las razones para disfrutar con el riesgo

Deportes extremos: la “absoluta felicidad” de “locos muy cuerdos” que se juegan la vida

Cada vez son más los practicantes de deportes extremos en todo el mundo. “Es una sensación de libertad y felicidad. No se puede describir con palabras lo que se siente”, explica un practicante

Foto: El wingsuit, una practica cada vez más de moda en todo el mundo (EFE)
El wingsuit, una practica cada vez más de moda en todo el mundo (EFE)

Hace poco el salto fue mortal. Uno más. Dean Potter, leyenda de la escalada y del salto BASE, perdía la vida cuando falló el paracaídas tras lanzarse al vacío, a 2,3 kilómetros de altura, en el Parque Nacional de Yosemite (Estados Unidos). En los últimos tiempos, el mundo del deporte extremo se ha teñido de luto en más de una oportunidad, golpeando especialmente a España, con los accidentes fatales sufridos por Álvaro Bultó -practicaba wingsuit, vuelo con traje de alas- y el cocinero Darío Barrio, al que no se le abrió el paracaídas practicando salto BASE, precisamente en un homenaje que se le tributaba al primero. Cada vez son más los practicantes de deportes de riesgo y regularmente aparece en escena una nueva modalidad, deportiva o no, en el que el hombre pone en riesgo su vida para descargar adrenalina. ¿Por qué lo hacen? ¿Qué les motiva para jugarse algo más que el físico?

Tal vez la respuesta sea tan sencilla como esta: “Es una sensación de libertad, velocidad, felicidad, conexión con el medio que te rodea, hermandad con tus compañeros de salto... La aproximación al salto, el salto en sí, el aterrizaje, el abrazo con tus compañeros... Todo esto no se puede describir con palabras, sólo lo saben quienes lo practican”. Lo dice Richi Navarro, Presidente de la Asociación Española de salto BASE (AESBASE) en conversación con El Confidencial. “Realmente no tienen la percepción real de jugarse la vida, han entrenado y preparado hasta el más mínimo detalle y la probabilidad de que algo salga mal es marginal. Por sus cabezas únicamente corre la idea de que la vida hay que disfrutarla al máximo y que para ello merece la pena asumir ese pequeño porcentaje de riesgo controlado ”, apunta a este periódico José Tabernero, psicólogo de la actividad física y el deporte, además director de Psicosaludydeporte.

El sueño del ser humano

Desde la Real Federación Aeronáutica Española (FAE) son reacios a comentar esta cuestión. “Sólo nos llaman cuando surge una desgracia; estas cosas nos hacen daño”, deslizan desde el interior. Cuando se habla de deporte extremo, entran en escena especialidades que no están bajo la tutela de ninguna federación y en las que no existe una competición homologada, tal y como sucede con el paracaidismo o el parapente, todas actividades tuteladas por la FAE. Optan, en líneas generales, por el silencio porque no quieren verse mezclados con actividades de extremo peligro que surgen de manera cíclica en cualquier lugar del planeta. El mundo de la psicología habla del efecto flow cuando toca analizar estas especialidades, definido como un estado mental en el que la persona está tan involucrada en una actividad que su única meta es conseguir satisfacción y placer.

¿Deberían estar el Salto BASE o el wingsuit bajo el paraguas de la Federación Aeronáutica Española? Esta última práctica está incluido en el mundo del paracaidismo deportivo, mientras que la primera no está regulada; eso sí, la Federación Aerea Catalana (FAC) sí lo reconoce como deporte aéreo. La AESBASE y la FAC han estado trabajando para poder ofrecer un seguro, parecido al federativo, con el que dar cobertura en accidentes en paredes reconocidas por estas asociaciones, asunto que de momento está en stand by. “En Francia existe un seguro de montaña que sí cubre el salto BASE desde paredes”, explica Richi, matizando que “el que no esté dentro de la FAE se debe a que es un deporte no regulado en el cual no existen cursos homologados y sí multitud de lugares donde practicarlo, a diferencia del paracaidismo deportivo, en el que sí hay una regulación, cursos, seguros y zonas exclusivas de saltos desde avión”.

