Las primeras mujeres españolas en correr una maratón

Las primeras corredoras de maratón en España "Vete a hacer tus labores"

Reportaje: Ángela Sepúlveda

Mientras en EE.UU. hablan con orgullo de Kathrine Switzer, la mujer que terminó la maratón de Boston en 1967, en España nadie se acuerda de Lourdes Gabarain y Matilde Gómez

Lourdes Gabarain, la pionera

Lourdes Gabarain

La pionera

"En un 'cross' iba la primera y un espectador me dijo algo de las tetas. Yo siempre he tenido mucho pecho. Me ponía el sujetador, una camiseta prieta y luego otra grande, para disimular. Y este tipo se metió conmigo, así que me paré, le pegué una torta y seguí corriendo”. Lourdes Gabarain es la primera mujer española que se atrevió a enfrentarse a los duros 42 kilómetros y las reticencias de muchos hombres de finales de los 70.

Después de aquello se operó del pecho -”me quitaron dos kilos y pico”- porque le molestaba para trotar y siguió haciendo lo que más le gustaba: correr. “Siempre me han llamado 'marichico' pero nunca me ha importado. Creo que había buen respeto, y estaba a gusto, sino no te lo diría”.

"Siempre me han llamado 'marichico' pero nunca me ha importado"

Gabarain tenía 19 años cuando en 1977 cruzó la frontera para disputar la maratón de Burdeos (Francia). Hasta ese momento, ninguna mujer 'amateur' se había calzado las zapatillas para recorrer tantos kilómetros; tampoco los hombres. Hasta 1978 no empezaron a organizarse los maratones populares. Esta vecina de Tolosa (Guipúzcoa) terminó su primera prueba en 4h 51' 32''.

Apenas hay bibliografía de la incursión de las mujeres en la maratón y es impensable hablar de homenajes. Nada que ver con las alabanzas de EEUU hacia Kathrine Switzer. La pionera de la maratón sigue viviendo en Tolosa (Guipuzcoa), donde nació, entrenó y desde hace ocho años vende castañas a sus vecinos. “Me gustaba correr, me gustaban las carreras y me gustaba ganar”. Esa es su justificación de por qué comenzó tan joven en esta disciplina.

Tiene una voz grave y un acento vasco muy marcado. Recuerda entre risas que la primera vez que fue a entrenar pensaba que ya iba a disputar una carrera. Y nunca se le debió quitar esa idea porque odiaba entrenar. Su vida ha dado tantas vueltas que sacarle los detalles de aquellos años es tarea ardua. No sabe si había más atletas femeninas en Burdeos o a qué edad dejó de practicar deporte. Ella corría porque le gustaba; los detalles son de los espectadores.

Lourdes Gabarain

Foto: Unai Beroiz

Disputó un total de cinco maratones. En España, el primero fue en Oviedo. “Tuve que enseñarles el diploma de Burdeos para que me dejaran. Vino hasta la Federación Española y me miró como un bicho raro”. A diferencia de otras atletas que siguieron mejorando sus tiempos, Lourdes prefirió pasarse a otros deportes. Hizo esquí de fondo y triatlón, donde disputó una de estas pruebas en Niza, “la más grande que tengo hecha, ocho horas y media”. También corrió bajo el Montblanc, quizá su mejor recuerdo. “Fue preciosa, pero también durísimo, con tales pendientes que había que ir andando”.

"Tengo la cadera hecha polvo, artrosis, artritis... tengo de todo"

Dejó de correr por problemas con el tendón de Aquiles que nunca se llegó a operar, por eso y porque con 58 años ya tiene achaques por la falta de preparación. “Tengo la cadera hecha polvo, artrosis, artritis... tengo de todo”. Y es que entonces el entrenamiento no era tan serio; tampoco la organización de las carreras. Eran las primeras y todavía estaba todo por escribir. Miguel Villaseñor, miembro de la Asociación Española de Estadísticos del Atletismo, cuenta que en la primera edición de Madrid (1978) en el avituallamiento había “hasta bocadillos”. La ropa y zapatillas de los corredores no eran adecuadas y menos el entrenamiento. “Ese año hubo muchos abandonos. De 7.500 participantes, más de 3.000 no acabaron”. Ni siquiera había edad mínima para inscribirse. Villaseñor llegó a ver a niños de 10 años cruzar la meta.

A finales de los 70 las carreras tampoco daban para comer, solo en sus últimos años Lourdes recibía algo de dinero si quedaba entre las primeras. Había que pagarse la ropa, las zapatillas, los desplazamientos… Por eso tuvo un gimnasio, un bar, una sidrería, otro gimnasio, trabajó como gruísta en la construcción durante años y cuando se acabó la burbuja inmobiliaria se sacó un curso para cuidar a personas mayores. Es castañera desde hace ocho años y tiene un huerto en el que planta alubias. Todo con dos hijos y un secuestro de ETA a las espaldas.

