UNOS LES ACOGEN en casa, OTROS QUEMAN CENTROS

La avalancha de refugiados saca lo mejor y lo peor de Alemania

Algunos abren la puerta de sus casas a los inmigrantes y otros queman centros de refugiados. Berlín da carta blanca a los sirios mientras dificulta la residencia a los procedentes de los Balcanes

Foto: El refugiado afgano Ali Reza (c) se sienta frente a la Puerta de Brandenburgo, en Berlín, durante una huelga de hambre para evitar ser deportado. (Reuters)
El refugiado afgano Ali Reza (c) se sienta frente a la Puerta de Brandenburgo, en Berlín, durante una huelga de hambre para evitar ser deportado. (Reuters)

Aún escocía la conciencia pública alemana cuando llegó de improviso aquel tuit burocrático, farragoso y anodino. Apenas 48 horas después de las violentas protestas de grupos neonazis contra un centro de refugiados en la pequeña localidad de Heidenau, la Oficina Federal para las Migraciones y los Refugiados (BAMF) de Alemania aseguraba este martes en su perfil de Twitter: "A partir de ahora no vamos a hacer cumplir en la práctica el Procedimiento de Dublín para los nacionales sirios".

Así, sin llegar a emplear los 140 caracteres a su disposición, Berlín hacía un anuncio de dimensiones inenarrables para decenas de miles de refugiados sirios. Alemania renunciaba a su derecho legal a reenviar de vuelta a estos nacionales a los países por los que habían accedido a la Unión Europea y, en la práctica, se comprometía a darles asilo político y permiso de residencia.

Las redes sociales asistieron a continuación a una riada de loas hacia Merkel desde cuentas anónimas de sirios. Algunos adaptaban en Twitter eslóganes empleados para alabar al presidente Bachar al Asad para agradecer a la canciller su decisión. Otros comparaban a la alemana con el rey cristiano Negus, que protegió a los musulmanes durante las cruzadas. Otro en Facebook escribió: "Contaremos a nuestros hijos que los emigrantes sirios huyeron de su país para venir a Europa cuando la Meca y los países musulmanes estaban cerrados para ellos".

800.000 refugiados, el 1% de la población

800.000 personas. Este es el número de refugiados que espera recibir Alemania este año. Una cifra récord que pulveriza los mayores registros hasta la fecha, cosechados en los años 90, durante las guerras en los Balcanes, y que cuadruplica el número registrado el año pasado, que ya se consideró un hito. Equivale al 1% de su población. En tan sólo un año. La avalancha es extraordinaria. Disruptiva. Y está evidenciando de lo que es capaz este país, el mayor por población y poderío económico del Viejo Continente.

Alemania es El Destino con mayúsculas de la gran mayoría de los cientos de miles de personas que están tratando de acceder a la Unión Europea desde Siria, Irak y los Balcanes, pero también de Libia, Eritrea y Afganistán. Por un lado, por la capacidad económica del país, avanzando a una buena velocidad de crucero y creando a ritmo constante empleo. Por otro está la Constitución, escrita con los horrores del régimen nazi y la II Guerra Mundial en mente, que subraya que la dignidad humana es intocable y cuenta con uno de los regímenes de concesión de asilo más claros y generosos.

El ministro de Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, instó a la acción a Europa ante las proporciones de la crisis de los refugiados. "Es un desafío que golpea el corazón de nuestros valores europeos, los valores de la humanidad y solidaridad. La gente huyendo de conflictos violentos necesita nuestra protección. Se la debemos dar. Es nuestra obligación humanitaria", aseguró el político socialdemócrata.

Una persona recién llegada a Alemania, tras solicitar asilo en la Oficina de Asuntos Sociales de Berlín (Reuters).
Una persona recién llegada a Alemania, tras solicitar asilo en la Oficina de Asuntos Sociales de Berlín (Reuters).

