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Nunca serás el dueño de internet: cómo están usando la Web3 para colarte esta vieja promesa
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OBJETIVO: DESCENTRALIZACIÓN

Nunca serás el dueño de internet: cómo están usando la Web3 para colarte esta vieja promesa

La Web3 se ha convertido en el enésimo augurio de un futuro tecnológico más democrático, pero es la misma idea que se vendió en los noventa. Aquello acabó en la burbuja de las 'puntocom' y, después, en la eclosión de Google o Facebook

Foto: El fundador de Twitter, Jack Dorsey, durante una conferencia sobre el bitcoin. (Reuters)
El fundador de Twitter, Jack Dorsey, durante una conferencia sobre el bitcoin. (Reuters)

Hace unos días, unas palabras de Jack Dorsey dejaron desubicada a buena parte de Silicon Valley. "Descansad en paz, Web3 y fondos de inversión", escribió el fundador de Twitter. La sorpresa es que precisamente él había sido uno de los principales impulsores de esta concepción para el futuro de la red, que supuestamente viene a romper con todo lo que se ha visto hasta ahora. De hecho, uno de sus principales ejes es que el poder deje de estar en grandes empresas para pasar a ser de los usuarios. Si toda esta música te suena, que no te extrañe, porque es la misma canción que lleva sonando 20 años alrededor de internet. La primera vez aquello acabó en la burbuja de las 'puntocom' y, después, en la eclosión de unos gigantes tecnológicos que iban a democratizar todo, pero hoy están más cuestionados que nunca.

Por ahora, es muy complicado saber qué es exactamente la Web3, aunque sí algunos de los elementos que formarían parte de este nuevo ecosistema, como las criptomonedas, los NFT, el metaverso y, por supuesto, la joya de la corona: la cadena de bloques o Blockchain. "No hay nada nuevo realmente. Son un cúmulo de tecnologías que ya existían, pero las están enmarcando y orientando en un sentido concreto", indica Gorka Julio, ingeniero técnico en informática y profesor asociado de la Universidad del País Vasco. "Cuando empiezas a indagar qué es la Web3, ya sabes que lo estás usando".

Esta serie de herramientas servirían para lograr el gran objetivo: la descentralización. Es decir, que el poder de la red esté completamente repartido, algo que es tan viejo como la propia idea de internet. "La idea de descentralización está ahí desde el inicio, pero las grandes empresas han ido en contra de esa esencia inicial de internet. Ahora dicen que vienen a solucionarlo, pero es mentira. Es gatopardismo, una especie de contrarreforma", argumenta.

Foto: Una sala de servidores que almacenan páginas web. (Unsplash/@scienceinhd)

La perspectiva de este profesor es similar a la del manifiesto de la Web0, impulsado por el conocido desarrollador y activista Aral Balkan. El texto, que ha sido despaldado por cientos de especialistas, apenas tiene dos líneas. "La Web0 es la web descentralizada. En otras palabras, la Web0 es la Web3 sin todas las estupideces corporativas de la derecha libertaria de Silicon Valley", disparaban. La opinión del fundador de Tesla y Starklink, Elon Musk, no dista mucho de estas palabras.

El padre de la WWW pasa de la Web3

Hace un año, Tim Berners-Lee subastó un NFT de su código fuente original para la WWW, algo por lo que se embolsó 5,4 millones de dólares. Después, se refirió al futuro de internet como la Web3, un concepto muy similar al que él empezó a usar cuando hace 20 años ya hablaba de web semántica. En cambio, ahora matizado aquellas palabras. En una conferencia reciente, le preguntaron si creía en la promesa de salvación de ese nuevo ecosistema, a lo que respondió con un escueto "no". "Cuando se intenta construir en la cadena de bloques, simplemente no funciona", añadió más tarde el creador de la WWW, que está impulsando su proyecto Solid para intentar lograr una descentralización más realista.

"Ni siempre hace falta ni es la mejor solución técnica, porque no es eficiente, sobre todo si se quieren almacenar datos, no solo hacer transacciones. Tampoco te da más privacidad o seguridad", apunta Julio sobre la cadena de bloques, a lo que añade que "hay miles de tecnologías distintas para llevar a cabo servicios descentralizados y están inventadas desde hace mucho". Asimismo, destaca que Blockchain "depende de infraestructuras y energías concretas" y que "el control seguirá en pocas manos, porque todo es material, y lo digital también". "¿De quién van a ser los servidores?", se pregunta. Con todo, no niega que esta tecnología tenga un valor intrínseco, pero enfatiza que "una cosa es eso y otra es adónde ha llevado la realidad, porque hoy son herramientas de especulación".

placeholder La plataforma de compraventa de NFT Open Sea. (Reuters/Florence Lo)
La plataforma de compraventa de NFT Open Sea. (Reuters/Florence Lo)

Ahí está el caso de los NFT. Durante el año pasado, estos activos digitales se convirtieron en una de las grandes fiebres tecnológicas. El mayor hito lo marcó el diseñador Beeple, que vendió una de sus obras digitales por 69 millones de dólares, a lo que siguió el lanzamiento de colecciones como CryptoPunks o Bored Ape Yacht Club, que cautivaron a famosos y multiplicaron su precio de forma desorbitada. Así fue como alcanzaron su pico el pasado enero, cuando el total de ventas alcanzó los 12.600 millones de dólares. Según la consultora Chainanalysis, este mes han cerrado en 830 millones, su nivel más bajo desde hace un año.

