tiene 54 años y vive en sevilla desde hace 10

"Si la empresa me obliga a quitarme el velo, dejo mi trabajo"

La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitida este lunes avala que las empresas prohíban a sus empleadas lucir el velo islámico en el trabajo

Foto: Mbarka Khettab, la musulmana que vive en Sevilla con quien se ha puesto en contacto El Confidencial.
Mbarka Khettab, la musulmana que vive en Sevilla con quien se ha puesto en contacto El Confidencial.

Mbarka Khettab decidió en 2007, con 44 años, mudarse de Casablanca a Sevilla, provincia en la que sigue viviendo a día de hoy. Según explica, vino a España después de que le ofrecieran cuidar de enfermos y ancianos en Andalucía, trabajo que lleva desempeñando desde hace 10 años, ocho de ellos contratada en una empresa. Pese a encontrarse ahora al otro lado del Estrecho, Khettab ha seguido profesando el islam en todo este tiempo, ya que, como ella misma dice, es "musulmana de nacimiento". Dadas sus creencias, la marroquí acude a trabajar con velo, vestimenta que "nunca ha hecho que sufriera discriminación alguna".

"Solo una vez una persona muy mayor me dijo que no quería 'moras' en su casa. Ese es el único caso que he sufrido. Nunca he sentido rechazo de las personas por mi religión", asegura Khettab. "Al contrario, ellos siempre me dicen que no les importa, que lo que les importa es mi trabajo y cómo les trato, pero no el hecho de que me ponga o me quite el velo", añade. Según afirma, las paisanas de su empresa tampoco habrían sufrido experiencias racistas en España, y el único comentario que le viene a la cabeza en este sentido es una pregunta que tienden a plantearle en verano: "La gente en la calle me dice si tengo calor. Pero es normal, porque no pueden entender que ya estamos acostumbradas".

Pese a sus buenas palabras sobre España, el tono de Khettab cambia cuando se le pregunta sobre la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitida este lunes, que avala que las empresas privadas prohíban a sus empleados lucir el velo islámico en el lugar de trabajo. "Qué te voy a decir. Si aquí en Europa hay libertad, el hecho de ponerse o no ponerse el pañuelo también es una cuestión de libertad. Yo no sé qué diferencia hay cuando me lo quito; sigo siendo la misma", argumenta Khettab. "Más allá de que sea una obligación religiosa, yo lo considero un vestido también, igual que un pantalón o unos calcetines. Mi pelo es mi pelo, y lo tapo o lo destapo, esa es mi libertad mientras no haga daño a nadie", añade.

La máxima instancia judicial comunitaria ha tomado esta decisión tras analizar el caso de una empresa belga que despidió a una recepcionista después de que esta se negase a quitarse el velo islámico, pero Khettab no duda en señalar que ella hubiese actuado de la misma manera: "Si me obligasen a quitarme el velo, dejaría mi trabajo". Aunque la corte precisa en su sentencia que prohibir el velo a sus empleados solo estaría permitido cuando la normas internas de indumentaria afectasen a cualquier símbolo religioso, filosófico o político, y no solo a las personas de una confesión en particular, Mbarka critica que las autoridades europeas solo aborden las prendas de las musulmanas: "La gente insiste mucho con el tema del velo, pero para ellos no debería ser más que un trozo de tela puesto en la cabeza. Es para nosotras para las que el velo es muy importante. Este es un tema entre una persona y su Dios".

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