disputa por la presidencia

Las reglas secretas que rigen el Eurogrupo refuerzan a Dijsselbloem y alejan a Guindos

Las "evanescentes" normas que irritan al ministro Luis de Guindos dejan mucho margen para interpretar quién debe optar a la presidencia del Eurogrupo

Foto: Jeroen Dijsselbloem y Luis de Guindos. (EFE)
Jeroen Dijsselbloem y Luis de Guindos. (EFE)

El poderoso Eurogrupo ha decidido la suerte de bancos chipriotas, rescatado países al borde de la bancarrota y señalado la salida del euro a Grecia con unas normas de funcionamiento que caben en nueve páginas. Unas reglas ambiguas, resbaladizas, que se mantienen en secreto y a cuyo contenido ha tenido acceso El Confidencial en exclusiva. Con sorprendente falta de precisión, regulan a grandes rasgos el funcionamiento de uno de los foros más influyentes de la Unión Europea. Y, cómo no, el modo en que se elige a su presidente.

El secretismo de su normativa ha ayudado a crear confusión, hasta el punto de que el entendimiento general era que el holandés Jeroen Dijsselbloem tendría que abandonar su puesto de presidente si —como todo parece apuntar— pierde su ministerio en el Gobierno holandés. En realidad, no está claro que sea así. Las reglas tan solo dicen que el “candidato a presidente debe ser un ministro”. Además, el aspirante también tiene que haber adquirido “alguna experiencia y familiaridad con los métodos del Eurogrupo y gozar de un reconocimiento general por su conocimiento de los asuntos” de la eurozona. Y se debe asegurar que es elegido “sin importar su nacionalidad, y dando un trato igual a los candidatos de todos los países”.

Las reglas secretas que rigen el Eurogrupo refuerzan a Dijsselbloem y alejan a Guindos

Nada más. Las normas no dicen nada sobre aquellos que ya ocupan el cargo. Por ejemplo, no aclaran si aquel que ya preside el foro está obligado también a mantener su silla en un Gobierno nacional. Lo que abre vía libre a que Dijsselbloem permanezca en el cargo hasta el final de su mandato, que concluye en enero, incluso si deja de ser ministro en funciones antes. Y deja sin argumentos legales a aquellos que preferirían acelerar la despedida del holandés. Aunque, a juzgar por la polémica que rodea a Dijsselbloem estos días, su salida al final puede verse forzada por causas de política mayor.

“Unas normas un poquito evanescentes”. Con este sarcasmo, el ministro español de Economía, Luis de Guindos, se refiere a las pautas que regulan un foro en el que él “en principio" no es candidato de nada. No le falta razón, pues el documento es impreciso y confuso. Por ejemplo, pone condiciones a aquellos que quieren aspirar a ocupar la presidencia del Eurogrupo, pero no dice una palabra sobre qué requisitos deben cumplirse para mantenerse en la silla. Tampoco prevé mecanismos con los que se pueda despachar al presidente o exigir su dimisión.

Presión sobre Dijsselbloem

Paradójicamente, los mayores quebradores de cabeza de Dijsselbloem no han sido causados por el descalabro electoral de su partido en las elecciones holandesas —el PvdA pasó de 38 a nueve asientos— que le ha puesto con un pie fuera del Gobierno. El daño ha sido autoinfligido, con unas declaraciones que han puesto en pie de guerra a buena parte de los países del sur de Europa: “Uno no puede gastarse todo el dinero en copas y mujeres y pedir luego que se le ayude”. El tono machista y xenófobo de sus palabras, que ahondan en la herida abierta por la crisis entre deudores y rescatados, y la negativa de Dijsselbloem a disculparse han encendido los ánimos. En los últimos días, cuando no recibe reproches, escucha las voces de los que piden su dimisión.

Los defensores de cierto grado de opacidad argumentan que la discusión política sensible debe mantenerse lejos de la arena pública

“¿Por qué está usted tan dispuesto a acabar su mandato como presidente del Eurogrupo?”. La pregunta se la dirigía el pasado lunes el corresponsal europeo del diario 'De Volkskrant', Marc Peeperkorn, a Dijsselbloem tras su primer Eurogrupo en funciones. El aludido dejó claro que considera que su tiempo al frente de la eurozona no se ha acabado. Y dejó entrever su plan: seguir tanto tiempo como sea posible, apurar su mandato hasta enero y, entre tanto, iniciar una ronda de contactos con sus colegas para tantear qué piensan sobre su continuidad.

Dijsselbloem sugirió que la situación actual, junto con el informe que presentará la Comisión Europea en mayo sobre el futuro de la eurozona, podría volver a poner sobre la mesa la creación de una presidencia permanente del Eurogrupo. Un puesto que podría desvincularse del hecho de ser ministro o no, lo que abre una rendija a Dijsselbloem para seguir al frente del foro. Sin embargo, su último patinazo podría enseñarle la puerta de salida antes de lo previsto si los países del sur le retiran su confianza y presionan a favor de otro candidato.

El Eurogrupo, el foro más opaco

La informalidad del Eurogrupo es inusual dentro de la Unión Europea, pero no casual: sin actas, sin la exigencia de publicar conclusiones y con unas normas ambiguas, los ministros tienen margen para discutir y tomar decisiones lejos del foco público. Es decir, cuentan con una “confidencialidad para las discusiones políticas en profundidad”, según argumenta el propio documento. Así, los ministros han lidiado con las crisis que han mantenido en vilo a Europa, como la posible expulsión de Grecia del euro, y han tomado decisiones inexplicables, como aplicar una quita a los ahorradores con menos de 100.000 euros en los bancos chipriotas, pese a que estos son intocables según la legislación europea.

Los defensores de mantener un cierto grado de opacidad argumentan que las discusiones políticas de gran sensibilidad, como aquellas que pueden mover mercados, tienen que mantenerse lejos de la arena pública. Se trata, como a menudo explica el principal portavoz de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, de “no negociar a través de los medios de comunicación”. El problema llega cuando las decisiones se toman a puerta cerrada en una Unión Europea que cumple su 60 aniversario en plena crisis de legitimidad e identidad. Estos formatos blindados, en los que no se puede exigir responsabilidades a los responsables, alimentan la percepción de que Bruselas y lo que sucede en Bruselas es un entramado ademocrático, alejado de los ciudadanos, burocrático y, además, ineficaz.

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