después de (supuestamente) declarar que “España huele a ajo”. En su caso, la decisión tomada por el centrocampista de dejar el Madrid en el año 2007 para irse a la Major League Soccer (menos competitiva, pero seguramente mucho mejor pagada) fue interpretada como el resultado del influjo de su esposa, que, como señalaba un artículo aparecido en 'The Guardian', “la influencia en las elecciones de la carrera de sus esposos puede estar motivada por la vida nocturna y las compras”.

Cuanto más fuertes son las mujeres, más les gusta a los hombres el fútbol

Basta con echar un vistazo a algunos de los titulares que Vazci recoge para comprender ese relato de prolongada “demonización, fetichización, patologización del sexo y proliferación de fantasías eróticas”: es el caso de 'The Times', que en su portada llegaba a titular “¿La derrota de España? Échale la culpa a la novia”. Como señala la autora, “la idea de que una periodista de 26 años pueda desestabilizar el rendimiento en el Mundial de la Selección española era considerada absurda y sexista, pero eso no evitó que diarios respetables sacasen noticias con la historia”.

¿Qué es lo que se moviliza en este odio a las WAG que “emergen como protagonistas a las que se les atribuyen poderes significativos”? En lo referente a las atletas mujeres, señala la autora, se llevan a cabo dos procesos que tienen como objetivo reducir el impacto de las mujeres en ese universo masculino (“cuanto más fuertes son las mujeres, más les gusta a los hombres el fútbol”, como señaló Mariah Burton Nelson): su extrema sexualización o su catalogación como lesbianas. En el caso de las mujeres que viven junto a los hombres, se les atribuye tanto un gran poder –por su capacidad para “desestabilizar” la marcha de un equipo por su mera presencia– como una falta total de control. Aunque en apariencia parezca contradictorio, están “indefensas, ya que las fantasías sobre su sexualidad siguen su propio rumbo con independencia de lo que ellas mismas dicen o hacen, privándolas del poder para controlar su propia imagen y su impacto en la sociedad”.

Súcubos de la energía masculina

¿De dónde surge la imagen de la mujer fatal que tuvo continuación en el siglo XX, a través del cine negro? Vaczi recuerda que alude a la dicotomía cristiana entre la Virgen María, la madre obediente, y Eva, la insubordinada que arrastra al hombre en su caída. “La mujer fatal es diametralmente opuesta a la buena mujer y esposa que acepta su entorno doméstico y papel como una madre, así como al control de su sexualidad por un orden patriarcal”. Una de las cualidades que la define es su supuesta capacidad de “drenar las energías masculinas a través del sexo”, representando el peligro de “la castración física y espiritual a la que se expone todo hombre en el coito”.

Relaciones peligrosas y mujeres fatales: un retrato de las novias de los futbolistas

¿No es eso precisamente lo que se reprocha a estas mujeres? ¿Que con su comportamiento están distrayendo a sus parejas de lo realmente importante, es decir, marcar goles (o evitar que el rival los anote)? Como recuerda la autora, es una percepción puramente victoriana y decimonónica: al igual que ocurre con los ingenios mecánicos como el tren, se pensaba que “el cuerpo poseía una cantidad limitada y finita de la energía que no se podía desperdiciar en asuntos triviales”. El deporte, por lo tanto, aumentaría dicha energía; el sexo la drenaría.

La autora recuerda la frase que Loucien Roupp le soltó a Edith Piaf cuando salía con el boxeador francés Marcel Cerdan: “Si quieres a tu campeón, relájate al hacer el amor. Le ralentiza, y necesita tener los pies rápidos”. Es una mentalidad muy semejante a la de aquellos hombres que, en el siglo XXI, rechazan la masturbación puesto que consideran que “la abstinencia sexual nos ayuda a mantener la concentración y a elevar nuestros niveles de testosterona”. Solo que en este caso, en lugar de tratarse de un autocastigo, es una mujer la que recibe la culpa de drenar la energía del hombre.

Si quieres a tu campeón, relájate al hacer el amor. Le ralentiza, y necesita tener los pies rápidos

Lo cual, no obstante, no dejar de mostrar cierta ambivalencia en la actitud de los aficionados, como pone de manifiesto la autora al final de su disertación: “Los aficionados al fútbol en España saben que la preocupación por la vida sexual de los atletas es sensacionalista, incluso 'telebasura', en comparación con el serio asunto que es marcar goles”, recuerda Vaczi. “Y aun así, no pueden resistir disfrutar la fantasía”. En realidad, señala aludiendo a una explicación psicoanalítica, la mujer es necesaria como parte de la narración: “Son un elemento suplementario que se añade a la serie de significantes para que la serie tenga significado”; en este caso, la iconografía heteronormativa que define al hombre.

“El hombre atleta es el caballero galante, el líder ejemplar, el defensor de la causa”, sintetiza la investigadora. “Es el cazador buscando los puntos débiles de su presa, el guerrero que defiende su bandera y lo da todo a su país. Es el marinero, el vagabundo, el playboy y el individuo fuerte cuya libertad y aventuras compartimos vicariamente, y el jugador que lo pone todo en riesgo”. Pero su historia no estaría completa sin una contrapartida femenina que interactúe con él: “Necesita una persona sexual con capacidad de distraerle de su objetivo; una musa que le inspire; una presa, la última meta del atleta; una prostituta; el placer ilícito de los partidos fuera de casa; azar, el último gobernador del marco de juego”. En el teatro que es la esfera pública moderna, la WAG juega el papel de la mujer fatal: es al España – Holanda lo que Catherine Tramell, el personaje interpretado por Sharon Stone, a 'Instinto Básico'.

Alma, Corazón, Vida

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