"¿Revivir ese infierno?" Así descubrí la maternidad de los horrores de Peña Grande
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"¿Revivir ese infierno?" Así descubrí la maternidad de los horrores de Peña Grande

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Imagen: Irene de Pablo | EC Diseño.

La primera vez que oí hablar de Peña Grande fue de casualidad. Era marzo de 2018 y estaba haciendo un reportaje con testimonios sobre cómo es ser madre con 15 años. Mientras buscaba posibles fuentes, di con una fundación leonesa que atiende este tipo de casos porque su presidenta, María García, también fue madre soltera en los años 70. Me pareció interesante comparar si las perspectivas y el apoyo que tiene una adolescente en esa situación habían cambiado mucho con el paso del tiempo, pero su testimonio reveló mucho más que la diferencia entre generaciones. Ella fue la primera que me contó cómo la ingresaron en el centro para "mujeres descarriadas" cuando su tripa empezó a delatarla en el colegio de monjas en el que estudiaba.

Cuando colgué y googleé el nombre del sitio no apareció prácticamente ninguna referencia. Me extrañó porque lo poco que me había contado María ya era tan escalofriante como para que hubiese quedado constancia de un centro de esas características: reclusas de clase baja que trabajaban como criadas de familias acomodadas, monjas que se convertían en tutoras de mujeres sin recursos, chicas a las que se vendía como si fuesen ganado, bebés robados…

Fue entonces cuando le comenté a Ángel Villarino, en esa época jefe de la sección de reportajes (y uno de los mejores periodistas de los que he tenido la suerte de aprender), que quería indagar sobre lo que pasó en ese centro que existió a poco más de dos kilómetros de mi casa y del que nunca había oído hablar. La única referencia de la que pude tirar fueron los libros de Consuelo García Cid, que pasó por otro centro de la misma institución. Con su ayuda, pude localizar más mujeres que pasaron por la antigua maternidad y reunirlas para visitar lo que quedaba de ella.

Peña Grande —oficialmente maternidad de Nuestra Señora de La Almudena— es ahora el instituto de educación secundaria Isaac Newton, cuya dirección está comprometida en no olvidar lo que pasó en otra época entre sus paredes. No pusieron ningún problema en que visitásemos el centro, y hasta nos acompañaron sala por sala explicándonos qué era cada sitio. Tampoco hubo problemas con la Comunidad de Madrid, que dio su aprobación para poder filmar y hacer fotografías el mismo día de la petición.

Después de esa visita hablé con varias madres más, quienes con sus experiencias y recuerdos ayudaron a recomponer el puzle de la historia

Visitamos el centro un jueves de mayo, justo después de que los estudiantes acabasen su jornada lectiva. Jamás olvidaré el soplido de angustia de Itziar al traspasar la puerta que accedía a la zona antigua del edificio. "¿Otra vez vamos a revivir aquel infierno?". Pocas veces he tenido tan claro cómo empezar un reportaje como en esa ocasión.

Junto a ella caminaba también María Ángeles, intentando reconocer las paredes donde la internó su cuñada con 19 años y el patio donde cree que enterraron a su bebé. El centro estuvo muy ligado a sor María y el doctor Vela, piezas fundamentales en el drama de los bebés robados, como quedó patente en los documentos que publicamos.

Fueron tres horas de visita al pasado de las que seguramente mis compañeros Pablo L. Learte y Carmen Castellón, que vistieron con sus increíbles fotografías y vídeos la historia, jamás olvidarán el intenso olor a excrementos de paloma que lo impregnaba todo. Estaba por todas partes, desde la monumental capilla, a los antiguos paritorios o los pasillos que en otra época las embarazadas tenían que fregar de rodillas.

Foto: Imagen: Irene de Pablo / El Confidencial Diseño.


Después de esa visita, hablé con varias madres más. Dolores, Ana, Isabel… mujeres que con sus experiencias y recuerdos ayudaron a recomponer el puzle de la historia de Peña Grande. Una de las cosas que más me sigue sorprendiendo de esta profesión es la generosidad de las personas dispuestas a abrirse en canal para que su historia llegue al público. La valentía para enfrentarse al interrogatorio de una persona que no conoces sin más recompensa que rescatar los momentos de tu vida que te gustaría borrar. Sin ellas ese reportaje habría sido imposible.

Sin embargo, Peña Grande era solo la punta del iceberg de una institución que durante todo el franquismo y parte de la democracia persiguió a las mujeres consideradas por el régimen "caídas o en riesgo de caer". Esto incluía a cualquier mujer que no se comportase según lo que la moral católica de la época consideraba adecuado, pero también chicas pobres o que 'sobraban' en familias desestructuradas. Mujeres como Marian y Raquel, que también fueron lo suficientemente valientes como para volver a al centro donde se clasificaba a las mujeres al llegar y que fue la segunda parte de aquel reportaje. De ese lugar, todavía en manos de las Trinitarias, se decidía si iban a Peña Grande (embarazadas) o a cualquiera de los centros de la red del Patronato que tenía en España y de la que aun a día de hoy no tenemos ni una idea remota de su alcance.

Desde entonces, Peña Grande y lo que rodeó a esa maternidad es un poco más conocido. Seis meses después de su publicación, el ayuntamiento de Madrid puso una placa en la puerta del instituto para recordar a las mujeres que pasaron por allí. También se han hecho obras de teatro y se han emitido programas monográficos en varias cadenas de televisión recuperando testimonios y documentos del Patronato.

De aquello han pasado ya tres años de los 20 que cumple ahora El Confidencial y, personalmente —si me permiten el minuto de ego del que tanto adolece esta profesión—, sigue siendo la historia que más me ha marcado al cubrirla. Quizá porque creo que en ella confluyen varias razones por las que muchos nos dedicamos a esto y por la que medios como este deben seguir apostando: sacar a luz lo que otros quieren a mantener a oscuras, dar voz a los que no la tienen, contribuir a una sociedad más justa.

Señor con maletín

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