Publico en 'Nature', me ofrecen 9 millones pero no puedo ni volver a España
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SIN FUTURO EN ESPAÑA

Publico en 'Nature', me ofrecen 9 millones pero no puedo ni volver a España

El caso de una investigadora española en Chicago muestra el estado de la ciencia española: una científica puntera en el estudio del párkinson que no ve opciones para regresar

Foto:    La investigadora española Patricia González Rodríguez trabaja en Chicago desde 2016. (Foto cedida)
La investigadora española Patricia González Rodríguez trabaja en Chicago desde 2016. (Foto cedida)

A comienzos de este mes, Patricia González Rodríguez consiguió uno de los grandes logros de su carrera: firmar un artículo científico en la revista 'Nature' como primera autora. Desde 2016 trabaja en Chicago, en el Departamento de Neurociencias de la Universidad Northwestern, con uno de los grupos punteros a nivel mundial en la investigación del parkinson. Desde entonces, ha desarrollado la idea con la que realizó su tesis en el Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS): generar un modelo animal que reprodujera la enfermedad de forma progresiva, como ocurre en los humanos. Así, por primera vez se consiguió un ratón modificado genéticamente que muestra esta patología en dos fases: una asintomática y otra clínica.

El trabajo que acaba de publicar demuestra que defectos en una región del cerebro que produce dopamina provoca la progresión de la enfermedad. “Hemos visto que las neuronas no se mueren directamente, tenemos una ventana de tiempo en la que las neuronas cambian su fenotipo, es decir, algunas de sus propiedades y que podríamos aprovechar para rescatarlas con algún tratamiento”, explica a Teknautas. En definitiva, es un logro que cambia la visión del parkinson, que permitirá conocer mejor la enfermedad, indagar en sus orígenes y buscar tratamientos. Por eso, expertos de todo el mundo están contactando con esta investigadora en las últimas semanas.

Foto: Ángela Bernardo, con el libro. (Foto cedida por la periodista)

La otra cara de la moneda es mucho menos alentadora. Detrás de esta científica brillante hay una persona que quiere volver a España, pero que parece abocada a tener elegir: sacrificar su vida familiar lejos de casa o sacrificar su carrera científica si vuelve. Ella misma lo explicaba hace días en Twitter, generando una ola de respuestas: las convocatorias a las que podría acogerse para tratar de tener un contrato la condenarían a la precariedad, la inestabilidad y a la ausencia de perspectivas para seguir desarrollando su línea de investigación. “¿Cuál es mi futuro en España?”, se preguntaba. En claro contraste, la semana pasada anunciaba con un nuevo tuit que en EEUU le acababan de conceder nueve millones de dólares para que su grupo siguiera trabajando en el modelo de ratón “que generamos en España”, le recordaba al Ministerio de Ciencia.

¿Qué puede hacer alguien como Patricia si quiere regresar? Los contratos Ramón y Cajal son la mejor opción para la incorporación y consolidación de investigadores en España (no necesariamente “jóvenes”, puesto que muchos de ellos han superado los 40 años y siguen buscando un hueco en el sistema). Ofrecen cinco años de estabilidad que, en teoría, dan acceso a una buena plaza en universidades o centros de investigación. El problema es que el presupuesto es limitadísimo. “El año pasado lo intenté y me quedé en la reserva porque solo había 25 plazas en el área de biomedicina. Además, no son para científicos del extranjero, sino que gran parte de ellas las ocupan los investigadores que ya están en España”, comenta en conversación con Teknautas.

Con el objetivo específico de atraer talento internacional, el Ministerio ha creado las ayudas María Zambrano. En teoría, esta sería una opción ideal para Patricia, pero la realidad es que la condenaría a un callejón sin salida. Aunque deberían ser contratos de tres años, en la práctica la duración se ha dejado en manos de las universidades. Por ejemplo, “en el caso de la Universidad de Sevilla se reduce a dos años”, y esto crea un sinfín de problemas. “Solo cubren tu salario, con cero euros para financiar la investigación, y no puedes solicitarla al Plan Nacional, porque necesitas una estabilidad”, lamenta.

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Científico. (EFE)

Existe la opción de unirse a un grupo de investigación ya consolidado, pero demostrar liderazgo con un grupo independiente es una de las cuestiones más valoradas, precisamente, en convocatorias como la Ramón y Cajal. Pero ¿cómo hacerlo sin tiempo material ni para publicar nuevos artículos o sin una mínima financiación? Tampoco se generan “figuras intermedias” a pesar de que “no todo el mundo quiere ser investigador principal”. El problema es que “hay tan poco dinero dedicado a la ciencia y tan mala organización que no hay posibilidades ni de formar un equipo propio ni de unirse a otro”.

Además, “¿cómo voy a coger a un estudiante y comprometerme a dirigir su tesis doctoral si yo solo tengo un contrato de dos años y el doctorado dura más? Para colmo, nada más empezar ya se vería obligada a solicitar esos nuevos proyectos, porque “en España tardan en resolverse más de un año”. Por eso, considera que las ayudas María Zambrano “han fracasado antes de empezar”. Las alternativas son muy escasas y pasarían, principalmente, por buscar financiación europea reservada para proyectos de excelencia a través de las becas Marie Skłodowska-Curie o del Consejo Europeo de Investigación (ERC, por sus siglas en inglés).

