clonación, bioética y muchas palomas

Ponga usted un mamut en su casa, o cómo la genética puede desextinguir especies

La extinción es la mayor de las muertes, algo que podría cambiar pronto. Algunos investigadores luchan por recuperar estos animales desaparecidos... mientras se enfrentan a retos y críticas

Foto: Escena de 'Ice age'
Escena de 'Ice age'

Más del 99% de las especies que han existido desde que surgió el primer ser vivo están extinguidas. No hay nada malo en ello, puesto que la misma evolución se basa en la renovación constante de la biodiversidad. Pero en ocasiones, esta desaparición es forzada por la actuación del ser humano con graves consecuencias para los ecosistemas y la biodiversidad del planeta. Y por eso algunos investigadores, nada acobardados por los retos tecnológicos y éticos que plantea, han decidido actuar para resucitar especies que han dejado de existir antes de lo previsto por nuestra culpa.

La desextinción del mamut es uno de los ejemplos que suele ocupar más espacio en los medios debido a la espectacularidad de estos animales, aunque la lista de nombres es larga. El tigre de Tasmania, el bucardo español y la paloma migratoria también han ocupado el trabajo de equipos de investigación por todo el mundo.

"La posibilidad de recuperar especies extintas mediante tecnologías crea un problema mayor", aseguraba el investigador de la Universidad de Otago, Philip Seddon, en Science. Porque, "si la desextinción se convierte en realidad, ¿qué seres vivos deberían ser resucitados, y en qué hábitats los introduciríamos?".

La respuesta a esta pregunta depende de muchos factores. El bucardo, una cabra montesa que habitaba el Pirineo y cuyo último ejemplar murió en 2000, no ha visto muy alterado su hábitat en estos 15 años. La caza acabó con este animal, pero no hay motivos para pensar que tendría problemas de ser resucitada y reintroducida en su antiguo hogar.

Otras extinciones más antiguas plantean serias dudas sobre la reintroducción. El mundo en el que vivieron los mamuts hasta hace unos 3.700 años hace tiempo que dejó de existir, y parece improbable que estos elefantes peludos pudieran sobrevivir fuera de ecosistemas muy concretos como el siberiano.

El primer intento de resucitar al bucardo terminó con la muerte del cabrito por fallos respiratorios a los dos minutos de nacer

Si reintroducir especies resucitadas sería un problema, la situación legal de estos animales es harina de otro costal. "El animal extinto que se revive no tiene derechos, existe porque nosotros lo creamos". No es una frase que salga de la boca de ningún experto, ya que proviene del villano principal de la segunda parte de Jurassic Park, pero aun así resume a la perfección esta problemática. Hablamos de seres vivos que, desde su mismo nacimiento, estarían en peligro crítico de extinción.

Estas dificultades no desaniman a los defensores de la desextinción, que además suelen perseguir objetivos menos ambiciosos que el de los mamuts. "La extinción es la mayor de las muertes", comenta en una de sus charlas TED el biólogo Stewart Brand que, a sus 76 años, es uno de los mayores paladines de la clonación como método para recuperar la biodiversidad perdida.

Brand se ha afanado en recuperar la paloma migratoria, un ave cuya población llegó a ser de 5.000 millones antes de la Conquista de América, y que fue decayendo hasta desaparecer en un par de décadas. Marta, el último ejemplar, murió a la avanzada edad de 29 años en 1914. Gracias al material genético recuperado se podrían clonar nuevos ejemplares, aunque el reto sería conseguir la cantidad adecuada de unos pájaros cuyas bandadas alcanzaban con facilidad el millón de animales.

La breve resurrección del bucardo

Reintroducción, ética, legalidad... La lista de dificultades a las que se enfrenta la desextinción ya es larga antes de hablar siquiera de los retos tecnológicos. Desde que en 1996 la opinión pública conoció a la oveja Dolly y comenzó a asimilar el potencial y los peligros de la clonación, se barajó la recuperación de especies perdidas como una de sus aplicaciones.

La resurrección de animales como el mamut conlleva el problema de reintroducir un animal cuyo mundo hace miles de años que dejó de existir

Cualquiera que conozca la historia de Dolly (o haya visto El sexto día) conoce el principal problema de esta técnica genética. La oveja más famosa del mundo vivió tan sólo seis años, la mitad que el resto de sus congéneres. Algo similar sucedió con los primeros intentos de resucitar el bucardo por parte de investigadores españoles: el cabrito murió por fallos respiratorios minutos después de su nacimiento.

El proceso de clonación requiere, obviamente, material genético de la especie extinta. De sus células se extrae el núcleo (donde se encuentra el ADN), y este se implanta en un óvulo al que se le ha extraído esta parte. Tras eso, se implanta en una madre lo más parecida posible: otra cabra montesa en el caso del bucardo, un elefante en el del mamut.

Aunque se intente que el feto resultante sea de la especie perdida, es inevitable que la madre ponga algo de su parte en el que será su hijo. El resultado es que, tras tantos problemas éticos y retos tecnológicos, el nuevo especímen pertenecería a una nueva especie artificial. Muy similar a la original, pero diferente. Quizá haya que apostar por la desextinción, o puede que sea mejor preocuparse por salvar las especies que hoy en día sobreviven como pueden.

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