PUGNA POR UNA VARIEDAD PROTEGIDA

Un murciano reta a la familia real marroquí en la UE por la patente de una mandarina

El Supremo eleva al tribunal de la UE una pregunta sobre si puede usar una variedad protegida registrada por una empresa de Rabat. 86 agricultores ya han sido sancionados

Foto: La variedad Nadorcott es propiedad de una empresa de la familia real marroquí.
La variedad Nadorcott es propiedad de una empresa de la familia real marroquí.

Se llaman Nadorcott y es una variedad de mandarina protegida tan conocida entre los agricultores como en los juzgados. Desde 2006, cuando una empresa propiedad de la familia real marroquí logró registrarla como variedad protegida, ha protagonizado más de 80 pleitos entre agricultores que la plantaban como toda la vida y que fueron perdiendo al no pagar 'royalties'. Pero ahora uno de ellos, José Cánovas, de Alhama de Murcia, puede haber encontrado un resquicio para mantener sus 4.457 mandarinos con esta variedad. Su caso es tan singular que antes de tomar una decisión el Tribunal Supremo ha preguntado al Tribunal de Justicia de la UE cómo abordarlo.

Para comprender el caso de la Nadorcott hay que remontarse a 1988. Entonces un ingeniero agrícola de Valencia con buenos contactos en Marruecos trajo a España unas varillas de mandarinos que estaba comenzando a plantar la empresa Les domaines agricoles, de la familia real marroquí. Fundada por Hassan II en 1960, es de los grandes terratenientes del país y exporta 120.000 toneladas de fruta y verdura al año. Las varillas empezaron a circular por Valencia por el método tradicional: los agricultores injertaban unos cuantos ejemplares de mandarinos y probaban a ver qué tal funcionaban. La Nadorcott —conocida en Marruecos como afourer— no es especialmente sabrosa o cara pero se pela muy fácilmente, no tiene pepitas y madura tarde, casi en primavera, cuando el mercado ya está seco de mandarina. Así que era buen negocio.

Mientras las plantaciones de la variedad Nadorcott se expandían sin control, la empresa Nadorcott protection SARL, con sede en Francia, pedía el registro europeo. El trámite duró una década y en 2006 al fin consiguió la 'patente'. Las variedades tradicionales no se pueden registrar, pero sí aquellas que suponen una innovación y muchas de las cuales han sido desarrolladas en el laboratorio. En el campo español hay quien sostiene que en realidad esa variedad ya existía aquí pero a estas alturas ya es irrelevante: legalmente, la Nadorcott es una mandarina registrada por esta empresa y quien la plante debe pagar 'royalties'.

Nueve casos están pendientes de sentencia, 19 han sido condenados en firme y solo un agricultor ganó alegando que era un caso ya juzgado

Nadorcott comenzó entonces una serie de pleitos e inspecciones para controlar el mercado de las mandarinas. Agricultores de Valencia y Murcia comenzaron a recibir demandas del Club de Variedades Vegetales, una asociación creada en Valencia hace una década para defender la propiedad industrial de cuatro cítricos con derechos. Uno de ellos es Nadorcott, cuya titular en España es la empresa Carpa Dorada. Desde entonces, el club ha interpuesto 85 demandas a agricultores, de las que "56 han finalizado mediante acuerdo (extrajudicial o judicial) antes de dictarse sentencia y en todos los casos los infractores han abonado una indemnización y han eliminado la variedad mediante arranque o reinjerto de los árboles o regularizado sus plantaciones adquiriendo licencias de un tercero", según la gerente del club, Reyes Moratal.

Nueve casos están pendientes de sentencia, 19 han sido condenados en firme y solo un agricultor ganó alegando que era un caso ya juzgado. Durante años, el club pagó inspectores para buscar mandarinas sin papeles. Muchos regularizaron pagando en 'royalties' siete euros por árbol, lo que en total da unos 15 millones de euros. Para no hundir el precio los dueños de la licencia en España intentan mantener la producción estable y que no crezca el cupo.

El sector ya parecía tranquilo —o menos agitado— aunque algún caso coleaba en los juzgados. Uno de esos denunciados fue José Cánovas, un agricultor de Alhama de Murcia (21.000 habitantes al pie de Sierra Espuña, Murcia), que no ha querido hablar para esta información. La abogada del Club de Variedades, Isabel Pérez Cabrero, cuenta que en primera instancia el agricultor ganó el caso. Consiguió defender que la reclamación estaba prescrita porque habían pasado más de tres años desde que el club de variedades sabía que estaba plantando Nadorcott. "En segunda instancia nos la dieron a nosotros, dijeron que no había prescripción porque se aplicaba la doctrina de los actos continuados; es decir, que mientras siga existiendo la infracción no empieza a contar el plazo de prescripción", señala la letrada. Entonces el agricultor fue condenado a pagar 31.199 euros, a siete euros por árbol.

El caso quedó entonces en manos del Supremo, que iba a fallar en diciembre pasado. Pero durante la deliberación, y ante la falta de acuerdo, antes de decidir planteó una cuestión prejudicial al Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre cuándo prescribe la infracción. El reglamento europeo que regula la protección de variedades vegetales establece que el derecho a reclamar "prescribirá transcurridos tres años a partir de la fecha en la que se haya concedido finalmente la protección comunitaria de obtención vegetal y el titular haya tenido conocimiento del acto y de la identidad del infractor". Pero el tribunal duda sobre cómo interpretarlo si la infracción sigue. No es habitual que el Supremo eleve el caso antes de decidir, así que Cánovas ha abierto una brecha en el sistema. De ganar, podría seguir plantando sus mandarinas sin pagar 'royalties' que acaben en Rabat, un hito en el campo español.

La industria agrícola se juega mucho en el uso de las mejores variedades genéticas y no repara en gastos legales

Aunque quizá no sirva para el resto de agricultores que han denunciado el acoso de Nadorcott. El caso de esta mandarina ha suscitado distintos litigios ante la Audiencia Nacional y ante la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia. La industria agrícola se juega mucho en el uso de las mejores variedades genéticas y no repara en gastos legales.

En los últimos años han proliferado los conflictos por el uso de variedades protegidas. Muchos agricultores han aprendido a base de condenas en los tribunales que ya no pueden plantar como antiguamente lo que les apetezca y que la propiedad industrial ha llegado al campo. A menudo son luchas similares a la de Goliat contra David, pero en ocasiones hay pleitos entre gigantes. Es el caso que desde hace una década enfrenta a la Universidad de California Riverside (UCR) y la empresa de Córdoba Euro­se­millas ​frente a Les domaines agricoles. La empresa ligada a la familia real marroquí considera que su variedad de mandarina tango es una derivada de la Nadorcott, pero estos sostienen que fue desarrollada en un laboratorio en California. El caso está en el juzgado mercantil uno de Valencia desde hace una década.

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