El canario de 23 años que se rifan los famosos para ganar miles de seguidores en Instagram
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El creador de 'A qué animal te pareces'

El canario de 23 años que se rifan los famosos para ganar miles de seguidores en Instagram

El diseñador Daniel Betancort saltó a la fama después de crear uno de los filtros de Instagram más virales a nivel global y ahora su marca aparece junto a nombres como el de Cristina Pedroche

placeholder Foto: El joven Daniel Betancort, en Lanzarote. (Imagen cedida)
El joven Daniel Betancort, en Lanzarote. (Imagen cedida)

Creó un 'hit' que ha tenido más visitas que algunos videoclips de Justin Bieber. Su obra pasó a finales de 2019 por la cara de gente como El Rubius, todas las protagonistas de 'La casa de papel' o el cantante Paulo Londra... Pero, tranquilo, si no te suena el nombre del lanzaroteño Daniel Betancort, es algo bastante normal. Seguramente hasta tú hayas posado con su invento más conocido y ni siquiera lo sepas. Este joven canario es el autor del famoso filtro 'Parecidos razonables', que conquistó internet el invierno pasado relacionando caras con extraños animales, y aunque su nombre y su origen aparecen poco en todos los textos y referencias a este viral, su éxito le ha valido para crearse hasta una profesión.

Desde hace unos meses, y como explica él mismo en conversación con Teknautas, Betancort se dedica en exclusiva a crear estos desarrollos 3D para Instagram (pequeñas máscaras que se colocan sobre caras u otros objetos con diferentes diseños y temáticas desde el apartado de 'stories' de Instagram), y trabajo no le falta. Tras el tirón generado por su filtro, el más compartido hecho en español, se puso a crear otros similares con un funcionamiento parecido pero temáticas distintas, y su nombre empezó a correr como la espuma por la red social.

Foto: Jimena lleva 18 años trabajando como diseñadora de interfaz en internet.

En pocas semanas, 'influencers' y famosos comenzaron a escribirle porque querían tener sus propios filtros y ahora se pelean por su trabajo. De Cristina Pedroche a Violeta Mangriñan, pasando por Lucía Bárcena o Aretha Fusté, todas ellas tienen algún filtro propio, firmado con su nombre y apellidos, pero aunque en la marca ponga otra cosa, no son ellas quienes los han desarrollado, sino Daniel Betancort.

"Empecé con esto en octubre de 2019 y en ese momento apenas encontrabas tutoriales en internet sobre cómo hacer estos filtros, así que te tocaba echarle horas y experimentar con el programa. La verdad es que lo hacía todo por ocio y mis primeros filtros no llegaban a los 1.000 'compartidos', solo los usaban mis amigos, y a veces ni eso, eran bastante cutres", explica Betancort. Pero todo cambió con los animales. "Gracias a ese filtro, conseguí miles de seguidores y desde que lo lancé ha sido visto más de 2.000 millones de veces", apunta.

Con el paso de las semanas, le fueron llegando encargos y gente interesada y ahora dice realizar unos 20 filtros mensuales. ¿Cuánto cobra por desarrollo? Normalmente entre 70 y 300 euros, dependiendo de la complejidad, las horas y el tipo de diseño que se requiera. A sus 23 años, este canario de momento se encarga de todo el trabajo pero confiesa que ha llegado a pagar a un experto asiático para que le ayudase con el 'software' en momentos puntuales y no descarta escalar el negocio.

"Ahora mismo, vivo de esto. Obviamente, sé que es algo temporal, no va a durar para siempre, pero mi idea es continuar por esta rama y seguir estudiando diseño gráfico, diseño 3D y mil cosas más. En cuanto a lo que gano en estos momentos, tampoco te voy a engañar, ahora mismo gano muy bien por hora trabajada, pero para llegar a este punto he tenido que invertir cientos y cientos de horas que obviamente nadie me ha pagado. Esto no es tan simple como crear filtros y entregarlos, hay mucho trabajo detrás que nadie ve", explica Betancort. Pero ¿quién encarga uno de estos filtros y, sobre todo, para qué? Se trata de una especie de negocio 'metainfluencer'.

placeholder El filtro de Cristina Pedroche. (Imagen: Instagram)
El filtro de Cristina Pedroche. (Imagen: Instagram)

Negocio 'metainfluencer'

En principio, y como explica el propio Betancort, tener tus propios filtros no da beneficios directos en Instagram ni su uso genera ingresos como pudiera ser los visionados de YouTube (cualquiera puede utilizar una de estas máscaras sin pagar un duro tras 'tomarla' cuando alguno de los perfiles que sigue la está usando), pero el objetivo de quien paga por ellos es otro: la notoriedad y la promoción. Es una ventana interna más para que la gente te conozca, ganes presencia y puedas atraer más y más seguidores que posteriormente te ayuden a conseguir más campañas y mejorar tus ingresos. Además de dar una herramienta a tus fans para que te tengan presente en su día a día.