En los últimos años, ha crecido el número de deportistas que exponen su vida realizando actividades de lo más arriesgado. Tabernero lo justifica diciendo que “es marketing, modas... Los medios divulgan una práctica llamativa que se encamina a un estilo de vida, y el mercado se orienta en facilitar pertenecer a ese grupo de referencia con materiales, accesibilidad, organización de eventos e incluso los dota de valores e ideales”. Para Richi, la razón de practicar actividades tan extremas es muy simple: “Volar es el sueño del ser humano... Son actividades de riesgo en las que si se hacen las cosas con el nivel de seguridad pertinente, el rango de seguridad es bastante amplio; luego está el factor de mala suerte, que no se puede evitar, pero sí entrenar”.

“No hago nada que me produzca miedo”

El psicólogo considera en este punto que “realmente no tienen la percepción real de jugarse la vida, han entrenado y preparado hasta el más mínimo detalle y la probabilidad de que algo salga mal es marginal. Hay veces que pueden sobreestimar sus capacidades y ponerse en riesgo de una forma inminente, pero no suele ser lo habitual, sobre todo en el deportista experto. Por sus cabezas únicamente corre la idea de que la vida hay que disfrutarla al máximo y que para ello merece la pena asumir ese pequeño porcentaje de riesgo controlado y esfuerzo intenso de preparación y entrenamiento diario”.

“No hay miedo, yo no hago nada que me produzca miedo, no lo disfrutaría”, apunta Richi Navarro, que subraya que esa sensación “no te deja pensar ni actuar correctamente, eso no lo he inventado yo. Sí podríamos hablar de respeto a lo que hacemos”. Con la relajación, hasta con una sonrisa reflejada en el rostro antes de dar un salto al vacío, Tabernero explica este comportamiento diciendo que si actúan así es “porque están en un estado de activación óptimo, una especie de nirvana o estado de flujo, y porque es la culminación de muchas horas de preparación o de sacrificios, incluso económicos, para poder tener acceso a ese privilegio”.

Cada vez son más los practicantes de deportes de riesgo como el wingsuit (EFE)
Cada vez son más los practicantes de deportes de riesgo como el wingsuit (EFE)

Los límites de la naturaleza humana

“Si tuviéramos miedo a perder la vida, no lo haríamos... ¡No somos suicidas, ni estamos locos! Todo lo contrario, ¡amamos la vida!”, quiere recalcar el saltador de un deporte que no tiene un perfil fijo y en el que se mezclan “bomberos, policías, electricistas, comerciales, empresarios y hasta algún juez. Lo practicamos casados, solteros, divorciados, con hijos, sin hijos...”. “Si es su sueño y lo tiene claro, a mi hijo le diría que adelante”, recalca. En el otro lado, desde el punto de vista de un profesional de la mente, Tabernero cree que podría definirse a los practicantes como “locos-cuerdos. A través de conocerse a ellos mismos, al medio, a la naturaleza y a las exigencias del  entrenamiento, llegan a ser locos muy cuerdos, y nos enseñan los límites de la naturaleza humana y su instinto de seguridad y conservación, además de alimentar nuestra fascinación por la hazaña y la capacidad de sorprendernos”.

La viralidad que adquiere a través de la red cualquier nueva practica de riesgo provoca que cada vez más personas se sumen a ella. Ni siquiera les frena que el números de accidentes mortales se incremente -“desde 1981 hasta hoy, por ejemplo, han fallecido más de 250 personas haciendo salto BASE”, recuerda Richi-, aunque el wingsuit ha incrementado notablemente la cifra en los últimos 3 años si hablamos de este tipo de actividades. Los trajes de los hombres pájaro evolucionan de manera constante, lo que provoca que los saltos sean cada vez más arriesgados y osados. “En este tipo de prácticas avanza el desarrollo de materiales y técnicas ante muchas situaciones de las que luego se benefician cuerpos especiales de actuación en caso de emergencias”, apunta Tabernero.

El psicólogo cree que estos valientes, porque así hay que calificarlos, “son más conscientes de su capacidad de control que del propio riesgo en sí. Valoran más la vida que los demás, y eso les lleva a estar cerca de esa cuerda floja sobre la muerte, simulando una inmediata capacidad de control sobre ella”. Y para acabar, comenta que “pese a que  puedan manifestarse como las personas más equilibradas del mundo a la hora de realizar el salto, en su vida cotidiana puede desaparecer ese revestimiento de semblanza imperturbable y ser personas con baja autoestima y desórdenes emocionales; hablo de personas hiperactivas, con la necesidad inherente de buscar nuevas sensaciones, con la correlación o aumento de probabilidad a ser expuestos a conductas poco aconsejables”.

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