Supercañones y blindaje modular: los carros de combate que no llegan a España
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Supercañones y blindaje modular: los carros de combate que no llegan a España

El fabricante alemán Rheinmetall está probando un supercañón de 130 mm, un añadido histórico que da muestras de lo vivas que están estas armas, y que España ha dejado sin mejorar

Foto: Supercañones y blindaje modular: los carros de combate que no llegan a España
Supercañones y blindaje modular: los carros de combate que no llegan a España

El carro de combate sigue siendo el rey del combate terrestre aunque para muchos sea un elemento en declive. La gran cantidad de armas y tecnología destinadas a su eliminación podría darles la razón, pero sin embargo ningún país, ningún ejército, ha renunciado a ellos. Al contrario, estos vehículos han ido aumentando paulatinamente su poder destructivo y, frente a sus muchas amenazas, se han provisto de eficaces sistemas defensivos, cada vez más y más sofisticados. La última prueba de todo esto la ha dado el fabricante alemán Rheinmetall, que ya está probando un supercañón de 130 mm, algo que hace tan solo 15 años nos habría parecido una barbaridad.

Este hito germánico sorprende a muchos y es un cambio importante, pero su objetivo es mucho mayor. Lo cierto es que los países occidentales se han encontrado de repente con que sus carros no han evolucionado como debieran, mientras que en Rusia sí lo han hecho, y por eso ahora toca contraatacar. A fin de cuentas, toda la OTAN (España también) sigue con sus Leopard, Challenger, Leclerc y Abrams, exprimidos al máximo, pero en realidad el mismo diseño de hace años. Rusia, sin embargo, dio un salto con su T-14 Armata, al que le faltan cosas por pulir, pero ahí está. Ahora, con prisas, se acomete el programa MGCS (Main Ground Combat System), pero mientras tanto se intenta mejorar algún aspecto, como los cañones.

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Históricamente, a medida que aumentaba el calibre del cañón, aumentaba el peso del tanque y su capacidad destructiva. Así, desde la Segunda Guerra Mundial, se pasó de cañones de 75, 88 y 90 mm, a cañones de 105 mm. Tras estos llegaron los de 120 mm, que es el calibre más extendido y donde hay un líder indiscutible en el mundo occidental: el ya citado Rheinmetall con sus dos modelos, 120/L44 y 120/L55. Los rusos, que siempre usaron calibres diferenciados de los de la OTAN, desarrollaron otros ligeramente superiores, como sus actuales armas de 125 mm 2A46 para los carros T-80 y T-90 y el mejorado 2А82-1М, también de 125 mm, para el T-14 Armata.

Lo importante en un cañón

Para entender por qué unos cañones son más potentes que otros, hay que fijarse en dos características claves: calibre y longitud de tubo. En general un cañón es tanto más potente cuanto mayor es su calibre, ya que su proyectil es mayor, pesa más y lleva más explosivo. La longitud del tubo también es determinante. Cuanto más largo es el tubo, con mayor velocidad sale el proyectil, lo que se traduce en mayor energía cinética y, por tanto, mayor poder destructivo o capacidad de penetración. Por este motivo los cañones del Leopard evolucionaron del 120/L44 (versiones A4 y A5) al 120/L55 del A6 y del Leopardo 2E español.

El problema es que, a mayor longitud, el tubo se ve sometido a mayor presión y se necesita un arma más pesada, mejor construida, con mejores materiales y que, a la postre, resulta más cara. La longitud del tubo se expresa en “calibres”, es decir, la longitud dividida por el calibre. Así, por ejemplo, el extendido 120/L55 sería un cañón de 120 mm de calibre y cuya longitud es 55 veces su calibre, por tanto 6.600 mm o 6,6 metros.

Disparo de un M1A1 Abrams con su cañón M256 de 120 mm (USMC).
Disparo de un M1A1 Abrams con su cañón M256 de 120 mm (USMC).

