Variante delta, niños sin vacunar y clases más llenas: ¿tiene peligro la vuelta al cole?
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Todo parece igual, pero todo es diferente

Variante delta, niños sin vacunar y clases más llenas: ¿tiene peligro la vuelta al cole?

La vacunación, unida al buen hacer del curso pasado, invita al optimismo, pero el virus se transmite ahora con mayor facilidad, así que el regreso a las aulas vuelve a estar rodeado de incertidumbre

Foto: Foto: EFE.
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La gestión de la pandemia en España ha sido polémica y llena de vaivenes en casi todos los ámbitos, con la excepción del escolar. El curso 2020-2021 estuvo marcado por estrictos protocolos contra el covid y por las dificultades y sacrificios de profesores y alumnos, pero finalizó con un notable éxito. A diferencia de lo que sucedía en otros países, los colegios se mantuvieron abiertos y los brotes fueron bastante escasos. Los grupos burbuja, la ventilación, las mascarillas, la reducción del número de alumnos por clase y el aumento de la distancia, entre otras medidas, lograron mantener las escuelas a salvo.

Los datos hablan. Los porcentajes de aulas confinadas se mantuvieron, de media, por debajo del 2%. Los peores momentos coincidieron con los picos de cada ola, especialmente después de las vacaciones navideñas, lo que demuestra que las aulas fueron sensibles a la incidencia acumulada de la población general, pero no un foco de propagación por sí mismas. Un estudio publicado hace poco más de un mes en 'The Pediatric Infectious Disease Journal' con datos de Cataluña entre septiembre y diciembre de 2020 indica que la transmisión del covid en las aulas fue muy baja. Mientras que en la población general el índice reproductivo básico (R0) era tres (cada paciente contagiaba a otros tres), en las clases de Infantil fue de 0,2; en las de Primaria, de 0,4, y en las de Secundaria, de 0,6. Estos números significan que en la mayoría de casos, los alumnos con covid no llegaron a contagiar a nadie.

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Con estos antecedentes, deberíamos estar muy tranquilos de cara al próximo curso, pero lo cierto es que vuelve la incertidumbre. Casi todo parece igual, pero casi todo es diferente. El virus no es el mismo: la variante delta es mucho más contagiosa que el SARS-CoV-2 original. Las principales medidas se mantienen, pero las ratios se relajan: podrá haber más alumnos por aula. Los profesores están vacunados y buena parte de los adolescentes también, pero esto no impide por completo el contagio y los menores de 12 años aún no disponen de vacuna. En definitiva, ¿qué curso nos espera?

El Gobierno y las comunidades han apostado por la vuelta a la presencialidad total, eliminando las clases 'online', que se impartían el pasado curso a partir de 3º de la ESO. La distancia se puede reducir de 1,5 a 1,2 metros, recuperando las ratios de escolares por clase previas a la pandemia: 25 alumnos en Infantil y Primaria, 30 en la ESO y 35 en Bachillerato. En cambio, las burbujas o grupos de convivencia estable para Infantil y Primaria se mantienen; así como las mascarillas para mayores de seis años y las recomendaciones sobre ventilación.

Motivos para el optimismo

Quique Bassat, pediatra y epidemiólogo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), coordinó el grupo de trabajo de la Asociación Española de Pediatría (AEP) que asesoró al Gobierno en 2020 de cara a la reapertura de los colegios. Por lo tanto, fue uno de los artífices del éxito del pasado curso y esta vez se vuelve a mostrar optimista, ya que se mantienen muchas de las medidas: “Creo que la vuelta al cole va a ser relativamente tranquila y con los mismos resultados que el año pasado”, comenta en declaraciones a Teknautas. No obstante, considera que habría sido más prudente seguir con las ratios del curso pasado y la misma distancia de seguridad “al menos las primeras semanas”, a la espera de ver la evolución de la pandemia. En cualquier caso, reconoce que “esa es la medida más cara de mantener” y que es lógico ir relajando las medidas.

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Foto: EFE.

Comparativamente, la principal ventaja con respecto a 2020 es la vacunación. “El año pasado, no tuvimos vacunas durante la mayor parte del curso para los profesores ni en su totalidad para los alumnos, pero siguiendo una serie de medidas de protección de forma razonablemente estricta se consiguió que la transmisión en las escuelas fuera anecdótica y que no contribuyese a la transmisión comunitaria”, destaca el experto.

