DOS SEMANAS CUBIERTOS DE polvo blanco

Qué pasa cuando te quedas aislado en la nieve con un montón de supermodelos

Julio de 1977. Es temporada de esquí y un grupo de modelos viaja a Chile para realizar un catálogo de abrigos, pero la cosa se les va de las manos...

Foto: No hay fotos de las fiestas, pero el ambiente sería parecido a este. (iStock)
No hay fotos de las fiestas, pero el ambiente sería parecido a este. (iStock)

Las historias de un grupo de personas que se quedan atrapadas en un hotel, refugio o similar tras una nevada son constantes en la literatura, sea o no de ficción. Y generalmente acaban mal, con miembros cercenados, canibalismo o alguno de los presentes volviéndose loco. Pero si te quedas atrapado en un 'resort' de lujo con todo tipo de provisiones y rodeado de supermodelos, la cosa cambia.

La historia que narra Mickey Rapkin en las revistas 'Elle' y 'Squire' bien podría haber acabado como el '¡Viven!' de la moda, pero en realidad fue una fiesta de una semana de duración, repleta de excesos, que había permanecido oculta hasta ahora –quizás porque la cocaína está demasiado presente durante todo el relato–.

Era julio de 1977. David Wolfe, vicepresidente de Neiman Marcus, unos populares grandes almacenes estadounidenses con base en Dallas, está preparando su catálogo de abrigos de piel para el próximo invierno –'The Fabulous Furs of Neiman Marcus'–, una publicación anual que se repartía a 100.000 clientes selectos de la firma, con los nuevos modelos de la temporada. Descuelga el teléfono y se pone en contacto con Les Goldberg, un fotógrafo de moda que había realizado el catálogo de invierno de Polo Ralph Lauren, con fotografías de modelos abrigados en medio de la nieve, muy en la línea de lo que Wolfe buscaba.

Para continuar con la producción había que esperar a que amainara la tormenta, pero siguió nevando, hasta que el hotel quedó incomunicado

Golberg acepta el encargo, pero con una condición: no iba a tomar las fotografías en Texas, como quería la compañía. Si era un catálogo de invierno había que hacerlo rodeados de nieve de verdad, y esto implicaba buscar el invierno austral. A Wolf no le hace ninguna gracia, pero el fotógrafo se lo pone fácil, pues llega a un acuerdo con la Cámara de Turismo de Chile y la extinta aerolínea Braniff Airways para que paguen el viaje.

Desde la llegada de Pinochet al poder, el país andino había dejado de ser un destino popular entre los estadounidenses y la administración chilena pensó que un catálogo de abrigos de lujo realizado en el más antiguo y exclusivo resort de esquí de Sudamérica, el Hotel Portillo, sería un buen reclamo para atraer a los turistas americanos de alto 'standing'.

El 14 de julio, sólo un día después del gran apagón que dejó sin luz a la ciudad de Nueva York, ocho supermodelos ponen rumbo desde la Gran Manzana a Santiago de Chile con un cargamento de abrigos de piel valorado en 2 millones de dólares. Se trata de la 'crème de la crème' de los modelos de la época: Jerry Hall –famosa por ser novia de Brian Ferry, Mick Jagger y, en la actualidad, de Rupert Mudoch–, Maria Hanson, Mary Maciukas, las hermanas Julie y Pat Christman –que era novia de Golberg–, y los modelos masculinos Randall Laurence, Bob Clement y Conrad Bell.

Fiesta en la estación de esquí

El Hotel Portillo, anexo a la estación de esquí del mismo nombre, se encuentra a 2680 metros de altura, muy cerca de la frontera con Argentina. En esas fechas, se encontraba en plena temporada alta y sus 400 camas estaban ocupadas, por lo que los modelos tuvieron que compartir habitación (algo de lo que nadie se quejó, quizás porque en la expedición había numerosas parejas).

Aunque el Hotel estaba rodeado de nieve, y el famoso Lago del Inca, Goldberg quería tomar las fotos en un escenario más agreste, así que montó a los modelos en un Jeep y se dirigió hacía la frontera argentina. Aunque los empleados del hotel le aseguraron al equipo que no iba a nevar mucho más se equivocaron de lleno. A medida que avanzaban por la carretera la nieve caía con más y más fuerza, y los modelos empezaron a asustarse. La visibilidad era nula y era imposible hacer fotos. Pero perder un día de trabajo era lo de menos. Cuando el conductor trató de dar la vuelta no vio que el coche estaba al borde del desfiladero y casi acaba todo el mundo en el fondo de un barranco.