Hace tan solo 15 años, pensar en un cañón de 130 mm para un carro de combate nos habría parecido una barbaridad en términos occidentales o un invento ruso, pues éstos siempre han sido muy dados a incrementar su potencia de fuego a base de aumentar el calibre, solución inmediata pero que tiene sus problemas. Sin embargo, no es la primera vez que en occidente se ensaya con grandes calibres. De hecho, la empresa francesa de armamento GIAT, hoy NEXTER, ya experimentó en 1996 con un arma de 140 mm para el que sería su carro principal, el Leclerc, y en 2019 volvió a desempolvar esta propuesta para incorporarla al programa de futuro carro de combate europeo o MGCS.

El cañón de 140 mm era, sobre todo en aquel año, una monstruosidad que quedó en nada. Ahora no parece tan descabellado, pero sigue siendo enorme. La propuesta de Rheinmetall, sin embargo, es mucho más realista y ya ha sido probada en un carro Challenger II, que es el actual tanque británico. Aun así, el cañón de 130/L51 ya plantea algunas dificultades. Frente al innegable aumento del poder destructivo, hay tres problemas inherentes al aumento del calibre.

Challenger II con el cañón de 130mm (Rheinmetall).
Challenger II con el cañón de 130mm (Rheinmetall).

El primero es el aumento de peso. El 130/L51 incrementa el peso en unos 400 kg sobre el del 120/L55, algo que parece poco, pero es enorme cuando los diseños, como el del propio Leopard, ya están en su límite de peso. El segundo es el propio peso de la munición, obviamente mayor y que ya no es manejable de forma manual, lo que implica que haya que poner un cargador automático, algo que tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes. El tercer problema es que la munición también es más voluminosa, por lo que o bien se habilita más espacio (torre todavía más grande) o se reduce la reserva de proyectiles.

Defensas: alarde tecnológico

Si el poder ofensivo del carro moderno no deja de aumentar, también lo hacen sus enemigos y, hoy en día, éstos son otro tanque, el combate urbano y, sobre todo, el misil contracarro. Para ello los carros adaptan sus defensas trabajando en (principalmente) tres frentes: defensa pasiva, detección y defensa antimisil.

La defensa pasiva incluye el tradicional blindaje en diferentes tipos: reactivo y placas mejoradas tipo sándwich (o Chobham), que funcionan a base de diferentes capas que disipan la energía del proyectil. Se trabaja en mejorar lo existente y en añadir más blindaje, con el problema de las limitaciones de peso y pérdida de movilidad. Lo suyo hoy en día es ir a blindajes modulares, con los que se consigue adaptar el equilibrio movilidad / protección a las circunstancias del combate.

Blindaje reactivo modular en un Abrams (US Army).
Blindaje reactivo modular en un Abrams (US Army).

Para la detección se trabaja, a su vez, en dos aspectos, limitar la detección y el ocultamiento. Parecen lo mismo, pero son cosas bien distintas, aunque ambos conceptos se basan en una obviedad: no se puede destruir un vehículo que no se ha detectado. Para limitar la detección existen unos conjuntos de redes de camuflaje 'a medida' de cada tanque, como los sistemas Barracuda, que no solo ocultan o camuflan el vehículo de la vista, sino que disipan su calor haciéndolo invisible a los sistemas infrarrojos.

La ocultación es, para entendernos, como la tinta del calamar. Una vez el vehículo ha sido detectado o atacado, unos sistemas automáticos lanzan una cortina que, no solo es de humo, sino de partículas que además de ocultarlo de la vista, desdibujan su imagen térmica. Ejemplo de esto, los equipos de la francesa NEXTER, adaptables a todo tipo de blindados.

Leopard danés con sistema de camuflaje Barracuda (SAAB).
Leopard danés con sistema de camuflaje Barracuda (SAAB).

