De blindado puntero a un carro del montón: el Leopardo español se queda obsoleto
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Casi dos décadas sin mejoras

De blindado puntero a un carro del montón: el Leopardo español se queda obsoleto

El Leopardo ha sido uno de los blindados clave en el Ejército español desde su entrada en servicio en 2003. Pero, justo desde entonces, poco o nada ha cambiado en su modernización

placeholder Foto: Leopardo 2E disparando un proyectil multipropósito. (Juanjo Fernández)
Leopardo 2E disparando un proyectil multipropósito. (Juanjo Fernández)

Era el invierno de finales de 2003 cuando ocurrió un hecho que causó enorme expectación e incluso saltó a los telediarios. Al acuartelamiento de El Goloso, próximo a Madrid, habían llegado los primeros ejemplares de un nuevo carro de combate, futurista, potente, con características propias y de fabricación nacional. España, por fin, tenía un blindado al máximo nivel. Desde entonces han pasado casi 18 años y apenas nada ha cambiado. Poco a poco otros carros de combate han ido mejorando mientras el nuestro se quedaba atrás, lo que ha empezado a causar cierta preocupación en el Ejército, pues se ha rebasado la mitad de su vida útil y se necesitan mejoras urgentes.

Se trataba tan solo de tres carros más otro de recuperación (denominado Búfalo), pero eran los primeros Leopardo 2E que se podían ver y que causaron una buenísima impresión. Se basaban en la versión alemana del Leopard 2 A6 al que se le implementaron varias mejoras, entre ellas más blindaje, que hicieron del carro español en aquel momento, si no el mejor del mundo, uno de los mejores. Desde entonces ha habido muy pocos cambios. Tan solo se ha incorporado la unidad de potencia auxiliar (UPA), algo que estaba previsto desde el origen y desde 2011 se sustituyeron los intensificadores de luz del conductor por cámaras térmicas nacionales y se instalaron cámaras traseras, también para el conductor. Como se ve, pocas cosas para casi 18 años de vida.

Foto: Primer encuentro navegando del HMS Queen Elizabeth (primer plano) y del HMS Prince of Wales (fondo). (Royal Navy)

En este tiempo otros carros de combate no han dejado de evolucionar con mejores blindajes y sistemas de protección, ópticas más avanzadas, sistemas de ocultación y un largo etcétera, lo que hace que nuestro Leopardo se vaya quedando poco a poco atrás. Hoy en día ya está superado por las versiones alemanas A7 y A7+, así como por las últimas versiones del Abrams americano, la M1A2 SEPv3, y esta circunstancia hace que se empiece a ver como una necesidad cada vez más urgente su modernización.

Leopardo: envejecimiento desigual

Si nos preguntáramos cómo ha envejecido el Leopardo en estos 18 años la respuesta sería que no lo ha hecho mal, pero sí de forma desigual. Esto quiere decir que sigue siendo un buen carro, pero mientras hay partes que han aguantado muy bien el paso del tiempo, otras no tanto. La parte positiva afecta a la barcaza y la negativa a la torre.

placeholder El Leopardo 2E goza de una gran movilidad. (Juanjo Fernández)
El Leopardo 2E goza de una gran movilidad. (Juanjo Fernández)

La barcaza (o casco) ha resultado de una dureza y fiabilidad excepcional. Tiene potencial y puede dar de sí para futuras mejoras, es decir, podría aguantar más peso sin problemas. La planta motriz es suficiente para dotar al carro de una agilidad muy buena y lo puede llevar incluso más allá de los límites nominales. Tiene pocas averías serias y muchas de ellas se pueden reparar sobre el terreno. Por último, el tren de rodaje es muy bueno y apenas se producen averías de consideración, de las que muy pocas requieren atención más allá del Segundo Escalón y se pueden reparar en el campo de batalla, lo que significa que el carro vuelve al combate en breve tiempo.

El principal problema es la electrónica a nivel general, que afecta a torre y barcaza por igual. Hay que tener en cuenta que se trata de un blindado cuyo diseño nace en los años 80, se empieza a fabricar en los 90 y entra en servicio en los 2000, por lo que los sistemas electrónicos se han quedado ya obsoletos, tienen un consumo elevado y generan mucho calor. Este es quizás el aspecto más crítico y el que habría que acometer con urgencia.

