30 millones de euros en daños

La invasión de los topillos: vuelve la plaga que arrasa cultivos y contagia enfermedades

El roedor que arrasó los campos de Castilla y León hace 12 años ataca de nuevo mientras agricultores y científicos discrepan sobre la forma de abordar el problema

Foto: Topillo Campesino. (Wikipedia)
Topillo Campesino. (Wikipedia)

“Ya están por los pueblos, en los jardines y en las piscinas. Los topillos se han convertido en el tema conversación de la gente que está pasando el verano en Castilla y León”, se lamenta Donaciano Dujo. Como presidente de la organización agraria ASAJA de la comunidad, está preocupado por las pérdidas económicas que la plaga de roedores está causando en la agricultura, pero también por la imagen que se proyecta y, sobre todo, por la tularemia, una enfermedad que, según todas las este animal puede estar contagiando al hombre.

La Red de Vigilancia Epidemiología de la Junta de Castilla y León ya ha confirmado 28 casos de esta enfermedad y estudia 31 más. No parece haber dudas de la vinculación entre esta infección bacteriana con la expansión del topillo campesino (Microtus arvalis), una especie que se hizo famosa en 2007, cuando arrasó los campos castellanos a la vez que se diagnosticaban cientos de enfermos de tularemia, una patología desconocida en España hasta pocos años antes.

El líder de ASAJA reconoce en conversación con Teknautas que por el momento la situación no es tan grave como la de hace 12 años, pero advierte de que no está controlada. Según sus cálculos, la superficie afectada alcanza al 20% de la comunidad autónoma más extensa de España e incluye comarcas de las provincias de Palencia, Zamora, León, Burgos y Valladolid. “Es una plaga preocupante y se está extendiendo hacia el norte, no se trata sólo de daños económicos, que calculamos ya en 30 millones de euros, sino que es un problema sanitario porque la enfermedad se contagia a agricultores, la gente de la zona y los visitantes”, afirma.

Dos enclaves de Palencia –los primeros casos de tularemia también corresponden a esta provincia– están en el punto de mira como origen del problema: los alrededores de la Laguna de La Nava y la localidad de Frómista, donde existen sendas zonas de especial protección para las aves (ZEPA). Es la comarca de Tierra de Campos, emblema de Castilla y agrícola por definición.

“Los focos siempre se inician en estas dos localizaciones, son lugares de propiedad pública que están abandonados y en los que falta mantenimiento; hay cunetas de caminos y carreteras, arroyos y ríos en los que no se realizan las labores de limpieza que son necesarias año tras año”, comenta Dujo. De hecho, “las administraciones no han hecho nada desde 2007 para que la situación no se vuelva a producir”.

Topillos consolándose. (Zack Johnson)
Topillos consolándose. (Zack Johnson)

Sin embargo, los biólogos están completamente en desacuerdo con esta opinión. “Lo que defienden los agricultores es justo lo contrario a la evidencia de la que disponemos. En las lindes con vegetación hay más depredadores de topillos y los mantienen a raya”, destaca Javier Viñuela, científico del Instituto de Investigación de Recursos Cinegéticos (IREC, centro mixto del CSIC y la Universidad de Castilla La Mancha).

La actual estrategia de la Junta de Castilla y León se apoya en las recomendaciones de los científicos, apostando por regenerar espacios de vegetación natural para favorecer a los depredadores terrestres, así como por la instalación de cajas nido con aves que se alimentan de roedores, como cernícalos y lechuzas.

Adiós al “veneno y fuego”

Según Viñuela, hasta ahora la administración regional no se había tomado en serio este tipo de actuaciones y cedía ante las quejas de los agricultores, que rápidamente solicitan medidas contundentes: “Veneno y fuego”, resume. El problema de los venenos rodenticidas que se solían utilizar en estos casos –ya no están autorizados– es que se acumulan y acaban por afectar no sólo a los roedores sino también a sus depredadores, así que acababa siendo contraproducente. No obstante, existen alternativas como el fosfuro de zinc, que se utiliza en Alemania, y no tiene esos efectos, pero en España no se ha probado.

La situación de 2007 fue tan desesperada que todas las ideas eran bienvenidas, hasta las más rocambolescas, como un dispositivo que introducía una mezcla de gas propano y oxígeno en las madrigueras. “Este año, afortunadamente, no se están haciendo ese tipo de cosas, pero sí se están limpiando cunetas y caminos, lo cual a estas alturas no sirve para nada, porque destruye el hábitat para los depredadores de topillos y, por lo tanto, se sigue favoreciendo que en el futuro haya problemas”, advierte el experto.

