TROLAS PIADOSAS (CON UNO MISMO)

5 grandes mentiras que puedes contar en el trabajo para ascender rápido

Existen determinadas medias verdades que resultan más o menos inocuas y que tus compañeros o superiores están dispuestos a aceptar de buen grado

Foto: Ni una mala acción ni una media verdad. (iStock)
Ni una mala acción ni una media verdad. (iStock)

En la noventera película 'Novio de Alquiler', Jennifer Aniston protagonizaba el papel de una joven que, con el objetivo de estabilizarse y crecer profesionalmente en la empresa de publicidad en la que trabajaba, decidió inventarse un novio ficticio. En un primer momento todo iba bien, hasta que se encontró con que su jefe pide conocer a su novio y decide acudir con una falsa pareja.

Al margen de la enrevesada trama, de la exageración propia de una comedia romántica y del previsible final, esta cinta nos muestra una conclusión muy obvia: como una pequeña mentira puede convertirse en una pesada bola de nieve que puede aplastarnos o, sorprendentemente, salirnos bien. Pero también nos muestra otra idea algo más oculta: la imperiosa necesidad de quedar bien ante nuestros superiores o en una entrevista de trabajo nos puede sacar nuestro lado más diplomático o, directamente, nuestra faceta más trolera.

Sí, tu anterior jefe era un cretino que se aprovechaba de tu trabajo, te trataba mal y te obligaba a hacer horas extras, pero eso no le importa a la empresa

Hasta cierto punto, son compresibles determinados adornos curriculares, puesto que ante una oportunidad de trabajo todos tratamos de vendernos como el candidato idóneo; solo hace falta ver la aparente perfección de los perfiles de los profesionales en LinkedIn. Pero todo cambia cuando nuestras principales armas se apoyan en mentiras, exageraciones o medias verdades, véase el caso del mediático Pequeño Nicolás.

Fuera de estos casos extremos, lo cierto es que existen determinadas medias verdades a las que todo candidato ha recurrido en alguna ocasión y, quizá, no tengan nada de malo, siempre y cuando se utilicen en el contexto idóneo y no se abusen de ellas. Desde ‘Men’s Health’ señalan algunas de las más comunes.

“Claro que puedo encargarme de ese proyecto”

Cuando nos enfrentamos ante un ascenso o la oportunidad de crecer profesionalmente, lo más posible es que sea gracias a la adjudicación de un proyecto más grande, complejo y que requiera una responsabilidad superior por nuestra parte. Ante esta nueva situación, uno puede sentirse abrumado por la novedad, pero es necesario transmitir serenidad, aunque tengamos que responder con esta pequeña trampa. Eso sí, acto seguido es necesario pedir más información, preguntar por las tareas a desempeñar, los objetivos, los recursos humanos y materiales que se van a necesitar, etc.

Cara falsa, afirmaciones falsas... No importa, quizás te contraten. (iStock)
Cara falsa, afirmaciones falsas... No importa, quizás te contraten. (iStock)

“Aprendí mucho con él”

Sí, tu anterior jefe era un cretino que se aprovechaba de tu trabajo, te trataba mal y te obligaba a hacer horas extras, pero eso no le importa ni a la empresa que te quiere contratar ni a tu nuevo jefe. Ninguna corporación contrataría a alguien que a las primeras de cambio critique duramente a sus anteriores superiores, porque dará la impresión de ser un quejica y un traidor. Ser negativo no aporta nada positivo a un candidato y puede tener consecuencias nefastas, así que es preferible ser moderado y cortés. Además esta frase no es del todo falsa, puesto que de lo malo también se aprende.

“No aceptaría una oferta por debajo de los 60.000 euros netos”

Evidentemente, en nuestras primeras incursiones laborales no estamos en condiciones de negociar nuestros emolumentos, pero con el paso del tiempo las perspectivas cambian. Uno de los objetivos profesionales que todo trabajador debe perseguir es el de crearse una marca personal y un perfil marcado que se diferencie del que tiene el resto de candidatos. Estas características nos ayudarán a vendernos mejor a las empresas y establecer unas condiciones laborales ventajosas; pero, para ello, es necesario que seamos exigentes en nuestras propias demandas. Por supuesto que estaremos dispuestos a ganar menos, pero la cantidad inicial debe ser alta para negociar unas mejores condiciones y demostrar a la empresa que no somos un trabajador cualquiera, que vamos a marcar la diferencia. Al final, en determinados niveles, uno vale lo que es capaz de conseguir y el sueldo es una de esas variables.

Cuando vienen mal dadas a una empresa, últimamente más de lo deseable, la labor de un capitán es ser el último en abandonar el barco

“Estoy encantado con mi trabajo”

Sí, estás hasta la coronilla de tu empleo, pero no debes decirlo ante una nueva oportunidad de mejora. Ningun contratante en su sano juicio reclutaría a un trabajador que pone a caer de un burro a su anterior empresa o equipo de trabajo, por mucha razón que pueda tener. Actuar de esta forma denota traición y deslealtad, dos comportamientos alejados de lo que busca cualquier empresa.

“Con su ayuda podremos cambiar la situación”

Cuando vienen mal dadas a una empresa, últimamente más de lo deseable, la labor de un capitán es la de ser último en abandonar el barco, pero también la de trabajar para que este no se hunda. Por estos motivos, aunque la situación sea peligrosa, la información no sea motivadora y existan serias dudas sobre la viabilidad económica, uno debe ser capaz de transmitir seguridad y confianza al resto del equipo para sacar el máximo rendimiento. Quizá de esta manera realmente se pueda voltear la situación.

Alma, Corazón, Vida

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