Talavante, un náufrago entre la decepción

El hombre propone...

Una faena entonada de Alejandro Talavante al último toro fue el único pasaje reseñable de una corrida decepcionante en cuanto al resto de protagonistas

Foto: El diestro Alejandro Talavante con el segundo de su lote. (EFE)
El diestro Alejandro Talavante con el segundo de su lote. (EFE)

29 de mayo de 2014

6 toros de El Pilar. Bien presentados, altos, largos y con kilos de 519 a 642 kg. Mala sin paliativos la corrida entera. Flojos en general y faltos de casta, solo se salvó el sexto que embistió con brío aunque acusando algo de flojera

Sebastián Castella (azul marino y oro). Silencio tras aviso y silencio tras aviso

José María Manzanares (azul eléctrico y oro). Silencio y silencio

Alejandro Talavante (barquillo y oro). Silencio y gran ovación en los medios al despedirse

... y Dios dispone. Los taurinos suelen añadir... y el toro lo descompone. Cualidades por encima del Todopoderoso reconocen los taurinos al elemento principal de la Fiesta. Da igual lo que el hombre estudie, conozca, trabaje o intente... en manos de Dios ponen todos sus designios. Como si estar buscando –empresa y apoderados– desde hace más de un año los toros con las mejores hechuras, las más inmaculadas reatas y las más pulcras presencias... como si el matarse todo el invierno de los toreros para afrontar su reto más importante de la temporada... como si el público fiel e ilusionado culmina el esfuerzo de llenar con el ambiente de las grandes tardes los tendidos... se desvanecieran en un suspiro que Dios, distraído de su habitual y demostrada afición, mandara a la plaza de Madrid para disponer un resultado adverso. 

Pero hoy no ha sido Dios... Me consta... Dios también hizo lo suyo... lo que pudo. Mandó una tarde primaveral a Las Ventas después de varios días de frío, lluvias y vientos. Dejó las banderas de la plaza tan lacias como el nuevo capote de Talavante y no permitió que ni una incipiente brisa presenciara una de las corridas de la feria.

Pero faltaba por conocer la voluntad del dios de los taurinos: el toro... el toro que todo lo descompone cuando se empeña. Y eso, seamos sinceros, sí que no hay Dios que lo arregle. Mala, sin paliativos la corrida. Sin suceso capaz toda la tarde de paliar los dolores de ver un cartel sobre el tapete perfecto, ocho puertas grandes en Madrid suman entre los tres toreros, unos toros con las hechuras buenas de embestir y las banderas firmes y estáticas sobre sus mástiles que excepcionalmente facilitan el toreo en esta plaza. Sin analgésico que te arregle el cuerpo que te deja la sensación de haber perdido la oportunidad de ver un gran espectáculo.

A pesar de todo, Talavante apretó los dientes y propuso el toreo en el sexto de la tarde. Y lo propuso desde los fundamentos más clásicos del arte de la lidia. Talavante propuso el toreo pausado, relajado y auténtico, cuya estética y verdad se van perfilando como los mimbres principales de su fantástico momento como torero. Torero para disfrutar este año. Salió el sexto con otro brío distinto al de sus hermanos y anticipó el posible arrepentimiento del dios toro por haberlo 'descomponío' todo. Un toro serio que se acopló a los despaciosos lances de Talavante al recibirlo.

El diestro Sebastián Castella da un pase con la muleta al primero de su lote . (EFE)
El diestro Sebastián Castella da un pase con la muleta al primero de su lote . (EFE)

Un puyazo demasiado largo propiciado por la bravura del toro restó fuerza, que no voluntad, a una embestida que Alejandro comenzó a someter pronto con la mano derecha en muletazos largos y bien construidos. Por el pitón izquierdo el toro no estaba demasiado convencido de no descomponer la tarde, así que Talavante volvió a la derecha cuajando muy buenas tandas, obligatoriamente cortas para ajustarlas a las medidas fuerzas de "Fantasioso". Tomó altura la faena y decibelios los oles. Se multiplicaron aplausos y aglutinaron loas a un torero que lleva tres años consecutivos saliendo por la puerta grande de una plaza que se nota que le quiere y que admira su arte. (Cuatro años consecutivos no se han dado desde Marcial Lalanda). Lástima los pinchazos que arrancaron de la mano de Talavante la oreja con la que ya se veía y que fue compensada con un sentido y apesadumbrado saludo desde los medios correspondiendo al fuerte y unánime aplauso de la afición de Madrid.

Castella reaparecía once días después de una fuerte cornada. No sé cuánta gente en la plaza era consciente de eso, pero tampoco sé cómo es posible que por pocos que lo conozcan no se sea capaz de arrancar una ovación de bienvenida a un torero en semejante esfuerzo. Y menos comprensible aún la dureza con la que se lo ha juzgado y la indiferencia con la que se ha tratado su entrega teniendo en cuenta semejante trance. Voluntad, aplomo y un esfuerzo personal al alcance solo de esos extraterrestres que son los toreros buenos.

El diestro José María Manzanares con el estoque ante el primero de su lote. (EFE)
El diestro José María Manzanares con el estoque ante el primero de su lote. (EFE)

Con Manzanares, inquina. No digo envidia por miedo. Torero grande en el que resulta fácil hacer diana. Y esos dardos hoy lanzados es verdad que no matan, pero joden. Fastidian (perdón) al torero, fastidian el espectáculo y fastidian a todo el pueblo que sin sentirse el objeto sufren por igual los desagravios, las patochadas y los "memencios"...

Es cierto que los toros vinieron a descomponerlo todo, pero el aficionado bueno también disfrutaba antaño de esa deconstrucción del toreo. De la faena imperfecta que, bien por flojo bien por manso, bien por malo bien por suelto, suponía cada día de los de toros descompuesto un reto al torero que demostraba su oficio tratando de recomponerlo. 

Pero hoy no hubo paciencia ni aprecio a la reconstrucción... hasta que Talavante propuso su toreo...

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