Según el último informe de vacunación del Ministerio de Sanidad, el 69,1% de los españoles entre 12 y 19 años ya tiene al menos una dosis, pero solo el 25,6% ha completado la pauta. Es decir, que aún estamos en pleno proceso de vacunación de los adolescentes y es probable que se inicien las clases con un buen porcentaje aún no inmunizado. Para los niños más pequeños, la situación no ha cambiado: en la actualidad, se están desarrollando ensayos clínicos de la vacuna de Pfizer entre los seis meses y los 12 años, pero no se esperan resultados y, por lo tanto, la aprobación del fármaco por parte de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), hasta la recta final del año.

Educación anuncia nuevas medidas para la vuelta al cole

Aunque las perspectivas son muy buenas, nadie puede asegurar si el porcentaje de jóvenes vacunados llegará a ser tan elevado como en otras edades. De hecho, la Asociación Española de Abogados de Familia asegura estar recibiendo muchas consultas de padres divorciados por discrepancias a la hora de vacunar o no a sus hijos. Cuando no hay consenso, tener que acudir a los tribunales “podría retrasar hasta un año la resolución sobre si vacunar o no a los hijos”, advierten. Por eso, reclaman “una jurisdicción especializada” que resuelva de forma rápida la cuestión. El problema se plantea entre los 12 y los 15 años, ya que a partir de los 16 el menor puede decidir por sí mismo.

“No debe haber dudas en cuanto al balance entre riesgo y beneficio de la vacunación para los adolescentes”, señala Bassat. Además, “las ventajas para el joven vacunado son muy grandes, porque puede seguir asistiendo a la clase presencial incluso si en su aula ha habido un positivo”. Este hecho “debería animar a los padres que aún no han vacunado a sus hijos a hacerlo”. Aunque los casos graves en menores son extremadamente escasos, si el objetivo es protegerlos, otro aspecto esencial es que todo su entorno esté vacunado.

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Foto: EFE.

En cualquier caso, tener vacunados a la inmensa mayoría de los profesores y a gran parte de los adolescentes es un factor positivo a la hora de contener la transmisión en las escuelas, pero no impide por completo los contagios. Las infecciones podrían reducirse entre los vacunados con respecto a los no vacunados entre un 40 y un 60%, según los cálculos actuales. Sin embargo, “hay un mensaje confuso que se repite de forma indirecta acerca de que los vacunados no transmiten el virus”, advierte Salvador Peiró, especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica (Fisabio) de la Comunidad Valenciana. En realidad, “los vacunados también pueden contagiar, especialmente si entran en un lugar cerrado, como un bar o una residencia”. La escuela no es una excepción. Aunque la inmensa mayoría serán asintomáticos o tendrán una enfermedad muy leve, pueden contribuir a que el SARS-CoV-2 siga circulando.

De todos modos, también hay que tener en cuenta que la quinta ola ha dejado una gran tasa de contagios entre los jóvenes. Por lo tanto, “muchos alumnos se habrán inmunizado por la vía natural” y hay datos para confiar en que este grupo contribuirá menos a la transmisión, debido a que “generan anticuerpos en las mucosas respiratorias”, con lo cual es menos probable que se vuelvan a infectar y que transmitan el virus.

Factores de incertidumbre

Lo cierto es que más allá del efecto de las vacunas y de los contagios por vía natural, el resto de los factores parece jugar en contra. El más preocupante es la variante delta. Minoritaria antes del verano en España, en la actualidad ya supone un 95% de los casos. Un informe de los centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de EEUU mostró la semana pasada cómo se puede propagar en un aula. El documento describe de forma muy detallada cómo un profesor no vacunado de California contagió a la mitad de sus alumnos (en edad equivalente a los de la Primaria española), provocando un brote que afectó en total a 27 personas. Al igual que en España, otros informes de los CDC estadounidenses han considerado los colegios como entornos de bajo riesgo de contagio gracias a las medidas, pero este caso ha provocado cierta alarma, precisamente porque no había datos con la nueva variante.

