crece la moda de los saltos extremos

Los mejores 'hombres pájaro' de Europa se forman en un pueblo de La Mancha

La escuela Skydive Madrid, ubicada en el aeródromo de Ocaña, es célebre en el mundo del 'wingsuit' por la calidad de sus instructores y el excelente clima para saltar durante todo el año

En Ocaña se han acostumbrado a ver objetos no identificados zumbando por el cielo. Bajan como flechas y lucen múltiples colores. Al principio, los vecinos se sorprendían. Ahora ya saben que se trata de bandadas de “pilotos wingsuit”, popularmente conocidos como “hombres pájaro”. Esta pequeña ciudad manchega alberga entre sus sembradíos una de las principales escuelas de wingsuit de Europa. No hay semana que no haya pájaros humanos sobrevolando el espacio aéreo del lugar.

“En Ocaña hay muchos y muy buenos pilotos, el nivel es altísimo. Los propios instructores de la escuela son campeones del mundo. Para mí era una elección obvia venir a aprender aquí”, confiesa el británico Duncan Hamiltonwalker, quien cada vez que puede se acerca a la meseta a saltar con su traje de murciélago y tomar unas lecciones de Paula Silva, uno de los grandes referentes del mundillo wingsuit y profesora principal del centro Skydive Madrid. “Nos decidimos a abrir la escuela porque la gente se estaba animando con el wingsuit, y ahora viene a entrenar muchísima gente de Inglaterra, Francia, Suiza… de lugares que ni te puedes imaginar. La gente nos conoce porque al final este es un mundo pequeño y corre la voz. Hoy somos uno de los mayores centros de Europa”, explica Silva.

Hay que acreditar al menos 200 saltos en paracaídas para poder iniciarse en la práctica del 'wingsuit'

En el hangar de la escuela se reparten por igual los aficionados al paracaidismo y los del wingsuit. No dejan de ser dos disciplinas hermanas, evolución una de la otra. Para poder enfundarse un traje de murciélago hay que acreditar en el expediente un mínimo de 200 saltos en paracaídas. Lo exigen los mismos fabricantes (Tony Suits y Phoenix Fly) como requisito para vender uno de sus diseños. Obtenida la preciada prenda, ya puede uno comenzar a soñar con irse a los Alpes y planear a 250 kilómetros por hora con el cogote pegado a un risco.

Dos alumnos de la escuela Skydive Madrid  practican en tierra con sus trajes. (David Brunat)
Dos alumnos de la escuela Skydive Madrid practican en tierra con sus trajes. (David Brunat)

“Para entrar en este mundo hay que ser un paracaidista avanzado, alguien que ya sabe resolver situaciones adversas”, explica Miki Pérez, otro instructor y referente de la escuela, doble campeón del mundo de salto acrobático (2013 y 2014) junto a Silva. “Pero lo realmente importante es que te guste de verdad, no que te guste simplemente para hacer un vídeo y que la gente te diga ‘qué cojones tienes’. El wingsuit requiere un entrenamiento muy grande, es muy peligroso y por lo tanto exige muchas horas en el aire”. Pérez reconoce que casi cada semana les contacta gente que, sin haber saltado de un avión en su vida, quiere lanzarse desde un acantilado cuanto antes. “Pero se les pasa pronto. En cuanto comprueban que para aterrizar estable en paracaídas se necesitan siete saltos, entienden que esto no es tan fácil. Nuestro ego, nuestra arrogancia, es lo que nos lleva a andar siempre tres o cuatro pasos por delante de lo que podemos y llevarnos a situaciones realmente jodidas”.

Una locura estudiada al milímetro

Las proezas de los “hombres pájaro”, que acumulan millones de visitas en Youtube, son tomadas con fascinación y rechazo a partes iguales. Para algunos, estos deportistas extremos son héroes. Para otros, descerebrados que lo único que van a conseguir es poner en aprietos al equipo de rescate que tenga que sacar sus restos de un peñasco. “Para alguien que no hace paracaidismo, lo que hacemos es una locura, creen que no damos valor a nuestra vida y nos vamos a matar. Pero todo tiene un entrenamiento. Hay un programa que estudia el descenso, la velocidad que puedes alcanzar, el planeo que puedes hacer, para saber por dónde pasas y por dónde no. Es decir, esto no se hace a lo loco, hay miles de saltos detrás de uno de esos vídeos”, indica la doble campeona del mundo. Y apostilla: “Estoy segura de que a los mejores pilotos del mundo nadie los conoce, porque no saltan para hacerse vídeos sino porque les gusta este deporte. Yo conozco a algunos y no tienen ningún vídeo colgado en Youtube”.

Paula Silva y Miki Pérez, durante un entrenamiento. (Bad Boys Team)
Paula Silva y Miki Pérez, durante un entrenamiento. (Bad Boys Team)

 

Curiosamente, los accidentes mortales son como la miel para los aspirantes a hombre pájaro. “Cada vez que hay un accidente y sale en la tele, viene más gente a saltar. Es increíble, no tiene sentido, pero es así”, confiesa Silva. “Pero lo primero que hacemos con esa gente es bajarle las expectativas, dejarles claro que no se pueden saltar ningún paso ni ir más rápido de lo que realmente deberían, porque ahí es donde está el peligro”.

Si usted es de los que sueña con sobrevolar montañas pero no ha saltado aún en paracaídas, le será útil saber que su nuevo hobby le va a costar entre 12.000 y 15.000 euros. Ese precio incluye los 200 saltos necesarios para iniciarse en el wingsuit y por supuesto el traje de murciélago, que ronda los 1.500 euros, con distintos materiales y características aerodinámicas según la experiencia del piloto. A eso hay que sumar los abalorios clásicos del paracaidismo: altímetro, casco, gafas y, cómo no, una videocámara para deportes extremos. Tiempo aproximado hasta su primer salto: dos años si se lo toma muy en serio.

Duncan Hamiltonwalker se coloca el traje dentro del hangar de la escuela. (David Brunat)
Duncan Hamiltonwalker se coloca el traje dentro del hangar de la escuela. (David Brunat)

 

Estos días en Ocaña hay menos aspirantes de lo habitual. La niebla y las nubes persistentes no acompañan. “Lo normal es juntarnos aquí 15 ó 20 personas sólo para hacer wingsuit”, explica Silva. “Y cuando hay mal tiempo, la gente se queda por la escuela aprendiendo o pasando el tiempo”. Para muchos es un lujo el poder compartir espacio y aprender de los campeones Silva y Pérez, los maestros del wingsuit en España. Mientras, el tranquilo pueblo de Ocaña sabe cada vez que levanta la vista hacia el cielo que, en cuestión de hombres pájaro, es una de las capitales de Europa.

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