SIN GUERRAS PERO SUBE EL GASTO EN DEFENSA

¿Es Donald Trump el presidente más pacifista en décadas?

En estas elecciones, los papeles se han invertido: el halcón sería el candidato demócrata y la paloma, aquel que aboga por replegar las tropas y dejar a otros países tranquilos, el republicano

Foto: Donald Trump. (Reuters)
Donald Trump. (Reuters)

La campaña electoral de Estados Unidos tiene un nuevo frente, un nuevo territorio para el debate: el intervencionismo militar. Solo que este año, al contrario de lo que ha sucedido en las últimas décadas, los papeles se han invertido: el halcón sería el candidato demócrata y la paloma, aquel que aboga por replegar las tropas y dejar a otros países tranquilos, el candidato republicano. Donald Trump.

En otras áreas, como la inmigración, el aborto, la política social y fiscal o las protestas raciales de los últimos meses, el presidente abandera posturas ultraconservadoras, pero en políticas bélicas parece ir en contra de su partido. A veces uno podría atribuir las palabras de Donald Trump a un santo patrón de la izquierda como Noam Chomsky, autor de 'Los guardianes de la libertad', sin que nadie note la diferencia.

"No estoy diciendo que el sector militar esté enamorado de mí", declaró el presidente en una reciente conferencia. "Los soldados lo están, pero los jefes del Pentágono probablemente no porque lo único que quieren hacer es combatir en guerras para que todas esas maravillosas compañías que hacen bombas y aviones y todo lo demás estén contentas".

En las horas siguientes a sus declaraciones, Trump retuiteó varios mensajes que lo comparaban con el presidente Dwight Eisenhower, que, en su discurso de despedida como comandante en jefe, alertó sobre el crecimiento de un "complejo militar-industrial": un entramado de empresas, 'lobistas' y altos funcionarios que necesitarían guerras para seguir amasando influencia y dinero.

Las palabras de Trump coincidían con los acuerdos de paz entre Israel y las naciones de Baréin y Emiratos Árabes Unidos, firmados esta semana con toda la pompa de la Casa Blanca. Un despliegue ceremonial, para acuerdos referentes a Oriente Medio, que no se veía en un cuarto de siglo. La iniciativa de la administración Trump ha hecho que un diputado noruego lo nominase al Premio Nobel de la Paz, alegrando las ambiciones del presidente. El competitivo Trump se había quejado en 2019 de que Barack Obama tenía uno. "No sabe ni por qué se lo dieron", declaró.

Acabar con las 'guerras sin fin'

Además, Trump ha decidido retirar más tropas de Iraq y Afganistán en noviembre. El número de efectivos en ambos países caerá a 3.000 y a 4.500 soldados respectivamente. Los restos del Ejército americano, que en su día llegó a tener 170.000 soldados en Iraq y 100.000 en Afganistán, se centrarán sobre todo en tareas de inteligencia y de asesoramiento a las respectivas fuerzas locales.

"Este es un presidente que, cuando dice que terminará con las 'guerras sin fin', no se trata de un eslogan como ha sido para los demócratas y para anteriores presidentes", declaró la portavoz de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, en Fox News.

El 62% de los ciudadanos piensa que las guerras de Iraq y Afganistán no han merecido la pena

El término 'guerras sin fin' está en labios de Donald Trump desde que lanzó su primera campaña, en 2015, o incluso antes. El republicano, que, en distintas entrevistas concedidas en los meses previos a la guerra de Iraq, mostró un apoyo tibio, ha sido crítico desde el verano de 2004. Una de las credenciales que usó contra Hillary Clinton en 2016 y que ahora usa contra Joe Biden; ambos demócratas habían respaldado la guerra. Un conflicto que se arrastra y que es muy impopular.

Según una encuesta del Pew Research Center, el 62% de los estadounidenses piensa que las guerras de Iraq y Afganistán no han merecido la pena. Una proporción que sube al 64%, curiosamente, entre los veteranos de estos conflictos. Un sentimiento que Donald Trump habría sabido captar y usar como candidato y como presidente; un sentimiento que, por otro lado, perjudicaría a Joe Biden.

