LA AEB SE SALE CON LA SUYA

Guindos lamina a la CNMV y deja a la banca vender productos complejos a particulares

La gran banca tendrá restricciones para vender productos complejos a particulares, pero muchas menos que las que pretendía la CNMV, cuyo objetivo no era otro que prohibir su comercialización

Foto: Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad. (EFE)
Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad. (EFE)

Como dicen los jugadores de mus: "por una, todas malas". El Ministerio de Economía ha respetado en términos generales el proyecto de circular elaborada por la CNMV a finales del pasado año con el propósito de meter en cintura la comercialización de productos financieros complejos entre particulares. Con una excepción, eso sí, que contraviene el objetivo esencial del organismo regulador y que, a fin de cuentas, permite a la banca española seguir vendiendo al gran público participaciones preferentes y otros ‘artículos’ por el estilo.  

La orden ministerial que regula las obligaciones de información y clasificación de productos financieros fue difundida por el departamento que dirige Luis de Guindos al día siguiente de que la presidenta de la CNMV, Elvira Rodríguez, lanzara la pasada semana una alerta en el Congreso de los Diputados lamentando el retraso de la propuesta que su entidad había redactado hace ya nueve meses. La circular sobre productos financieros se estaba convirtiendo en algo así como el parto de los montes, y el Gobierno no ha tenido más remedio que forzar el feliz alumbramiento.

En la trastienda del tira y afloja entre el Ministerio de Economía y la Comisión de Valores subyace una batalla soterrada de intereses encontrados en la que también figura por derecho propio y en calidad de antagonista excepcional la patronal bancaria AEB. El lobby que defiende los intereses de las grandes entidades de crédito no veía con buenos ojos las intenciones del organismo regulador por evitar a toda costa la comercialización de los más sofisticados activos financieros en el mercado retail.

Elvira Rodríguez, presidenta de la CNMV (i). (EFE)
Elvira Rodríguez, presidenta de la CNMV (i). (EFE)

La CNMV había dispuesto un esquema de semáforos con cinco niveles de riesgo para facilitar al inversor la identificación de los peligros inherentes a cada tipo de producto bancario. Pero, con independencia de las distintas luces de alarma, la pretensión última del organismo regulador no  era otra que prohibir en la práctica la comercialización de esos nuevos y sofisticados instrumentos financieros que en poder de los particulares pueden llegar a convertirse en verdaderas ‘armas de destrucción masiva’ para la confianza de los mercados y de los propios organismos de control financiero.

Más semáforos pero menos advertencias

El Ministerio de Economía trata ahora de ganar por la mano al organismo supervisor con una normativa que eleva a ocho las categorías de riesgo y para mayor tranquilidad de los inversores incluye entre sus advertencias a los depósitos bancarios, los planes de ahorro y de previsión, así como también los fondos de pensiones. Dicho de otro modo, el Gobierno extiende el radar de vigilancia sobre productos que están fuera del marco de actuación de la CNMV. La orden ministerial se supone en este sentido más restrictiva si cabe que la circular en la que está inspirada.

La gran diferencia entre una y otra disposición reside, sin embargo, en el tratamiento que se concede a la comercialización de esos productos complejos, entre los que se incluyen las célebres participaciones preferentes, los contingentes convertibles (CoCos), y los bonos estructurados, además de los swaps, derivados y demás ‘mejunjes’ financieros. La regulación en ciernes es mucho más laxa que la propuesta por la CNMV y, de hecho, la orden ministerial lamina el texto de la circular original que incluía una serie de leyendas de obligado cumplimiento en la promoción de ventas de dichos instrumentos.

La CNMV quería prohibir la venta de instrumentos financieros que pudiesen llegar a ser ‘armas de destrucción masiva’ en manos de particulares

La Comisión de Valores imponía dos avisos a navegantes consecutivos junto al indicador de riesgo que los bancos tendrían que mostrar claramente a sus potenciales clientes. En el primero se hacía alusión de un “instrumento financiero que no es sencillo y puede ser difícil de comprender”. La orden ministerial de Economía mantiene este texto narrativo, pero renuncia al segundo que, en realidad, era determinante para impedir en la práctica la venta del producto y que decía literalmente: “Instrumento especialmente complejo, cuya adquisición por inversores no profesionales no se considera adecuada”.

La CNMV trataba así de curarse en salud en una clara maniobra de prevención que limitaba la operativa tradicional de las entidades de crédito. La AEB había mostrado sus quejas ante una circular que podía incluso superar los reglamentos comunitarios que fijan los denominados productos empaquetados para minoristas. La intervención del Ministerio de Economía supone en este sentido un cierto alivio para la gran banca aunque la orden ministerial está todavía cociéndose en el horno y Elvira Rodríguez no es de las que se da fácilmente por vencida.

 

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