Una situación generalizada

El suyo no es un caso aislado. “Si tengo que resumir las respuestas que me han llegado por Twitter en público y en privado, casi todo el mundo me dice que España no es un país para científicos, que lo mejor es quedarte en el extranjero y volver solo de vacaciones”, afirma. De hecho, “muchos que regresaron finalmente se han vuelto a marchar; y los que no se han ido están luchando contra el sistema para conseguir algo”, señala.

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Laboratorio. (EFE)

Pocos laboratorios en España disponen de dinero para poder contratar a un científico que no haya conseguido su propia beca”, comenta Ferran Barrachina, que tras doctorarse en la Universidad de Barcelona investiga ahora sobre infertilidad masculina en el Hospital General de Massachusetts de la Harvard Medical School, en Boston (EEUU). Y conseguir una de estas ayudas implica “estar cargado de paciencia, y esperar que tu proyecto sea evaluado favorablemente y, finalmente, seleccionado”, lo que se demora al menos año y medio de trámites.

En la misma ciudad encontramos a David Medina, que a sus 26 años ha preferido pasar directamente al mundo de la empresa, en una startup centrada en la búsqueda de terapias génicas. “No hay un sistema que invierta en el factor humano que hay detrás de la ciencia”, apunta, “ni una infraestructura que pueda acoger a gente como yo y darnos las ventajas y facilidades que tenemos aquí”. Así que “si ahora tuviera que volver, no sabría por dónde empezar”. Además, considera que sería injusto porque “hay muchas más personas que no tuvieron la oportunidad de irse”.

placeholder Científico, al microscopio. (EFE)
Científico, al microscopio. (EFE)

Por su parte, Julia Ramírez se doctoró en el Investigaciones Biomédicas Alberto Sols (centro mixto del CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid) y ahora se encuentra en Harvard buscando nuevos tratamientos contra el cáncer. “No tengo claro aún cuál es mi siguiente etapa ni si estará en España. Idealmente, me gustaría volver, pero si encontrara un trabajo con buenas condiciones”, afirma. Sin embargo, a día de hoy ve pocas posibilidades. “Es bastante complicado, los puestos son muy limitados y la competencia es muy alta”, comenta. Aun así, lo que resulta casi imposible es pensar en cierta estabilidad, puesto que lo normal es tener que volverse “encadenando becas y contratos de uno o dos años”.

¿Qué tiene que cambiar?

“No estamos pidiendo una plaza de funcionario”, comenta Patricia González desde Chicago, “solo tiempo, cuatro o cinco años de estabilidad, y algo de financiación para poder demostrar qué es lo que somos capaces de hacer, porque según está ahora organizado todo, lo que único que puedes hacer si vuelves es sobrevivir. Sí, puedes regresar por razones personales, pero no científicas”. En su opinión, la clave para que España pueda atraer talento científico está en el presupuesto y en un nuevo diseño de la carrera científica.

Foto: Un pasajero empuja su maleta en la Estación Sur de Bruselas (François Lenoir / Reuters)

La inversión de España en ciencia se situó en 2019 en el 1,25% del PIB. En un solo año, subió hasta el 1,47% en 2020, aunque principalmente fue por el efecto estadístico que causó la caída del propio PIB en este año de pandemia, la mayor de toda Europa. En cualquier caso, son cifras estancadas desde hace más de una década por la influencia de la crisis económica y la falta de una verdadera apuesta por la investigación. Otros países rondan e incluso superan el 3%. “Es necesario invertir tanto como EEUU, pero sabemos que eso no va a ocurrir ni este año ni el que viene ni el siguiente”, afirma la investigadora.

Así que, al margen de que los fondos de recuperación europeos permitan, al fin, incrementar el presupuesto de la ciencia española en los próximos años, “debemos organizar de la mejor manera posible los recursos que tenemos”. En ese sentido, el anterior ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, ya anunció que se apostará por una nueva figura conocida como 'tenure track', el modelo de contratación fija de científicos que hayan finalizado su tesis y que ya manejan EEUU, Alemania o Italia. La idea es que este cambio se incluya en la nueva Ley de la Ciencia que su sucesora, Diana Morant, pretende presentar próximamente.

Foto: en-la-ciencia-el-obstaculo-no-es-ser-mujer-es-ser-madre

Sin embargo, los científicos se muestran escépticos. “¿Cómo va a ser en España? ¿Qué se va a ofrecer? Ni idea”, señala la investigadora de la de la Universidad Northwestern, que se queja de que nadie escucha a los propios investigadores. Para colmo, “el sistema universitario y el Ministerio están desconectados, uno dice una cosa, el otro dice la contraria y los científicos estamos en el medio”. Pero a estas alturas, “no se trata de anunciar a bombo y platillo cosas que no van a llegar a ningún sitio”.

Mientras, “en EEUU los científicos españoles tenemos un gran éxito, nuestra formación es estupenda y seguimos luchando, intentando que se nos escuche y se tenga en cuenta la situación personal”, destaca Patricia González. Sin embargo, “es triste que muchos compañeros han decidido dejar la ciencia porque es imposible, no tenían ningún futuro a la hora de volver”. Veremos si España puede recuperar a una investigadora puntera a nivel internacional en un campo tan destacado como el de las enfermedades degenerativas. Y a tantos otros que ni siquiera atisban la posibilidad de regresar.

Precariedad PIB Ministerio de Ciencia Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)
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