Joe Biden. (Reuters)
Joe Biden. (Reuters)

Una de las peores manchas políticas en EEUU es la guerra de Iraq, y pocos líderes tienen más lamparones en la camisa que el candidato demócrata. Algunas de las mentes más afiladas en política exterior acusan a Biden de haber tropezado en todas las decisiones que han tenido que ver con la guerra y Oriente Medio. Quizás nadie lo expresó con más acidez que Robert Gates, secretario de Defensa de George W. Bush y luego de Barack Obama: "Creo que [Biden] se ha equivocado en casi todos los asuntos de política exterior y seguridad nacional de las últimas cuatro décadas".

En 1991 el entonces senador de Delaware votó en contra de la Guerra del Golfo, que resultó ser un éxito. Doce años después lo hizo a favor de la invasión: una campaña que de momento ha matado a 4.424 soldados estadounidenses y al menos 200.000 civiles iraquíes, según la base de datos de Iraq Body Count. El coste económico de la guerra ronda los dos billones de dólares. El equivalente al PIB de Italia. Todo sin que los Estados Unidos hayan alcanzado nada parecido a un acierto.

Otros observadores, como Michael O´Hanlon, del 'think tank' Brookings Institute, destacan la mano izquierda de Biden en los pasillos del Congreso. Los debates de política exterior que tuvo ocasión de presidir en el Senado habrían sido detallados e informativos, y habrían vaticinado las enormes complejidades del país árabe. Unos análisis que la administración Bush, convencida de que sería un paseo militar, ignoró. Biden también tiene credenciales familiares: su hijo mayor, Beau Biden, fallecido de cáncer en 2015, estuvo un año destinado en Iraq.

La actitud antibelicista de Donald Trump habría sido confirmada por la retirada casi completa de tropas de estos dos países y por haber traído de vuelta, igualmente, a la mayoría de los 2.500 soldados que operaban en el norte de Siria. Una decisión, tomada a finales de 2018, que causó la dimisión del entonces secretario de Defensa, el general James Mattis. Estas retiradas parciales han generado críticas por parte de numerosos congresistas demócratas y republicanos, asentados en una tradición más muscular de la política exterior: la idea de Estados Unidos como vencedor de la Guerra Fría y como garante de la paz y la estabilidad mundial.

Los defensores de Trump en los medios de comunicación, como los presentadores Tucker Carlson y Laura Ingraham, de Fox News, elogian sus posiciones aislacionistas, sus críticas a la Unión Europea y la OTAN, percibidas como los aliados gorrones que se aprovechan de la generosidad americana, y hasta su intento de alcanzar la paz en Corea del Norte reuniéndose en persona con el tirano Kim Jong-un. Pero no toda la hoja de servicios de Trump encaja en el molde pacifista.

Más drones y gasto en defensa

El presidente de EEUU ha aumentado los ataques con dron respecto a la administración anterior: en los ocho años de Barack Obama, EEUU ejecutó 1.878 operaciones de este tipo; en sus primeros dos años de presidente, el Gobierno de Trump ejecutó 2.243. Además, la actual administración ha revocado la regla de publicar el número de civiles muertos en estos ataques fuera de las zonas de guerra.

Trump, artífice de eliminar el acuerdo nuclear con Irán y de iniciar una confrontación comercial y tecnológica con China, ha impulsado el gasto en defensa hasta los 738.000 millones de dólares anuales, bastante por encima de los 580.000 millones con los que trabajaba el gobierno anterior en su último año. Este crecimiento del gasto ha sido a costa del presupuesto de casi todo el resto de los departamentos.

Para su tercer año de gobierno Donald Trump ya había nombrado a más 'lobistas' que Barack Obama y George W. Bush juntos

A pesar de sus críticas al complejo militar-industrial y su presunta sed de guerras para mantener el negocio funcionando, Trump ha traído a su gobierno a una serie de lobistas y ejecutivos de este sector. Gente de Lockheed Martin, Boeing o Textron ocupan altos puestos funcionariales y el propio secretario de Defensa, Mark Esper, ha sido durante años el principal 'lobista' de Raytheon en Washington. Según una investigación de la agencia AP, para su tercer año de gobierno Donald Trump ya había nombrado a más 'lobistas' que Barack Obama y George W. Bush juntos.

A menos de cincuenta días de las elecciones, la política exterior y el rol de Estados Unidos en el mundo (el "globocop", según el término usado por el historiador Ian Morris) tendrán su espacio en la mente de los votantes. El aislacionismo de Trump, alérgico al mundo exterior, y la visión tradicional, del siglo XX, de Joe Biden, se verán las caras en las urnas.

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