El tratamiento con rodenticidas (conocidos comúnmente como raticidas) para acabar con la plaga de topillos que se produjo en Castilla y León entre 2006 y 2007 pudo favorecer la propagación de la tularemia, enfermedad infecciosa que afecta en especial a roedores, liebres y conejos, pero también a humanos. (EFE)
El tratamiento con rodenticidas (conocidos comúnmente como raticidas) para acabar con la plaga de topillos que se produjo en Castilla y León entre 2006 y 2007 pudo favorecer la propagación de la tularemia, enfermedad infecciosa que afecta en especial a roedores, liebres y conejos, pero también a humanos. (EFE)

Viñuela considera que el problema no tiene solución sin cambios drásticos en la actividad agrícola, ya que en Tierra de Campos se produce una combinación de factores clave, descritos por él y otros colegas en una publicación de 2015. Por una parte, hay mucha alfalfa de secano, un cultivo muy favorable para los topillos. Además, es habitual la siembra directa, una técnica agrícola en la que no se labra el suelo para acabar con las malas hierbas, sino que se utilizan herbicidas, con lo cual no se destruyen las huras de los roedores. Y finalmente, los agricultores introducen cultivos de invierno –sobre todo colza y leguminosas forrajeras– que propician la supervivencia y la reproducción de estos animales en los meses más fríos. Para colmo el paisaje está muy deforestado, de manera que no hay depredadores terrestres que se alimenten de topillos.

Hasta hace poco este roedor de montaña era un desconocido en el valle del Duero. “Su origen es centroeuropeo y está acostumbrado a comer en pastizales verdes. El factor limitante de la meseta norte eran los veranos cálidos y secos, en los que no queda una brizna de hierba verde en el campo, pero el regadío ha favorecido que haya parcelas verdes en pleno verano”. De hecho, la plaga de este año se ha desplazado más al norte que hacia el sur, como ocurrió en 2007, probablemente porque es un año mucho más seco y carecen de alimento en comarcas más meridionales, según algunas interpretaciones.

Otros cambios en el campo, como la concentración parcelaria o la reducción de la cabaña ganadera, podrían explicar también parte del problema, así como el cambio climático, puesto que los inviernos suaves son favorables a esta especie.

De hecho, hay circunstancias meteorológicas concretas que parecen clave: “Hemos visto que las primaveras lluviosas, los veranos suaves y los otoños secos, en los que se retrasa el labrado o no se labra, favorecen a estos roedores”, asegura el experto. En 2018 ocurrió exactamente esta secuencia que, posiblemente, haya ayudado a la expansión poblacional del topillo que se aprecia en la actualidad. De hecho, los agricultores comenzaron a detectar en problema en diciembre del año pasado.

No obstante, aparte de estos factores, las plagas de topillos y otros animales similares responden a ciertos ciclos, según recoge un estudio publicado en junio de este año. Su población aumenta vertiginosamente hasta que acaba colapsando por sí misma, pero no se sabe por qué sucede. “Es la pregunta del millón, se lleva estudiando un siglo y tenemos pocas cosas claras. Una de ellas es que tiene que haber factores que disminuyen la población que sólo actúan cuando se ha alcanzado una determinada densidad, no antes”, señala Viñuela.

Hemos visto que las primaveras lluviosas, los veranos suaves y los otoños secos, en los que se retrasa el labrado, favorecen a estos roedores

Entre estos factores podrían estar las enfermedades, de manera que la propia tularemia es el mejor candidato para explicar esta demografía cíclica en el caso del topillo castellano. “Cuando está en baja densidad, no se encuentran topillos que sean portadores de la enfermedad, pero en estos momentos la prevalencia es altísima, entre el 30 y el 50% de los ejemplares la tienen. Esto favorece que haya una alta mortalidad y que al final desaparezcan”, afirma el experto.

El enigma de la tularemia castellana

Elías Fernando Rodríguez Ferri, presidente de la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León (AVETCYL), es autor del libro ‘Tularemia, una aproximación a su estudio integral en Castilla y León’ y explica las claves de la enfermedad provocada por la bacteria Francisella tularensis.“Hay dos variedades importantes, el tipo A puede ser extremadamente grave y se da en Norteamérica, mientras que el tipo B ocurre por todo el hemisferio norte y es más leve”, comenta.