Además de ser más contagiosa, “sabemos que no respeta a la infancia, porque la quinta ola ha afectado sobre todo a los más jóvenes, incluyendo a los niños”, apunta el pediatra del ISGlobal. No obstante, “no es más virulenta ni causa enfermedad grave en los menores”, recuerda. La gran pregunta es si la combinación de una variante más contagiosa y un mayor número de alumnos por aula requiere extremar medidas de precaución como la ventilación. “En estos momentos, es difícil de decir”, reconoce, pero en su opinión es muy posible que la vacunación pueda compensar la mayor contagiosidad y, en suma, que la situación sea muy similar a la del pasado curso. Aunque sea más contagiosa, las medidas preventivas que surtieron efecto el curso pasado deberían seguir siendo efectivas.

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Foto: EFE.

Peiró se muestra más dubitativo al respecto: “Estamos ante un periodo nuevo y no sabemos cuál será el resultado de la nueva conjunción de factores”, comenta. No obstante, en su opinión, lo más preocupante no está dentro del aula, sino fuera. “Este verano, hemos vivido como si la pandemia ya no existiera y creo que el invierno va a ser igual, así que el curso va a ser complejo y veremos brotes”, vaticina. De hecho, “se han producido más contagios entre niños ahora, en época estival, que durante todo el curso”, así que la clave estará en el comportamiento de la sociedad.

Preparados para un mal inicio

Teniendo en cuenta que la incidencia acumulada está bajando, pero aún sigue siendo bastante elevada, los expertos advierten de que las primeras semanas pueden causar cierta alarma. “La gente tiene que estar preparada para que en los primeros días de clase haya muchos casos”, asegura el epidemiólogo del ISGlobal. “No serán casos que se hayan producido dentro de la escuela, sino los coletazos del verano, de la vuelta a la normalidad. Ocurrió en septiembre de 2020 y tras las vacaciones de Navidad. Estos días previos al comienzo de las clases, los niños tienen mucha vida social, porque se encuentran con sus amigos en su ciudad de origen. Esto no tiene que asustar, en realidad será un buen síntoma, en el sentido de que el sistema detecta los casos, los aísla y los confina”, asegura.

En cualquier caso, los rastreadores van a tener trabajo. “Quizá vuelva a haber un ruido de fondo que diga que nos hemos equivocado abriendo las escuelas. Tenemos que estar muy vigilantes los primeros días hasta que se confirme que la situación es normal”, apunta. En ese sentido, Bassat advierte: “Si tu hijo tiene fiebre, gastroenteritis o cualquier sintomatología, que se quede en casa”. Según explica, durante el curso pasado, esta recomendación funcionó muy bien porque había un miedo generalizado en la sociedad, pero teme que a partir de ahora no sea así. “Cualquier docente o cualquier niño enfermo se quedaba en casa hasta demostrar que no tenía covid. Ahora debería ser más fácil, porque se puede comprar un test rápido en la farmacia, tenemos más recursos para hacerlo bien”, destaca.

placeholder Una enfermera administra la vacuna de Moderna a una joven en el estadio Enrique Roca, de Murcia. (EFE)
Una enfermera administra la vacuna de Moderna a una joven en el estadio Enrique Roca, de Murcia. (EFE)

La recuperación de las actividades extraescolares es otro factor de preocupación, pero no deberían suponer un problema si se ajustan las medidas a cada una de ellas. “No es lo mismo hacer taekwondo en un gimnasio cerrado sin ventilación que fútbol en un espacio abierto, hay que mirar actividad por actividad y aplicar las reglas básicas para evitar la transmisión”, apunta el especialista. La mayoría de las actividades podrá recuperarse, pero las que se celebran al aire libre lo tienen más fácil. En interiores, la clave puede estar en el control del número de personas o en garantizar una buena ventilación.

Según Peiró, hay otra incógnita importante de cara a los próximos meses que también tiene su foco en los niños: ¿qué pasará con las enfermedades respiratorias a partir de este otoño? El curso pasado, las medidas contra el covid casi borraron del mapa otros problemas, como la gripe, pero no se sabe si la paulatina relajación que se prevé a partir de ahora hará que vuelvan con fuerza. De hecho, el virus respiratorio sincitial, que afecta especialmente a los niños pequeños, ya regresó a finales de la primavera: “Es posible que si mantenemos las medidas no farmacológicas, se contengan, pero si vuelven tendremos que hacer PCR de covid y de gripe para saber qué es cada caso. Tendremos lío”.

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