ANIVERSARIO DE UN CLÁSICO

30 años de Tercer Tiempo: cómo sobrevive el garito más auténtico de Madrid

Desde julio de 1986 Juanfran cierra la noche del centro de Madrid. Ni la crisis ni los años han podido con él. "Un bar es como un barco", resume el capitán

Foto: Juanfran en el Tercer Tiempo. Foto: Ernesto Torrico
Juanfran en el Tercer Tiempo. Foto: Ernesto Torrico

“La literatura transcurre a menudo en bares inmundos, nada literarios. No tienen wifi, hay cáscaras de cacahuetes en el suelo, nadie escribe versos en sus mesas, el café es normalito, no hay papel higiénico… pero son bares perfectos”. Cuando Juan Tallón escribió esto no lo sabía pero estaba hablando del Tercer Tiempo, el que probablemente sea el garito más auténtico de Madrid, y uno de los más resistentes. El antro, que recoge de madrugada a los que han decidido no progresar en la oficina, acaba de cumplir 30 años. Tres décadas con Juanfran escuchando detrás de la barra. Ya que nadie le hizo una canción en su día es un buen momento para dedicarle como mínimo un artículo y que google sepa del cumpleaños.

El 1 de julio de 1986 Juanfran (Juan Francisco Neira, un gallego de la ribera del Manzanares) heredó el Tercer (pronúnciese tércer). Era el bar del equipo de rugby del Liceo y por cosas de la desidia estaba medio cerrado. Él tenía entonces 31 años y unas rodillas que le decían que lo del rugby se acababa. Hoy está en una de las zonas molonas de Madrid, en la plaza de las Comendadoras, pero entonces era otra cosa. Juanfran pilló el bar sin demasiada fe. “La plaza estaba llena de coches, casi no había bares y venían los yonquis a pincharse en una fuente que había. Para subir a las dos de la mañana desde la Calle de San Bernardo había que ser muy valiente. Menos mal que la clientela era al principio eran jugadores de rugby y no tenían miedo”, recuerda.

Apenas ha cambiado: “Un bar es como un barco. Se puede retocar cuando llega a puerto, pero en un barco el capitán hace siempre las cosas de una forma"

El tercer vio cambiar el barrio. La iglesia de Santiago el Mayor cerró -¿qué habrá sido de aquel cura que cuando cerraba cruzaba la plaza furtivamente hacia la sauna de enfrente?- y fueron llegando bares de copas y salas de conciertos como el Moloko y el Siroco.

Él nunca pilló la fama. Tampoco la buscó. El tercer abre tarde y si hay gente cierra mucho más tarde. Pone música buenísima sin concesiones pero a bajo volumen. Seguro que no es el mejor negocio de la noche. “Con la crisis bajó mucho la caja pero pensé que había llegado hasta aquí así y que no iba a cambiar. Que dar ofertas dos por uno o pinchar a Melendi no era lo mío”. Siguió igual y ha sobrevivido, más o menos.

Puede que no haya sido un bar icónico, que no veas a tantos famosos desbarrando como en el Toni 2 ni marcara a una generación de creadores. Pero en Madrid quien conoce la noche ha acabado en el tércer más de dos veces.“Han pasado varias generaciones de clientes. Cada 10 años se renegera la clientela. Es normal, la gente se hace mayor y deja de salir. Luego alguno vuelve después de 15 años contando que se ha separado. Entonces le tengo que recordar que el tiempo también ha pasado para él”. El jueves, en la pequeña fiesta que organizó, estaba hasta el nieto de uno de esos clientes del principio. En el barrio le aprecian. Si hace falta una noche Juanfran fía y deja que los chavales se cuelen a jugar al futbolín, que es gratuito desde que llegó el euro y por no cambiar el cajetín decidió pedir la voluntad.

Juanfran, en el Tercer Tiempo. Foto: Ernesto Torrico.
Juanfran, en el Tercer Tiempo. Foto: Ernesto Torrico.

El bar apenas ha cambiado: sigue esa foto del local que hicieron hace más de 25 años y el letrero es el mismo. No somos partidarios de las reformas. “Un bar es como un barco. Se puede retocar un poco cuando llega a puerto, pero en un barco el capitán hace siempre las cosas de una forma, da las órdenes igual y la tripulación cuenta los mismos chistes”, explica Juanfran, del que solo por la barba blanca que se ha dejado últimamente podrías decir que tiene 61 años.

La clientela no es homogénea. Hay periodistas de toda la vida, de los que se guardan sus opiniones para la barra del bar, y tan pronto puedes acabar charlando con el antiguo batería de Ñu sobre el éxito del doble directo que sacaron en 1986 o bebiendo junto a un armadillo disecado que alguien ha dejado sobre la barra. Otras veces, no hay que mentir, puede que no haya apenas clientes y que si se lo pides Juanfran acepte jugar un backgammon. Esos días le puedes pedir que te cuente cuando desfiló ante Tito en los juegos del Mediterráneo de 1979 en Split con la selección española de rugby. El capitán tiene sus rutinas.

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