Albergues y hogares privados

Así, el primer movimiento cuando empezó a crecer el flujo de peticionarios de asilo fue abrir más albergues de acogida. Según la ley, los municipios y los estados federados deben encargarse de proveer de lo básico a los refugiados mientras se tramita su petición, que puede prolongarse varios meses. Tres oficialmente, en la práctica, hasta más de siete.

Y siguen en esta dirección. Una vez desbordados los centros de acogida tradicionales, se han empezado a habilitar otro tipo de locales, de antiguos centros comerciales en desuso a cuarteles del ejército sin empleo actual y colegios abandonados. Centenares de casas de propiedad pública se han remozado de urgencia para acoger inmigrantes. Múnich ha abierto su estadio olímpico a los refugiados y Berlín está ahora estudiando acondicionar las enormes instalaciones del antiguo aeropuerto de Tempelhof, en el centro de la capital, para dar cabida a miles de personas de forma temporal.

Mientras tanto, empezaron a proliferar decenas de iniciativas privadas que, como "Flüchtlinge willkommen" ("Refugiados bienvenidos"), trataban de paliar las carencias de la atención pública, que en algunos momentos fueron más que evidentes.

Un caso que copó titulares fue el del parlamentario Martin Patzelt, de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Angela Merkel, que ha acogido en su propia casa a dos refugiados, de 19 y 24 años, procedentes de Eritrea. A su juicio era preciso dar un "alojamiento digno e individual" a los inmigrantes, en lugar de los "dormitorios masivos" que ofrecían las autoridades regionales.

Donar juguetes y dar clases de alemán

Otros ciudadanos anónimos se han organizado para donar ropa, juguetes, electrodomésticos, muebles y utensilios de cocina a los refugiados. Un ejemplo de esto es el almacén puesto en marcha de forma totalmente voluntaria por los vecinos de Mühlheim y en el que los inmigrantes acogidos en esta localidad pueden solicitar lo que precisen. Y otros que han optado por acercarse a los centros de acogida y ofrecerse a dar clases de alemán a sus inquilinos, un elemento clave para la integración. En el centro de primera acogida de Gatow, en Berlín, dos profesoras de lengua ya jubiladas que residen en los alrededores han vuelto a retomar los libros para echar una mano.

Proveer de alojamiento, comida y básicos a un refugiado le cuesta a Berlín 2.000 euros al mes

El Gobierno central, aunque con algo de retraso según los críticos, se ha unido también al esfuerzo. En junio, ante los problemas financieros que acuciaban ya a algunas administraciones, decidió doblar, de 500 a 1.000 millones de euros, la ayuda extraordinaria para atender a refugiados que tenía prevista en sus presupuestos para los municipios y estados federados.

Ahora se especula con que esta cantidad vuelva a elevarse notablemente en la cumbre nacional sobre refugiados que se va a celebrar en septiembre. El vicecanciller y ministro de Economía, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, aseguró la semana pasada que mejor serían 3.000 millones que 2.000 para descargar a las administraciones locales. Según varios cálculos, proveer de alojamiento, comida y básicos a un refugiado le cuesta a Alemania unos 2.000 euros al mes.

Una mujer que acaba de llegar a Alemania espera para tramitar su solicitud de asilo en Berlín (Reuters).
Una mujer que acaba de llegar a Alemania espera para tramitar su solicitud de asilo en Berlín (Reuters).

Los inmigrantes económicos, sin posibilidades

Además, el Ejecutivo alemán, tras el anuncio sobre los nacionales sirios, ha destinado esta semana un millón de euros a ayuda inmediata para las miles de personas que están cruzando los Balcanes -principalmente, a través de Macedonia y Serbia- para acceder de forma desesperada a Europa.

