creado con fines fundamentalmente militares

Condenado a permanecer en tierra: la historia del transbordador espacial soviético

En la URSS de mediados de los años setenta, el programa 'shuttle' de la NASA sonó a amenaza nuclear. Así que puso en marcha su propio programa Buran, con fines principalmente militares

Foto: Condenado a permanecer en tierra: la historia del transbordador espacial soviético

A mediados de junio de este 2015 aparecieron en la red varias imágenes de lo que podría haber sido el transbordador soviético de no haberse venido abajo la Unión Soviética. Captadas por Ralph Mirebs, un fotógrafo que logró colarse en una nave abandonada del cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, las imágenes muestran una serie de vehículos, calcados a los shuttles que la NASA operó entre 1981 y 2011 en diferentes estados de construcción, con la ligera diferencia de contar con una hoz y un martillo dibujadas en sus alas. 

La historia del transbordador soviético es hija de la época en la que se gestó. Cuando la NASA abandonó el programa Apolo para abrazar el shuttle lo hizo con un objetivo: que esa nave sirviera de transporte para una futura estación espacial que la agencia construiría en el futuro. Uno de los organismos que colaboró en el desarrollo del transbordador fue el Departamento de Defensa ya que iba a utilizar la capacidad de carga de la nave —podía colocar hasta 24 toneladas en órbita terrestre— con fines militares de manera ocasional. Un documento desclasificado en 2011 confirmó que el compartimento de carga se diseñó específicamente para el satélite espía KH9-HEXAGON.

En la URSS de mediados de los años setenta ese concepto sonó a amenaza nuclear. ¿Para qué podían querer los estadounidenses una nave con semejante capacidad de carga si sólo estaba diseñada para orbitar la Tierra? Así se puso en marcha, a mediados de la década, un programa para competir con el transbordador de la NASA aunque sus fines iban a ser prácticamente militares.

El programa espacial soviético se diferenció del estadounidense en un aspecto fundamental. A diferencia de la NASA, que centralizaba todas las operaciones relacionadas con el espacio, la URSS delegó la exploración espacial en diferentes organismos, lo que explica que el proyecto del transbordador conviviera con la estación Salyut, y la posterior Mir, o las naves Soyuz que transportaban astronautas al espacio.

En 1974 se creó el NPO Energia, un organismo liderado por Valentin Glushko, colaborador de Sergei Korolev y alumno de Konstantin Tsiolkovsky, padres del programa espacial soviético. Energia se encargó de diseñar un transbordador todavía más grande que el de la NASA y un cohete con la suficiente potencia como para ponerlo en órbita. El cohete, también llamado Energia, podía poner en el espacio una masa de hasta 80 toneladas —que habrían reducido el coste y tiempo de construcción de la Estación Espacial Internacional, de haberse adoptado durante su construcción—. La nave rusa tenía una bodega de carga más grande que la norteamericana, 30 toneladas por 24, podía alargar sus vuelos hasta los 30 días en el espacio y no precisaba del factor humano para aterrizar.

El componente militar del transbordador soviético permitió a Valentin Glushko diseñar una nave que albergara en su bodega los vehículos necesarios para llevar a cabo un descenso lunar o viajar hasta Marte. Ambos proyectos nunca llegaron a ponerse sobre la mesa una vez que el programa Apolo cumplió su objetivo pero el transbordador logró la financiación necesaria bajo la vaga promesa de que mostraría su potencial una vez montado y puesto en órbita.

Pasaron los años hasta que el diario Pravda anunció, el 30 de septiembre de 1988, la creación de un nuevo vehículo espacial soviético que iba a competir con el transbordador norteamericano. El Buran, cuya traducción se asemeja a tormenta de nieve, iba a ser el primer vehículo en hacer un vuelo de prueba, aunque la agencia Energia había construido varios vehículos: hasta ocho se utilizaron para diferentes pruebas mientras que la construcción de varios gemelos del Buran —Pitchka, Baikal— se encontraba en diferentes estados: Pitchka debía estar listo para 1990 mientras que Baikal tenía una fecha de entrega prevista para 1992.

Antes de poner en órbita toda la flota, Energia probó el Buran en un vuelo de prueba no tripulado que tuvo lugar el  15 de noviembre de ese 1988. Después de dos órbitas y algo más de tres horas de vuelo, la nave que se movía de manera autónoma fue capaz de aterrizar con una precisión matemática: a tres metros del centro de la pista y con un segundo de adelanto sobre el horario previsto.  

La misión fue un éxito pero el ministerio de defensa soviético aprobó que el transbordador tuviera una frecuencia de vuelos menor de la esperada. El Kremlin autorizó cuatro nuevos lanzamientos que se sucederían de 1991 a 1994, a razón de uno por año y sólo el último de esos cuatro contaría con cosmonautas a bordo. En el momento de dar luz verde a los diferentes lanzamientos, el transbordador estadounidense ya llevaba siete años surcando el espacio y no había materializado los peores augurios comunistas, que daban por hecho que sería capaz de abandonar la órbita para planear hasta territorio soviético y lanzar bombas nucleares sobre Moscú.

Pero el Buran y sus compañeros de fatigas ni siquiera tuvieron la oportunidad de cumplir con ese plan menos optimista de Moscú. La caída del muro de Berlín unida al colapso de la URSS significaron el cierre de Energia para que el programa espacial ruso se centrara en los dos componentes de su programa espacial tripulado que todavía estaban en activo y de los que estaba sacando un rendimiento: la nave Soyuz y la estación espacial Mir. Fue Boris Yeltsin el encargado de firmar la muerte del programa.

Destruidos y desperdigados por Rusia

El único vehículo que voló al espacio, el Buran, quedó hecho trizas el 12 de mayo de 2002 después de que el techo del edificio 112 del cosmódromo de Baikonur donde se encontraba se viniera abajo —supuestamente causando la muerte de ocho operarios— cuando se intentó arreglar el deterioro de las instalaciones en las que todavía se conservaban los diferentes modelos de transbordadores soviéticos. 

Los que han sobrevivido el paso de los años son los diferentes modelos que quedaron a mitad de construcción, que Mirebs fue capaz de fotografiar semanas atrás, y que permanecen abandonados en un hangar en Baikonur. Los prototipos que se utilizaron para realizar diversas pruebas antes del primer vuelo orbital han corrido suerte dispar: uno de ellos está expuesto en el Technik Museum de Speyer, en Alemania, mientras que otros han quedado destruidos, han servido de atracciones turísticas o hasta de almacén de bicicletas. Desde 2007 el cosmódromo de Baikonur cuenta con su propio ejemplar, restaurado y a la vista del gran público.

Pasados los años, hasta en Estados Unidos se cuestiona la utilidad del transbordador en la carrera por conquistar el espacio justo después de haber pisado la Luna a finales de los sesenta. Que el Buran se convirtiera en un fracaso no sólo respondió a la caída de la Unión Soviética sino a la falta de utilidad de un vehículo cuyas funciones —colocar cargas en órbita y llevar astronautas al espacio— ya estaban más que cubiertas en el programa espacial ruso.

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