la película destaca por su rigurosidad

¿Podría sobrevivir un astronauta perdido? Cinco fallos científicos de 'Marte'

La nueva película de Ridley Scott se basa en una novela plagada de tecnicismos y aplaudida por su rigurosidad científica. Aun así, las exigencias del guion siempre dejan algún cabo suelto
Foto: Matt Damon en un fotograma de 'Marte'
Matt Damon en un fotograma de 'Marte'
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Solo y abandonado en Marte, el astronauta Mark Watney deberá usar sus conocimientos de ingeniería y botánica para sobrevivir. Es la premisa inicial de Marte, la adaptación cinematográfica del best seller de ciencia ficción El Marciano. El libro original, plagado de tecnicismos, destaca por su rigurosidad científica, que ha sido trasladada a la gran pantalla minuciosamente. Aun así el guion siempre obliga a obviar ciertos aspectos de la realidad para que la historia sea más interesante.

Marte es una película realista y rigurosa con la que se puede aprender mucho sobre el día a día de la NASA y la problemática de los viajes por el espacio. Las inevitables inexactitudes, lejos de afear el conjunto, sirven también para entender un poco mejor las características del planeta rojo. Una excusa perfecta para pensar un poco sobre las consecuencias y retos de la conquista espacial.

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Tormenta imposible

El propio autor Andy Weir ha admitido que la tormenta de arena que da pie a la trama es completamente imposible, una licencia necesaria para dejar abandonado en Marte al protagonista. En el planeta rojo sí hay viento, pero de ninguna forma puede darse una tormenta de arena más propia de Mad Max.

Numerosos estudios confirman la presencia de agua bajo la superficie marciana, por lo que no sería necesario sintetizarla

“La densidad de la atmósfera marciana es muchísimo más baja que la de la Tierra”, explica a Teknautas el investigador del Instituto de Geociencias de la Univerisdad Complutense de Madrid y miembro del equipo de ciencia del Curiosity, Jesús Martínez Frías.

Según el experto, la atmósfera de Marte tiene una presión de entre 6 y 11 milibares, mientras que la de nuestro planeta alcanza los 1.000 milibares. “No puede haber esa densidad de polvo”, asegura. Esto no quiere decir que la arena no sea un problema: aunque no de forma tan rápida y destructiva sí que puede cubrir los paneles solares de vehículos como el Curiosity, algo que también sucede en la película y el libro.

Radiación mortal

La gruesa atmósfera terrestre nos protege de la radiación ultravioleta que emite el Sol y de los rayos cósmicos que provienen del espacio. Sin esta capa, el ADN de los organismos sufriría mutaciones que desembocarían en cánceres, convirtiendo nuestro planeta en incompatible con la vida. Marte, como comentamos, tiene una atmósfera mucho más fina, con el 1% de grosor de la terrestre. Y eso no es bueno para nuestras células.

Esta ausencia de protección provocaría que un ser humano que pasara demasiado tiempo en el planeta rojo sufriera los graves efectos de la radiación. El protagonista pasa más de un año en Marte, lo que plantea la duda de si podría soportar tanta exposición.

La atmósfera marciana es mucho más fina que la terrestre, por lo que no podría producirse una tormenta de arena de tanta magnitud

“Es un tema que requiere más investigación”, asegura Martínez. En El Marciano se soluciona este problema con un material ficticio que cubre los trajes espaciales y el habitáculo del campamento para evitar la contaminación. Lo que todavía no sabemos es cuánto tiempo podría vivir una persona en Marte antes de sufrir las consecuencias de la radiación.

Una de las investigaciones de Martínez demostró que 300 micras de polvo basáltico son un escudo suficiente para que no llegue radiación bajo la superficie. “Por eso es más lógico buscar vida marciana bajo la superficie”. Según el experto, podría incorporarse una capa protectora similar a trajes y habitáculos que actuara de protección.

Agua sin explosiones

Ante la acuciante falta de agua, Watney decide sintetizarla quemando combustible de cohete para combinar hidrógeno y oxígeno, una solución explosiva tan peligrosa como parece. La reacción química es correcta, pero el protagonista olvida algo importante: Marte está lleno de agua.

“Hay agua helada por debajo de la superficie en determinadas zonas de Marte”, comenta Martínez. El investigador recuerda que cuando la sonda Fénix visitó el polo norte del planeta, obtuvo hielo con facilidad al escarbar con su pala unos pocos centímetros. Esto quiere decir que si el astronauta de la película necesitara más agua, tan solo tendría que sacarla del exterior escarbando un poco. Mucho más seguro que jugar al Quiminova con productos explosivos.

La gravedad marciana

La gravedad en Marte es, aproximadamente, un tercio de la terrestre. Como sucedió durante el aterrizaje en la Luna, esto facilita que los astronautas puedan pasear con trajes de 70 kilos con facilidad.

En la película, Matt Damon mueve una cubierta de 400 kilogramos que, aunque en Marte equivalgan a 130, sigue siendo algo difícil de desplazar. Más cuando el astronauta, debilitado por la malnutrición, ya carga con un traje espacial. Si es plausible, por otra parte, que pueda arrastrar los paneles solares con sencillez.

Naves lujosas, vehículos sin comunicaciones

“Ya nos gustaría tener naves tan lujosas, con ese pedazo de gimnasio”, bromea el astronauta Pedro Duque en un artículo de Sinc. En la vida real, los vehículos utilizados para viajar por el espacio son ante todo funcionales y no se preocupan demasiado por el interiorismo.

La nave Hermes con la que Watney debería haber vuelto a casa presenta, además, un anillo rotatorio para simular la gravedad terrestre. Esto es un punto importante porque la ingravidez prolongada tiene efectos secundarios imporantes sobre los organismos, especialmente en los músculos, el sistema circulatorio y el cerebro. La tripulación, sin embargo, alarga considerablemente su viaje, algo que podría tener al final consecuencias para su salud.

Si las naves de Marte cuentan con todo tipo de lujos, los vehículos de superficie parecen de gama baja. En un momento dado, el protagonista debe piratear uno de los rovers para poder hablar con la Tierra... cuando lo cierto es que hasta el más sencillo de estos aparatos cuenta con una forma de enviar información de vuelta. Lo fácil, en el cine, no tiene emoción.

Al final, Marte es una carta de amor a la ciencia y el espacio. Por muy fiel a la realidad que sea es importante que la historia sea rigurosa pero no rígida. La mejor ciencia ficción nunca pretende ser un estudio científico, pero sí hacernos reflexionar sobre los cambios que esperan a la Humanidad. Y la colonización de otros planetas es uno de estos futuros posibles.

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