Tal como Wolfe ha contado a Rapkin, tuvieron que salir uno a uno del Jeep para comprobar que estaba literalmente colgando del borde del precipicio. Por suerte lograron volver a la carretera y enfilar el camino al hotel. Se habían salvado, pero llevaban tres días en Chile, no paraba de nevar y apenas se habían hecho unas cuantas fotos.

El hotel Portillo en la actualidad. (skiportillo.com)
El hotel Portillo en la actualidad. (skiportillo.com)

Era evidente que para continuar con la producción había que esperar a que amainara la tormenta, pero siguió nevando y nevando, hasta que el hotel quedó por completo incomunicado. Los modelos no tenían nada que hacer, así que trataron de pasárselo bien, y en el mundo de la moda eso sólo significaba una cosa: drogarse.

La producción claramente se estaba yendo de las manos. Sólo Jerry Hall cobraba 1.000 dólares al día y nadie se cortaba con el servicio de habitaciones

Julie Christman conoció a unos esquiadores chilenos que “tenían un montón de cocaína”, pusieron dinero y todo el equipo comenzó a drogarse. Fue entonces, en pleno subidón, cuando se realizaron la mayor parte de las fotos del catálogo, tomadas en los alrededores del hotel y la discoteca del mismo. Cuando el hotel quedaba incomunicado –algo bastante habitual– el servicio trataba de entretener a la selecta clientela organizando conciertos o talleres, pero ésta es la única vez que pudieron mantener a todo el mundo contento gracias al improvisado desfile de moda al que se prestaron los modelos: mitad fiesta loca, mitad 'shooting' improvisado.

Tras el cuarto día de aislamiento, el hotel se convirtió en una gran discoteca, con un montón de ricos chilenos, brasileños y argentinos tratando de ligar con los modelos, algo que varios consiguieron. La producción claramente se estaba yendo de las manos. Sólo Jerry Hall cobraba 1.000 dólares al día y ninguno de los supermodelos se estaba cortando con el servicio de habitaciones. Wolfe tuvo que sentarles a todos para renegociar sus contratos, diciendo que les pagaría sólo la mitad de lo acordado por cada día extra atrapados en el hotel sin hacer nada. Aceptaron de buena gana: no está mal cobrar por estar de fiesta.

Incomunicación total

Según pasaban los días la tormenta no cesaba. La nieve alcanzó la segunda planta del hotel y algunas habitaciones tuvieron que ser abandonadas. La línea de teléfono se cortó. El servicio del hotel trató de mantener una situación de normalidad e, incluso, enseñaron a los huéspedes los almacenes repletos de comida para aguantar cómodamente durante semanas, pero la gente comenzó a impacientarse.

Había pasado una semana desde que el equipo había salido de Nueva York. Todo el mundo tenía familia y trabajos que atender y ni siquiera podían comunicarse con el exterior para confirmar que estaban bien. El catálogo, además, no estaba ni de lejos finalizado, pues gran parte de las fotos se habían tomado en interiores.

Mick Jagger y Jerry Hall en 1983. En la época de este suceso Hall seguía saliendo con Ferry pero ya veía a Jagger. (Gtres)
Mick Jagger y Jerry Hall en 1983. En la época de este suceso Hall seguía saliendo con Ferry pero ya veía a Jagger. (Gtres)

Al séptimo día salió el sol y, aunque seguía siendo imposible abandonar el hotel, Golberg aprovechó para hacer las fotos que faltaban, haciendo que los modelos salieran al exterior desde las ventanas de la segunda planta. Este día un grupo de soldados de la Escuela de Montaña del Ejército de Chile logró alcanzar el hotel, situado a menos de un kilómetro de su base. Wolfe trató de convencerles para que les ayudaran a salir de allí, pero aunque usó a las modelos para facilitar las negociaciones, no fue hasta que logró mover los hilos de la política chilena –a través de un familiar con contactos– cuando el Ejército accedió a sacar de allí al equipo, con la condición, eso sí, de que no se enteraran el resto de huéspedes del hotel.

A las cinco de la mañana un vehículo militar recogió al equipo –retirando a todos los ricos turistas que se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo y querían salir también de allí–, les llevó a la base y, desde allí, salieron de las montañas en dos helicópteros.

Pese a toda la aventura vivida a los modelos aún les quedaba ganas de fiesta. Pasaron una noche más en Santiago y, como quedaba un montón de cocaína, decidieron acabársela antes de volver a EEUU (y pasar por aduanas). En el vuelo de vuelta todo el mundo pasó por el baño para acabar con los restos. “Nadie se dio cuenta, pero todos nos bajamos del avión sangrando por la nariz”, ha reconocido Pat.

El catálogo fue todo un éxito.

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