En 1981, el vecino de Tolosa Juan Costas fue asesinado por la banda terrorista y la joven que le acompañaba, Lourdes, fue encerrada durante horas en el maletero del coche. Este episodio rompe su jovialidad. Han pasado 35 años y todavía no ha cerrado la herida. “Me cortó la vida. Mi hija es fruto de la relación con Juan. Conseguí exhumar el cadáver y que mi hija fuera considerada víctima de ETA”, narra entre sollozos. “Pero a mí no me aceptan como víctima. No lo entiendo”. Ese es su verdadero talón de Aquiles.

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Matilde Gómez, 10 maratones a sus espaldad

Matilde

10 maratones a sus espaldas

Matilde es la antítesis de Lourdes. Empezó a correr con 33 años, cuando ya tenía tres hijos. Y lo hizo para pasar más tiempo con su familia. Su marido es Josep Molins, una de las grandes figuras del atletismo. Olímpico en Roma 1960 y entrenador de atletas como Carmen Valero, dos veces campeona del mundo de campo a través.

Matilde corrió sus primeras dos maratones en dos meses

Matilde está considerada la primera española que ganó una carrera de 42 kilómetros en territorio nacional. El 12 de marzo de 1978 se organizó la primera prueba popular de estas características, la Maratón de Cataluña, que se corrió en Palafrugell. Terminó con un tiempo de 3h 55' 33'' cruzando la meta como la primera mujer y la participante número 92. No fue la única, también terminaron Montserrat Camps y Ester Inés Mañé. Tenía 36 años.

“Siempre pensaba que una maratón era muy largo pero mi marido me decía que siendo mayor tenía mejores condiciones”. Y le cogió gusto porque disputó otras nueve más bajando el cronómetro. Solo dos meses después de correr en Palafrugell llegó a la Maratón de Madrid, también en su primera edición, y bajó hasta 3h 37' 46'', donde compartió carretera con otras cuatro mujeres.

Al año siguiente, en la II edición de Cataluña ya recorrió los 42 kilómetros en 3h 18' 48''. En esta tercera maratón compartió carretera con Joaquina Casas, otra pionera que acudió a su primera cita sin saber apenas cómo era aquella prueba y corriendo con unas Chirucas, unas botas de montaña. A los 23 kilómetros se desplomó y pudo terminar gracias a las zapatillas que le prestó un espectador.

Matilde Gómez

Foto: Guillem Sartorio

Después de Cataluña, Matilde pasó por Nueva York -dos ediciones-, Suecia, Francia... “Pero no lo veo tan importante. Lo hice porque me apeteció y porque vi que podía, nada más ”, dice en su también marcado acento catalán. Siempre se sintió a gusto con sus compañeros masculinos, pero no se libró de los comentarios machistas. “Cuando cerraba la tienda de deportes -un establecimiento histórico con más de 40 años-, sobre las 20:00 o 20:30, me iba a entrenar. Alguno me decía que tenía que estar en casa haciendo mis labores, y no corriendo”, apunta.

Icíar Martínez fue la primera española que corrió en la maratón de Nueva York

Nunca ganó dinero con sus pruebas y al igual que Lourdes tuvo que sufragarse viajes y estancias. Corrió más de 30 años y hoy, a sus 74, ha cambiado el trote por la caminata: “Lo dejé hace ocho o nueve años”. ¿Podría haber vivido del atletismo si hubiera nacido unos años más tarde? “Creo que puedes contar con los dedos de la mano las profesionales que viven de esto y aún te sobran dedos. A mí correr me ha costado dinero”, recuerda.

No son las únicas, por supuesto. En aquellos primeros años también destaca Rosa Talavera, que ganó tres maratones entre 1978 y 1980 y fue la primera en bajar de las tres horas, consiguiendo un tiempo de 2h 59' y 30'' en la V Maratón Internacional de Oyarzun, según los datos de la Federación de Atletismo. O Joaquina Casas, que pese a jurar que no volvería a correr una maratón tras su primera incursión con botas de montaña (con un tiempo de 4h 34' 23''), siguió corriendo y consiguiendo grandes marcas. Solo dos años después de aquella terrible experiencia volvió a la Maratón de Cataluña, redujo su tiempo hasta las 3h 01' 33'' y cruzó la meta como primera participante femenina. Según narra ella en el libro 'Mi primera maratón' (Ed. Paidotribo), hasta 2001 ya había corrido 147 maratones y 5 carreras de 100 kilómetros.

Tampoco hay que olvidar a Icíar Martínez, la primera española que corrió en la maratón de Nueva York. Fue en 1980 y terminó marcando el mejor tiempo nacional de la época, 2h 49' 02'' y entrando decimonovena en la clasificación femenina. Volvería a estar en esa prueba solo dos años después para volver a marcar un récord con un tiempo de 2h 42' 36''. El pódium de mejor tiempo le duraría tres años; Mercedes Calleja se lo arrebató al acabar los 42 kilómetros en 2h 39' 53'', tiempo que no ha dejado de descender desde los años 80. Actualmente el récord nacional lo tiene Ana Isabel Alonso con 2h 26' 51'' desde 1995.

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