Lo más sofisticado, complejo y caro son las defensas antimisil o APS (Active Protection System), Sistema de Protección Activa. El objetivo es evitar que el misil impacte en el carro destruyéndolo antes. Para ello el vehículo se dota de una serie de radares y sensores repartidos por su periferia. Estos sensores detectan el misil entrante y se lanza una granada de fragmentación que lo intercepta y destruye.

Entre los sistemas con buena reputación están el Trophy israelí, el ADS alemán y el Arena ruso. Los APS funcionan con gran eficacia, pero también tienen sus puntos débiles. Por un lado, las antenas, sensores y tubos lanzagranadas (situados en el exterior) son vulnerables y, además, la munición es limitada. Una vez usada, el carro debe retirarse o quedar desprotegido.

Abrams con blindaje modular y sistema Trophy (Rafael).
Abrams con blindaje modular y sistema Trophy (Rafael).

El Leopardo español: modernización urgente

El Leopardo 2E, superior a su equivalente Leopard A6 alemán, llegó al Ejército a finales de 2004. Entonces y durante unos cuantos años, España tuvo el mejor o uno de los mejores carros de combate del mundo. Pero desde entonces ha sufrido pocas mejoras de entidad. Esto ha hecho que, aunque sigue siendo un buen blindado, se vaya quedando poco a poco atrás frente a otros modelos que van evolucionando, como el Leopard o el Abrams.

Para nuestros Leopardos lo fundamental es implementar un sistema de protección activa que podría ser tanto el TROPHY como el ADS. Es caro, pero se debería instalar en casi todas las unidades, pues hoy por hoy nuestros tanques están muy desprotegidos frente a los misiles. Igualmente, se deberían adquirir una serie de conjuntos tipo Barracuda, que no serían necesarios para todos los vehículos, pero sí para equipar como mínimo unos 40 carros, el equivalente a un batallón.

Otro aspecto a mejorar es la capacidad en combate urbano. Para ello sería preciso modificar todos los carros sustituyendo la ametralladora de la escotilla del cargador por un sistema de arma remoto. También equipar a un mínimo de vehículos con un equipamiento similar al de los TUSK (Tank Urban Survival Kit) norteamericanos, que incluye blindaje modular, blindaje adicional en el suelo (antiminas), cámaras integradas de visión 360º y otras mejoras interiores, como un asiento del conductor colgado del techo, en lugar del actual anclado al suelo.

Carro de combate Leopardo 2E de la Brigada Extremadura XI. (Juanjo Fernández)
Carro de combate Leopardo 2E de la Brigada Extremadura XI. (Juanjo Fernández)

Para complementar el kit urbano, también sería necesario dotar a algunos carros de pala empujadora para eliminar obstáculos y un kit de arados o rodillos barreminas, algo que casi todo el mundo tiene desde hace años. Estos equipos, al igual que los de lucha urbana, serían de 'quita y pon' y bastaría con tener equipada una sección para combate urbano más otra con arados por batallón, es decir, 4 + 4 carros. Esto, a nivel global, permitiría al Ejército, con un desembolso moderado, mantener un subgrupo táctico con una fuerza de dos compañías (26-28 carros) equipadas para cualquier escenario.

En cuanto a poder ofensivo, no sería preciso reemplazar el cañón, pero sí trabajar en la munición, pasando de los dos tipos actuales, perforante tipo 'flecha' (APFSDS) y rompedora, añadiendo un tipo multipropósito de carga hueca, óptima para blindados medios y fortificaciones. Igualmente, mejorar el aspecto (hoy complejo y muy engorroso) de adaptar la dirección de tiro a cada tipo de munición.

En resumen, modificaciones necesarias si queremos que los Leopardo españoles estén preparados para combatir en cualquier escenario actual y se mantengan en primera línea. Al menos hasta que llegue (que tardará) el esperado nuevo carro de combate europeo dentro del programa MGCS, un programa en el que España debe estar.

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