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La tierra contra el arte: así han arrasado los últimos terremotos el patrimonio de Italia

    

Más de 700 años de arte reducidos a escombros. De la basílica de San Benedetto de Norcia, joya arquitectónica -en parte gótica, en parte barroca-, ya sólo queda la fachada. Un templo que, según la leyenda, fue construido justo encima de la cuna del santo y su hermana Escolástica, que irónicamente lucharon para preservar la cultura clásica de las invasiones bárbaras, una misión que acabó convirtiendo al santo en patrono de Europa. Hoy, los bomberos y las autoridades han despejado la plaza que comparte la basílica con el edificio del Ayuntamiento a la espera de que algunas construcciones que no se han desplomado aún pero que han sufrido daños en los cimientos puedan caer en las próximas horas.

Y es que Norcia, un pequeño municipio de la región de Umbría, al pie de los Apeninos, ha sido el que más daños ha sufrido tras el seísmo de magnitud 6,5 que sacudió el centro de Italia el pasado sábado, el más potente ocurrido en Italia desde 1980, según el Instituto Nacional de Geología y Vulcanología del país. El último tras los del pasado 26 de octubre y el del 24 de agosto, que causó la muerte a 297 personas.

Una cadena de terremotos que han puesto en riesgo, además de vidas humanas, numerosos edificios e iglesias de importancia histórica y artística en el país transalpino, sobre todo en las regiones de Macerata, Umbría, Lazio y una pequeña parte de Abruzzo. Una ola de destrucción que ha llegado incluso a Roma, donde expertos están valorando los posibles daños de San Ivo de la Sapienza, construida por Francesco Borromini.

No muy lejos de San Benedetto, en la iglesia de Santa Maria delle Grazie -del siglo XVI y restaurada recientemente-, el techo de la nave central se ha hundido dejando al desnudo su artesonado derruido. La mitad de la fachada ha perdido las losas de mármol que la cubrían y el frontón ha cedido por completo y permanece hecho pedazos a los pies del templo. También la cruz de metal que lo coronaba puede verse retorcida entre escombros; tan sólo se han salvado su modesto rosetón y la austera arcada barroca que enmarca la puerta del templo. "Santa Maria se ha derrumbado en sus tres cuartas partes", lamenta monseñor Renato Boccardo, arzobispo de Spoleto-Norcia. "La iglesia de Nuestra Señora de los Dolores, que era un santuario muy querido por la gente, ha quedado completamente destruido, al igual que la iglesia de Santa Rita".

Y así, los diferentes municipios afectados del centro de Italia van llorando y recontando las pérdidas históricas y arquitectónicas que ha dejado la tierra temblorosa. En una de las pedanías de Norcia, en Campi, la iglesia de San Salvatore ha quedado prácticamente destruida y la gente del pueblo, al ser preguntada por su ubicación, responde que "ya no existe". Este templo, datado en el año 1100, estaba siendo reconstruido tras el terremoto del pasado 24 de agosto. Pero ya no queda nada por reconstruir, la nave central y el techo del templo se han desplomado y sólo permanecen en pie las fachadas de las naves laterales de esta iglesia medieval. Boccardo ha calificado el derrumbe de "grave herida en el patrimonio de arte y de fe" del municipio.

Y también la basílica de Santa Maria Argentea, colapsada casi en dos tercios, y con daños desde los órganos del siglo XVIII hasta el crucifijo de madera de Giovanni Tedesco y otras estatuas de madera. Y en San Agustín de Amatrice. Y en la región de Macerata, donde el Castillo Raimondo, sede del Ayuntamiento, también ha sufrido desperfectos, al igual que la Iglesia de San Blas. A unos 200 kilómetros al oeste, la catedral de Orvieto, una de las obras maestras gótico italiano, se ha cerrado al público para determinar el origen de las caídas de fragmentos tras las últimas sacudidas.

Este recuento que se suma al que dejó el terremoto de L'Aquila el 6 de abril de 2009, de 6.7 grados en la escala de Richter, que dejó 308 muertos, 1500 heridos y que arrasó el centro histórico de la ciudad, a menos de 100 kilómetros de la zona cero del seísmo del pasado domingo. Como recuerdo, las obras de reconstrucción del campanario de la iglesia de San Bernardino.

O la cúpula de la iglesia de Santa Maria del Suffragio (iglesia del Purgatorio o delle Anime Sante), del arquitecto Giuseppe Valadier, uno de los máximos exponentes del neoclasicismo en la roma de principios del siglo XIX y el encargado de la restauración de la Piazza del Popolo de la capital italiana.

A pesar de la destrucción de estos edificios de importancia histórica, el primer ministro de Italia, Matteo Renzi, ha asegurado que el Gobierno "reconstruirá todos" los edificios e infraestructuras destrozados. "Lo reconstruiremos todo. Las casas, las iglesias y los comercios. Estamos hablando de territorios maravillosos, que hacen de la belleza y la capacidad de acogida algo fundamental". "Invertiremos lo que haga falta y si hace falta más; Europa no escatimará en la reconstrucción de los lugares que son el alma de nuestro país, y si el alma está intranquila, el resto del país se encontrará mal".

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