Esto implicaría la sustitución de todo el cableado interno y compartimentos de electrónica por otros modernos, lo que permitiría una disminución del consumo eléctrico, un funcionamiento general mejor y una mayor sencillez a la hora de introducir futuras mejoras. Pero lo peor es que, si no se hace nada, dentro de poco dejará de haber repuestos de determinados componentes, por el simple hecho de que ya se han dejado de fabricar.

Aspectos críticos

La torre es otra cuestión bien distinta. Alberga casi toda la tecnología y armas y, por tanto, es la parte más sensible a los avances técnicos. El principal cambio que es necesario acometer afecta a algo tan crucial como son los elementos ópticos y de visión. Como ya explicamos al hablar del Centauro, en el combate entre blindados o donde se involucran los blindados, detectar antes de ser detectado es cuestión de vida o muerte. Se precisa un avance en las cámaras térmicas que mejoren la resolución y permitan hacer identificaciones positivas en alcances superiores. Un cambio a equipos de cuarta generación que además podrían ir dotados de IA (sistemas inteligentes) para ayuda a la detección, es algo prioritario.

placeholder Carros y blindados participantes en el Ejercicio HIT&RUN 21.(Juanjo Fernández)
Carros y blindados participantes en el Ejercicio HIT&RUN 21.(Juanjo Fernández)

Otro aspecto crítico es el establecimiento de dos líneas de fuego. Puede sonar raro, pero es fácil de entender. En la configuración actual el Leopardo dispone de su arma principal de 120mm, una ametralladora coaxial (solidaria con el cañón) de 7,62 mm y una ametralladora sobre la torre en el puesto del cargador, también de 7,62mm, de manejo manual y sin escudos de protección. Imaginemos al carro inmerso en un combate, en las proximidades o dentro de una zona poblada. El tirador (permanentemente dentro y solo con visión exterior por sus equipos binoculares) así como el jefe de carro, estarán buscando objetivos. Si detectan uno, un blindado enemigo por ejemplo, dirigirán hacia él su arma principal.

Todo el poder ofensivo del Leopardo quedará centrado en ese objetivo. Si en esas circunstancias el jefe de carro, que dispone de visión 360 grados gracias a su equipo PERI, descubre otra amenaza como un enemigo en una ventana armado de lanzagranadas, no podrá hacer nada contra él salvo que redirija el arma principal (y toda la torre) ignorando la amenaza anterior. Aquí la ametralladora de techo no es de utilidad pues el cargador, que ocupa un puesto fundamental en combate, ya está sobrecargado atendiendo a la munición del cañón y a las comunicaciones. En resumen. El Leopardo solo puede atender amenazas de una en una.

También se deberían potenciar los sistemas de defensas pasivas, con nuevos blindajes modulares y/o paneles de “rejas”

Este problema se solucionaría con la instalación de un montaje remoto RCWS (Remote Controlled Weapon Station) que debería situarse en el puesto del jefe de carro integrando las funciones actuales del PERI, pero nunca en el del cargador por las razones antes expuestas. Dicho montaje podría ser un Mini Samson (israelí) como los utilizados en los vehículos RG-31 que el Ejército ha desplegado en Afganistán o uno de los desarrollos de Escribano M&E, como su Guardian 2.0, de diseño y fabricación nacional y eficacia probada. Lo que es importante es que este sistema se dote de arma de 12’7mm (no de 7,62mm) pues garantiza la suficiente potencia de fuego y permitiría, ante determinadas amenazas, una respuesta más gradual.

Con este conjunto instalado, mientras que el tirador podría enfrentar la amenaza del blindado enemigo con el cañón de 120mm, el jefe de carro podría mover su RCWS hacia el nuevo objetivo batiendo ambos a la vez y con garantías. Es una de las lecciones aprendidas de conflictos recientes como el de Siria.