En este segundo caso, el que afecta a Castilla y León, los tratamientos farmacológicos a base de antibióticos son muy efectivos y la mayor parte de los casos no necesita hospitalización. No obstante, los síntomas son muy llamativos y desagradables, con la aparición de bubones, ganglios infartados en las axilas o el cuello, que pueden llegar a supurar.

Una herida en la mano provocada por la tuleramia. (Foto: Wikipedia)
Una herida en la mano provocada por la tuleramia. (Foto: Wikipedia)

En España la aparición de tularemia es muy reciente y tiene una particularidad que los investigadores aún no se explican: sólo afecta a la meseta norte. “Es sorprendente que esta enfermedad sólo se describa en Castilla y León mientras que en Francia o Alemania se reparte por toda la geografía”, comenta el experto.

El primer brote epidémico tuvo lugar en 1997 y, según los datos oficiales del Laboratorio de Sanidad Animal de León, las liebres son el principal transmisor. De hecho, “tradicionalmente las mujeres de los cazadores, que manipulaban la liebre en la cocina para guisarla, son las más afectadas”, comenta Rodríguez Ferri. Sin embargo, el episodio de 2007 hace que se vincule irremediablemente con los topillos.

El extraño contagio de 2007

Los expertos coinciden en que se trató de una “epidemia rarísima”. El mal uso del veneno, que se liberó en el pico de mayor densidad de los roedores y justo antes de la cosecha, pudo tener un resultado desastroso. “El campo se llenó de cadáveres de topillo con tularemia, se cosechó y muchas personas se contagiaron por inhalación debido al polvillo que sueltan las cosechadoras. Es una vía de contagio bastante extraña en esta enfermedad”, apunta el investigador del IREC.

Precisamente, los científicos son los más precavidos: “Llevamos años trabajando en esto, cogiendo miles de roedores, y ninguno de nosotros ha tenido la tularemia”. Según explica, basta con guardar un poco de precaución, evitar el contacto directo con los animales o respirar el polvo de las zonas más infectadas. Y muy importante: “Hay que retirar los cadáveres”.

La tuleramia también se puede transmitir de la liebre a los humanos.
La tuleramia también se puede transmitir de la liebre a los humanos.

El presidente de la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León se muestra cauto a la hora de vincular la tularemia a especies concretas y recuerda que en 2014 hubo un brote en el que, además de afectar a las liebres y a los topillos, se detectaron casos en conejos de monte, ratones y musarañas. Además, considera que existe un problema para estudiar bien esta cuestión, ya que “los diagnósticos se realizan de forma indirecta, no se aísla la bacteria en el laboratorio, sino por métodos moleculares”, lo cual deja la puerta abierta a algunas dudas.

En cualquier caso, “no se conoce cuál es el reservorio principal”, es decir, la especie animal que mantiene a la bacteria entre unos brotes y otros. Podrían ser parásitos invertebrados, como pulgas y garrapatas, o microorganismos de aguas estancadas. No obstante, sí parece claro que una plaga de topillos es un factor decisivo para que la enfermedad salte al ser humano, tal y como apuntan algunas investigaciones. Por eso, científicos, administración y agricultores tratan de evitar que se vuelva a producir.

“Que no haya una tercera vez”

En ese sentido, el científico del IREC tiene claro cuál es el ejemplo que se debería seguir: Villalar de los Comuneros, el pueblo donde tuvo lugar la histórica batalla que hoy en día sirve para conmemorar el Día de Castilla y León: “Villalar fue uno de los lugares más afectados en 2007 y no ha vuelto a tener problemas serios porque se ha conseguido estabilizar la población al instalar cajas nido e incrementar la presión de cernícalos y lechuzas. En otros lugares no funciona, pero allí sí porque el paisaje es más diverso, hay más árboles, linderos mejor conservados y sitios que favorecen a los depredadores”.

A pesar de todo, los profesionales del campo se muestran muy escépticos con este tipo de actuaciones. “En realidad la cigüeña es el animal que más topillos come, pero hay tal cantidad que con esos métodos es imposible controlar una plaga”, señala el presidente de ASAJA Castilla y León. Donaciano Dujo reconoce que, como agricultores, no tienen los conocimientos técnicos de los científicos. Sin embargo, “hay cosas que nadie sabe mejor que nosotros, pero no nos preguntan”, se queja. En cualquier caso, tras la catástrofe de 2007 y los temores de este año sólo pide “que no haya una tercera vez”.

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