Oreja de oro, tarde de plata
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Destellos de calidad y clasicismo de Uceda LeaL

Oreja de oro, tarde de plata

Uceda Leal cortó la única oreja concedida en la corrida del martes, que premió una faena en la que dejó destellos de su calidad y de un hondo clasicismo

placeholder Foto: José Ignacio Uceda Leal en su faena a su primero. (EFE)
José Ignacio Uceda Leal en su faena a su primero. (EFE)

27 de mayo de 2014

6 toros de Fuente Ymbro que sustituían a la anunciada de JoséLuis Pereda. Serios, cuajados y astifinos de 510 a 558 kg. El primero rebrincado embistió a disgusto pero se movió. El lote de Tejela el mejor, especialmente el tercero, que embistió con nobleza. El resto muy complicados en la muleta y a menos.

JoséIgnacio Uceda Leal (burdeos y oro). Oreja y silencio

Curro Díaz (rosa palo y oro). Silencio y silencio

Matías Tejela (grana y oro). Ovación tras aviso y silencio

Muy destacados en las cuadrillas Ángel Otero y Jesús Romero

Oreja de oro para JoséIgnacio Uceda Leal. Confieso mi debilidad por este torero y por su forma pura de concebir este arte, heredero de los maestros más clásicos y más reconocidos en la plaza de Madrid y en todo el orbe taurino. Veo a Uceda cuajado, sereno, tranquilo, firme y entregado. Maduro desde niño, incluso cuando por la presión de sus primeros éxitos –casi como becerristay seguramente un exceso de responsabilidad imbuida por su progenitor– anunció de forma sorprendente que dejaba los toros en una entrevista radiofónica que aún hoy me emociona recordar por su sinceridad y sentimiento, Uceda Leal ha ido cuajando año duro tras año duro y haalcanzado con esfuerzo y afición categoría de torero grande.


Categoría que ha demostrado hoy con el primer toro de la tarde. Serio, rebrincado y cabeceando embestía con todo el animalito. La virtud de la movilidad, después de unos inicios que aparentaban flojera, sobre todo tras dos volteretas consecutivas, le valió a Uceda para armar una faena pletórica de técnica, verdad y emoción. Con los altibajos impuestos por las dudas del astado llegó al final para cuadrarlo bonito y bordar, y van unas cuantas desde su debut en 1996, la estocada de la feria. Muerte fulminante del toro y reconocimiento general a un torero al que la suerte, los toros, las empresas y la afición aún le deben colocarle en su verdadero puesto en el escalafón y en la historia reciente, y ojalá futura, de la tauromaquia. Oreja de oro.

Tarde de plata...Cuenta el maestro Curro Vázquez, con su genialidad innata, una anécdota de torero joven en trance de despedirse de su madre al comenzar la temporada. La señora, con la preocupación propia de quien es progenitora y aficionada, le pregunta a su torero hijo por la cuadrilla. Curro, orgulloso en su condición de figura, y presumiendo de haber elegido a los mejores le detalla:

–“Madre, la mejor posible: el Ali, el Pali, y el Pimpi”.

–“Hijo, –dice sorprendida– eso más que una cuadrilla, parece una banda”.


Los seudónimos siempre han sido motivo de curiosidad e incluso desconfianza y es razonable, sin duda, el comentario. Pero más allá de la viveza graciosa de la Andalucía señera, queda reflejado en el lance materno lo importante de saber en manos de quécompañeros iba a dejar a su hijo. Todos los que conocen un poco más de cerca el difícil empeño de lidiar y matar un toro consideran toreros por igual a las cuadrillas y les dan el mérito que merecen y les reconocen con frecuencia la responsabilidad que soportan. Y que se traslada y ostentan, no sólo en el ruedo, también en el sorteo, en el viaje, en el entrenamiento, en las comidas, en el descanso, en los momentos malos, en los peores... Son los pilares básicos de la logística de la supervivencia física y emocional, son el apoyo principal de un matador de toros en temporada. Sus amigos, sus hermanos, sus confidentes, sus guardaespaldas, sus jueces...

Pero nadie los reivindica. Nadie valora la entrega, la afición,la voluntad que hay que tener para enfrentarse a toros por tan poca recompensa. Ni dinero, ni fama, ni éxitos ni promoción. Antiguamente era un paso previo para ser matador, hoy es el paso último de quien ha querido con todas sus fuerzas ser torero y la egoísta demanda de adrenalina de su corazón no le deja pensar con la mente lo suficiente para buscar otro tipo de vida. Puede que sea uno de los principales motivos de su baja estima por parte de algunos sectores del público: todos saben que han fracasado en su intento de ser grandes toreros. Es una injusticia imperdonable que en muchos casos no se corresponde con la realidad, pero puede que no sea la única razón.

Menos mal que hoy se reivindicaron. Menos mal que hoy fue tarde de plata. Los toreros de plata brillaron con luz propia: Ángel Otero se llevó una de las ovaciones de la feria tras dos magistrales pares clavando entre los pitones del sexto toro, de los que salió chulo y andando. Jesús Romero no sólo se la jugó en banderillas al tercero obteniendo el reconocimiento de todo el público al obligarle a saludar, también lo obtuvo de todos los profesionales por su lidia de ese sexto toro, eficaz, discreta y mejorando al toro con cada lance.

Luciano Briceño, Chano, se llevó una señora costalada a pesar de echarle perfecto el palo para pararlo a ese mismo sexto que embistió con fuerza y furia hasta llegar a la muleta. También JoséManuel Montoliú, de señera estirpe, Luis Miguel Campano de honroso pasado torero, y el resto de sus compañeros hicieron de esta típica tarde de toros difícil de disfrutar de segundo a sexto(por el mal juego de los astados, con los que nada pudieron hacer digno de mención Curro Díaz y Matías Tejela, a pesar de intentarlo y dejar a ratos detalles de su clase y entrega) una auténtica tarde de plata.

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