La tendencia marca una dirección preocupante. En el año 2007, El Corte Inglés tuvo unos beneficios récord de 747 millones de euros, con una facturación de casi 18.000 millones. Fue el último año de los tiempos de bonanza económica. Con la llegada de la crisis, el imperio dirigido por Isidoro Álvarez comenzó un lento pero continuado declive en sus resultados por el impacto de la caída del consumo, la pujanza de nuevos competidores y la inercia expansiva de su estrategia (contracíclica), concebida en los ejercicios anteriores. Y cinco años después, el problema parece estar vigente, pues el gigante de la distribución gana ‘sólo’ 171 millones (-80%) pese a mantener una facturación de 14.500 millones (-20%).

Desde hace un par de años, el cuestionamiento del modelo empresarial de El Corte Inglés ya no es un tabú. Parte de la culpa tiene que ver con el vertiginoso crecimiento de Mercadona, que durante este periodo de crisis ha conseguido ganar (500 millones) y vender más (19.000 millones) despachando ‘sólo’ productos básicos de marca blanca. La compañía fundada por Juan Roig ha sabido beneficiarse del cambio de tendencia en el consumo doméstico, acompasando su expansión geográfica al éxito de su estrategia comercial, un camino opuesto al seguido por la enseña de los grandes almacenes, que continuó ampliando su superficie de ventas, inaugurando centros y nuevos espacios, pese a ir vendiendo menos.

La situación de El Corte Inglés es “grave”, como reconocen desde dentro de la compañía preservando el anonimato. “A medida que pasaba el tiempo y se tardaba en tomar decisiones, los problemas se han agravado”. Atajar la hemorragia del gigante es una tarea compleja, pero más aún si existen resistencias internas (cultura empresarial) contrarias a cambios drásticos. Isidoro Álvarez ha preferido hacerlo a su manera, más paternalista y conservadora, pero ni mejor ni peor, desoyendo voces internas y externas que recomiendan cerrar centros deficitarios, vender activos no estratégicos (Seguros, Financiera, Informática…), liberar recursos inmovilizados (inmobiliario) y reducir plantilla (96.000 empleados).

Hasta el momento, el líder de la distribución se ha valido de su condición de empresa privada, característica reforzada por el componente familiar en su estructura accionarial, para permitirse ciertas peculiaridades contrarias a la lógica del mercado. Básicamente porque, más allá de la responsabilidad que asume por su dimensión y relevancia económica y social, Isidoro Álvarez y el resto del consejo de administración rinden cuentas ante sí mismos. Sin embargo, el acelerado deterioro de su operativa empresarial ha obligado a la compañía a tener que refinanciar su estructura de deuda (5.000 millones) con las entidades financieras, con las que mantenía relaciones bilaterales. Todo un síntoma de que existe un problema.

Acostumbrados a lo contrario durante su exitosa trayectoria, el actual ejercicio de confesión ante los acreedores generó un debate interno dentro de la organización. Algún alto cargo de la cúpula reflexionó sobre la oportunidad de aprovechar el nuevo marco financiero para realizar un ajuste drástico, saneando al máximo la cuenta de resultados (provisiones, valor del stock, deterioro de activos…), incluso si esta decisión obligaba a reconocer pérdidas, ya que “se daban todas las circunstancias”. No en vano, una maniobra contable ya permitió salvar las cuentas de 2011 al cargar contra reservas y no contra resultados provisiones por valor de 722 millones, como reflejó la auditora Deloitte en una salvedad.

Al final, como quedó de manifiesto el domingo, El Corte Inglés ha preferido seguir haciendo las cosas a su manera. El sacrificio es elevado, pues vende casi lo mismo para ganar mucho menos (deterioro de márgenes), pero confía en resistir hasta que se recupere el consumo. Por el camino, además, ha corregido algunas ineficiencias (central de compras), ha reorientado unidades de negocio (Opencor-Supercor), ha triunfado en algunos formatos (Sfera), ha economizado su gama de productos propios (Veckia, Aliada…) y, sobre todo, ha conseguido detener su expansión geográfica. Cinco años después de que todo empezara, Isidoro Álvarez no habrá tenido que inaugurar ningún gran espacio durante este 2013.

En la sede de Hermosilla, la cúpula se quiere convencer de que nunca es demasiado tarde para cambiar a tiempo. Sin embargo, el principal mensaje a nivel estratégico que se ha trasladado tras la cita de la junta general de accionistas ha sido el nombramiento de Dimas Gimeno como consejero director general, es decir, como nuevo número dos de El Corte Inglés y, por tanto, aspirante a suceder como presidente a su tío Isidoro Álvarez. Así ocurrió antes con el resto de antecesores. Y en esta ocasión, aunque la elevada media de edad de la cúpula puede resultar poco convencional, la designación del joven de 39 años más que despejar una incertidumbre representa una incógnita. Es el precio de ir contracorriente.