El mejor ejemplo de esto es el propio Betancort, que ganó más de 100.000 seguidores en semanas gracias al diseño de los animales. "Al final un filtro es una fuente constante de visitas e interacciones para un perfil. Yo, por ejemplo, gracias al de los animales conseguí 140.000 seguidores en dos semanas", apunta (ahora tiene 144.000). En un terreno tan competido como es el del 'marketing' de 'influencers', con cada vez más peleas por hacerse con las campañas, conseguir que un filtro tuyo se haga viral puede marcar la diferencia para que las marcas se fijen en ti y no en otro perfil similar pero con menos 'engadgement'.

Aunque, eso sí, el diseñador asegura que también hay gente tiene otras ideas cuando pide su propio filtro. "Quitando esto, creo que también es la ilusión de tener tu propio desarrollo personalizado y el poder usarlo en tu día a día. Vamos, no solo para los 'influencers', si no para cualquier persona que le dedique tiempo a Instagram diariamente".

Esto es clave, ya que aunque el joven canario se hizo famoso por un filtro muy específico y llamativo, ahora no se gana la vida con ese tipo de desarrollos, sino que se ha hecho todo un especialista de máscaras de belleza. Más delicados, menos excéntricos, más 'usables'. "Supongo que esto es como cualquier negocio, te vas ganando una fama y un nombre, y al final el boca a boca hace mucho, pero creo que el hecho de haberme especializado en filtros de belleza es lo que me ha diferenciado respecto a otros. En este apartado ya me sé absolutamente todos los trucos posibles y sé lo que gusta y lo que no".

Si uno echa un ojo a los diferentes diseños realizados por este español, pronto ve algunos patrones que definen este tipo de máscaras. Algo de colores, juego con los brillos y toques florales o animales muy sutiles. La idea no es sacar una sonrisa o deformar la realidad sino mejorar tu imagen y eso, como explica Betancort, puede ser fácil de hacer de forma sencilla pero perfeccionar la técnica precisa de horas y muchas pruebas en un programa concreto.

Porque el negocio 'metainfluencer' llega hasta el 'software'. Para realizar estos diseños tienes que usar el propio 'software' que te ofrece Facebook, matriz de Instagram, y cuyo nombre es Spark AR Studio. "Crear un filtro simple no es para nada complicado y animaría a todo el mundo a intentarlo, pero si quieres tomártelo en serio prepárate para echarle horas y horas", apunta Betancort. Uno de los puntos a favor que tiene que sea todo interno es que solo necesitas un ordenador y un móvil con estos programas gratuitos para realizar el producto, pero a cambio las opciones se limitan muchísimo y, obviamente, todo se queda dentro de Instagram.

Un calco de Snapchat con recorrido

Por todo lo explicado, este lanzaroteño tiene claro que a pesar de que está claro el negocio y que todo va viento en popa, seguramente su éxito no dure más de unos meses o años, pero lo cierto es que hay gente que ya lleva al menos desde 2018 viviendo de esto y su popularidad está en pleno crecimiento. Estos desarrollos vienen de la época de explosión de la ya casi olvidada Snapchat, donde la plataforma sí paga a un grupo de desarrolladores que gastan su tiempo en crear distintas máscaras. Instagram vio el potencial, calcó la idea, liberó el 'software' para que cualquiera los pudiese crear y con la popularización de los 'stories' su fama se ha disparado.

En la actualidad hay multitud de diseñadores más o menos profesionales como Betancort, pero el caso más llamativo quizá es el de Yulya Kors, una modelo rusa que ha creado (al menos llevan su nombre en la firma) filtros utilizados en todo el planeta y que han llegado a cantantes como Rosalía o famosas Kylie Jenner. Aparecer más guapa, más morena o con más luz son algunos de los logros que consiguen los filtros de Kors, pero también hay quien deja la belleza y hasta intenta crear obras de arte como Ines Alpha o Allan Berger.

El diseño 3D ha visto aquí un 'boom' que no parecía encontrar en otros espacios e incluso en Snapchat te puedes ganar la vida con ellos. En el entorno de la 'app' del fantasma, también abierto a la comunidad pero ahora con menos tirón, medios como CNN destacaban hace un tiempo casos como el de Ana Casciello, una adolescente de 18 años que se hacía de oro como diseñadora 'oficial' de la red social y vendía sus paquetes de filtros por plataformas como ETSI a 50 dólares. Y todo tirando de Lens Studio, el 'software' lanzado por la red social. El parecido con el caso de Instagram es más que claro.

Aún es difícil saber si esta moda de las máscaras pasará o cuando lo hará, pero contando con que ahora mismo los formatos de 'stories' están en auge entre empresas y marcas para intentar promocionar sus productos de forma eficaz y que todas las redes se están lanzando hacia este tipo de narrativa parece difícil pensar en la desaparición de los filtros.

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