No obstante, para el Gobierno alemán hay una diferencia fundamental entre unos refugiados y otros. Mientras los políticos, los que huyen de la guerra, como los sirios, son bienvenidos y tienen derecho a obtener asilo y el permiso de residencia; los inmigrantes de carácter económico apenas tienen posibilidades en la locomotora europea. De hecho, las tasas de admisión para los ciudadanos de algunos países balcánicos es inferior al 1%, según datos del propio Ejecutivo.

Además, Berlín está estudiando revisar la categoría de los países del Este de Europa, para que alguhos sean considerados "estados seguros" y no puedan aducir persecución política y, por tanto, solicitar asilo. Por lo pronto, ha puesto en marcha unas campañas en estos países para disuadir a los potenciales emigrantes.

La "Alemania oscura"

"Aquí había un gran consenso social en la cuestión de los refugiados", explica en una entrevista a El Confidencial Bernd Mesovic, subdirector ejecutivo de Pro Asyl, una ONG dedicada a ayudas a los peticionarios de asilo. "Nuestra impresión es que hay muchos más voluntarios que en silencio están dispuestos a acoger refugiados en sus casas que los que salen a manifestarse con esa basura de Pegida", agrega.

Simpatizantes del movimiento Pegida durante un discurso de Wilders en Dresden (Reuters).
Simpatizantes del movimiento Pegida durante un discurso de Wilders en Dresden (Reuters).

Sin embargo, conforme han ido revisándose al alza las cifras de refugiados que llegaban a Alemania, las manifestaciones de odio y xenofobia se han hecho más evidentes. Si en enero fueron marchas de hasta 25.000 personas contra la islamización de Occidente, ahora se están multiplicando los ataques incendiarios contra centros de acogida de refugiados. Y van decenas. El último, en Nauen, junto a Berlín, en la madrugada del pasado lunes. El presidente del país, el expastor luterano Joachim Gauck, habló esta semana de la "Alemania oscura".

El máximo exponente de esta renovada oleada de odio xenófobo en Alemania tuvo lugar hace ya unos meses, el pasado 4 de abril en Tröglitz, un pueblo de menos de 3.000 habitantes en el este del país. Ese día amaneció calcinado un edificio recién remozado y listo para acoger, en tres semanas, a una primera tanda de 40 refugiados. El alcalde de la localidad, el independiente Markus Nierth, había dimitido unas semanas antes, asustado por las marchas neonazis convocadas frente a su domicilio familiar. La causa de las protestas: su intención de abrir un albergue para peticionarios de asilo.

En total, el Ministerio del Interior tiene contabilizadas unas 200 acciones contra albergues de refugiados en los seis primeros meses de este año. Esta cifra incluye desde el reparto de propaganda xenófoba contra la puesta en marcha de estos albergues a los ataques incendiarios. El ministro de Interior, el cristianodemócrata Thomas de Maizière, ya advirtió hace unas semanas del repunte "más que alarmante" de estos ataques.

Esto se enmarca dentro de la tendencia general de la extrema derecha, según las cifras de Interior. Alemania registró el año pasado 990 actos violentos de motivación ultraderechista, un 24% más que en 2013. Entre estos últimos actos de violencia racista copó titulares esta semana la infame agresión de dos alemanes a una madre extranjera con dos menores en un tren de cercanías de Berlín. Los agresores, borrachos, insultaron a gritos a la familia y luego uno de ellos orinó encima de los menores.

La canciller alemana tuvo que enfrentarse en persona esta semana a la siniestra realidad de la "Alemania oscura". En una visita simbólica al centro de refugiados de Heidenau, que había sido objeto de fuertes protestas xenófobas, más de cien vecinos de la localidad la recibieron con abucheos y silbidos. "¡Preocúpate primero de tu propia gente!", le espetó uno de los manifestantes cuando entraba en el recinto. Merkel, sin embargo, habló de "tolerancia cero" contra la violencia xenófoba y tildó de "repugnantes" las protestas y de "vergonzoso" que algunas familias con menores hubiesen acompañado las protestas.

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