Sobre este punto, Julio destaca que este fenómeno supone la "generación de escasez artificial, porque son entornos abundantes". "Si se pueden copiar cosas, no hace falta tener algo adscrito como tuyo. Es una forma de impugnar la realidad para condicionarla y marcar las líneas", sostiene este desarrollador, que tiene una opinión parecida sobre los metaversos. "No se están proponiendo plataformas distribuidas donde los servidores se repartan entre usuarios o que sean interoperables. Es lo mismo que pasó con los portales web de la primera época de internet o luego las redes sociales, que tratan de retenerte todo lo que pueden. No creo que vaya a ser distinto, aunque la tecnología lo permita".

La delgada línea entre el futuro y lo de siempre

De cualquier modo, el cuestionamiento de la Web3 va más allá de cuestiones puramente tecnológicas. Solo hay que recordar las palabras de Dorsey sobre los fondos de Silicon Valley que han invertido en proyectos relacionados con este concepto, como Sequoia Capital o Andreessen Horowitz (a16z), convertidos ya casi en oráculos para las tecnológicas estadounidenses. Según 'The New York Times', a16z está llevando a cabo una estrategia para "poseer grandes partes del sector emergente de las monedas digitales y participar en la redacción de las normas que regirán su funcionamiento".

Su plan pasa por algo tan antiguo como hacer 'lobby' en Washington, algo para lo que ha sido clave el papel de la exfiscal Katie Haun, el exasesor de Joe Biden Tomicah Tillemann o Brian D. Quintez, que estaba al cargo de la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos durante la Administración Trump. En cualquier caso, la propia Haun se ha desligado de la firma para montar su propio fondo, con el que ha conseguido levantar 1.500 millones de dólares.

Foto: Una panadería que acepta pagos en bitcoins, en Santa Tecla (El Salvador). (EFE/Rodrigo Sura)

"Están haciendo un enorme gasto en Estados Unidos para avanzar en su agenda", explica Ekaitz Cancela, editor en The Syllabus y autor de 'Despertar del sueño tecnológico' (Akal, 2019). "Las conexiones entre industrias son evidentes. Son los mismos inversores que auparon Silicon Valley quienes están intentando renovar la promesa de internet, pero ahora con la Web3", continúa este especialista. Hay ejemplos bastante claros, como que el fundador de a16z, Marc Andreessen, fuera clave para la consolidación de Facebook o el constante trasvase de directivos entre las grandes tecnológicas y las empresas de Web3. También la apuesta de Mark Zuckerberg por el metaverso, que supuso renombrar la compañía como Meta.

"La industria depende de cambios constantes en los nombres, aunque el fondo no se altere. No es casualidad que la publicidad sea el negocio principal de Silicon Valley", apunta Cancela al respecto, y también destaca que estos actores "nunca hablan en presente, sino de cómo va a ser el futuro". "Es un fenómeno performativo, tratan de conformar una realidad diferente. Eso no existe fuera de la imaginación de los fondos y depende de la influencia que logren tener en la opinión pública para llegar a buen puerto".

placeholder Mark Zuckerberg, durante la presentación de su idea para el metaverso. (Meta)
Mark Zuckerberg, durante la presentación de su idea para el metaverso. (Meta)

También hay quien hace un paralelismo más o menos claro entre la Web3 y lo ocurrido durante la burbuja de las 'puntocom' de principios de siglo. "Ambas burbujas fueron provocadas por una tecnología supuestamente revolucionaria que debilitaría el control de la actividad en línea por parte de la clase política y empresarial, dando paso a un mundo en línea descentralizado en el que el poder fluiría hacia la gente", explicaba 'Financial Times' hace unos días. Ahí también aparece un dato de lo más esclarecedor. Ocho meses después de llegar a su pico más alto, las 'puntocom' perdieron en torno a un 60% de su cotización, mientras que ahora las criptomonedas han perdido ya un 70%.

"Sin aquella burbuja, no se explica Silicon Valley", incide Cancela. Y es que de aquellas cenizas acabaron saliendo grandes corporaciones como Google y, más tarde, Facebook, pero también se fortalecieron actores que ya existían antes, como Microsoft o Apple. "Algo así podría pasar en la Web3. Cuando desaparezca la euforia, quedarán tres o cuatro grandes".

Hace unos días, unas palabras de Jack Dorsey dejaron desubicada a buena parte de Silicon Valley. "Descansad en paz, Web3 y fondos de inversión", escribió el fundador de Twitter. La sorpresa es que precisamente él había sido uno de los principales impulsores de esta concepción para el futuro de la red, que supuestamente viene a romper con todo lo que se ha visto hasta ahora. De hecho, uno de sus principales ejes es que el poder deje de estar en grandes empresas para pasar a ser de los usuarios. Si toda esta música te suena, que no te extrañe, porque es la misma canción que lleva sonando 20 años alrededor de internet. La primera vez aquello acabó en la burbuja de las 'puntocom' y, después, en la eclosión de unos gigantes tecnológicos que iban a democratizar todo, pero hoy están más cuestionados que nunca.

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