Otras mejoras importantes

Aparte de estas mejoras también se deberían potenciar los sistemas de defensas pasivas, con nuevos blindajes modulares y/o paneles de “rejas”, que se han demostrado eficaces contra granadas anticarro como los famosos RPG. Por supuesto habría que intentar dotar al menos a una cantidad suficiente de carros de sistemas activos, como el TROPHY israelí, sistemas de los que ya hemos hablado y que suponen una garantía de supervivencia, aunque son bastante caros.

placeholder Leopardo 2E del RAC Alcázar de Toledo durante un ejercicio con fuego real. (Juanjo Fernández)
Leopardo 2E del RAC Alcázar de Toledo durante un ejercicio con fuego real. (Juanjo Fernández)

Otra línea de mejoras estaría en la sustitución de los elementos de visión binocular del tirador, eficaces pero incómodos, por una pantalla al estilo de lo que montan los Leopard A7 alemanes. También se podría analizar el cambio de la dirección de tiro (aunque no parece crítico) así como dos mejoras que pueden ser baratas pero interesantes, como la implementación de un sistema de identificación amigo – enemigo o IFF (similar al de los aviones de combate) y un sistema de defensa contra láser, que detecta emisiones de telémetros enemigos y de guiado de misiles por láser y los neutraliza. En cambio, el sistema de mando y control BMS – LINCE, verdadero cerebro del Leopardo, funciona muy bien, está dando buenos resultados y no haría falta tocarle.

El Leopardo en acción

Todas estas necesidades las hemos comprobado en vivo, hablando con expertos y asistiendo al campo de adiestramiento de San Gregorio (Zaragoza) a los recientes ejercicios HIT&RUN 21. Se trata de una maniobra de dificultad máxima que se realiza para certificar la aportación española a la VJTF 22, la fuerza de muy alta disponibilidad de la OTAN y donde participaron más de 120 blindados, de los cuales 30 eran Leopardo y cerca de 1.200 militares. Un ejercicio protagonizado por el Batallón Acorazado “León”, parte del Regimiento “Alcázar de Toledo”.

De todas las mejoras descritas, el cambio de electrónica, ópticas, pantalla para tirador e implementación del montaje RCWS, se debería hacer para la flota completa de Leopardos. Otras mejoras como los sistemas activos, blindajes modulares, IFF, defensas láser, etc., se podrían plantear para disponer de un núcleo de carros listos para cualquier escenario, mientras que el tema del nuevo cañón se debería ir estudiando para un futuro no demasiado lejano. Todo esto se debería realizar sin comprometer ni el adiestramiento de las tripulaciones ni los ya ajustados créditos de munición, es decir, la cantidad disponible para empleo en ejercicios.

placeholder Carro de combate Leopardo 2E y vehículo de recuperación Búfalo. (Juanjo Fernández)
Carro de combate Leopardo 2E y vehículo de recuperación Búfalo. (Juanjo Fernández)

El carro de combate sigue siendo muy necesario en el campo de batalla terrestre actual. No ha perdido vigencia, pese a estas corrientes de opinión que hablan de que ‘está muerto’ o que, directamente, querrían ‘matarlo’. Las experiencias de Siria y del conflicto entre Armenia y Azerbaiyán pueden ser engañosas. En el primero las pérdidas de carros turcos se debieron a tácticas erróneas y en el segundo, a un empleo nefasto de los medios blindados armenios.

Con las anteriores mejoras el Leopardo recuperaría posiciones perdidas y se volvería a situar entre lo mejor de los carros de combate del mundo. Además, buena parte se podría hacer con tecnología y medios nacionales. Veremos qué ocurre finalmente.

Era el invierno de finales de 2003 cuando ocurrió un hecho que causó enorme expectación e incluso saltó a los telediarios. Al acuartelamiento de El Goloso, próximo a Madrid, habían llegado los primeros ejemplares de un nuevo carro de combate, futurista, potente, con características propias y de fabricación nacional. España, por fin, tenía un blindado al máximo nivel. Desde entonces han pasado casi 18 años y apenas nada ha cambiado. Poco a poco otros carros de combate han ido mejorando mientras el nuestro se quedaba atrás, lo que ha empezado a causar cierta preocupación en el Ejército, pues se ha rebasado la mitad de su vida útil y se necesitan mejoras urgentes.

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