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Cómo resistir el chantaje económico de las grandes potencias: una lección para Europa
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Cómo resistir el chantaje económico de las grandes potencias: una lección para Europa

La coerción económica es el nuevo lenguaje de la política de las grandes potencias

Foto: La presidenta de la Comisión europea, Ursula von der Leyen (EFE/Toms Kalnins)
La presidenta de la Comisión europea, Ursula von der Leyen (EFE/Toms Kalnins)

La coerción económica es el nuevo lenguaje de la política de las grandes potencias. Rompiendo su antigua promesa, la globalización no erradicó los conflictos del mundo. En cambio, proporcionó a los países más poderosos una nueva arma. Y algunos de ellos no han dudado en utilizar la interdependencia económica para asustar a los europeos para que ajusten las políticas a su gusto.

Esto es lo que ha sucedido cuando China, a principios de este año, detuvo el transporte de mercancías por ferrocarril y frenó las importaciones lituanas en el mercado chino cuando Vilna anunció la apertura de una “oficina de representación de Taiwán” (y no una oficina de Taipei) en el país báltico. Eso, a ojos de los chinos, se parecía demasiado a un apoyo a la independencia de Taiwán. Algo similar le sucedió a los Países Bajos en abril de 2020, cuando China llegó a amenazar con aislar al país de suministros médicos críticos en el punto álgido de la pandemia de covid-19.

En abril de este año, Rusia amenazó con prohibir las importaciones de cerveza checa cuando el gobierno de Praga vinculó la inteligencia rusa con las explosiones de los almacenes checos de 2014. E incluso Estados Unidos, un aliado cercano de la Unión Europea, utilizó la coacción económica contra los europeos cuando Washington impuso sanciones secundarias para impedir que las empresas europeas comerciaran con Irán.

A lo largo y ancho de la UE, los responsables políticos se han dado cuenta de que Europa no puede permitirse seguir siendo vulnerable. Actualmente, uno de los debates más candentes en Bruselas se refiere a una nueva herramienta comercial. El llamado "instrumento anti-coerción" permitiría al bloque disuadir la coerción económica (o responder a ella) empleando contramedidas como restricciones comerciales y de inversión, restricciones al acceso a los mercados de contratación pública de la UE o posiblemente controles de exportación para expulsar a terceros países de tecnologías críticas. En unas semanas, la Comisión Europea propondrá esta prometedora iniciativa. Pero, si se diseña mal, habrá riesgo de proteccionismo.

"Europa necesita ser económicamente fuerte para estar a salvo"

Para que este instrumento sea creíble y eficaz, los europeos deben pensar en su fortaleza económica como su defensa número uno. Es fundamental preservar la vitalidad de la economía europea: no se puede hacer frente a economías fuertes si se es débil. Además, los países europeos deberían evitar ser percibidos como proteccionistas, sobre todo porque su prosperidad y capacidad de innovación dependen en gran medida del comercio abierto y basado en reglas. Este es un gran desafío, pero también es solo un punto de partida.

Foto: Foto: Reuters. Opinión

Terminar de dar forma al mercado único, por ejemplo, permitiendo la liberalización de los servicios, integrando los mercados digital y energético o promoviendo la unión de los mercados de capitales, también debería volver a ocupar un lugar destacado en la agenda de la UE. Un mercado europeo enorme, en auge e innovador proporcionaría una ventaja en un mundo donde la política y la economía están cada vez más entrelazadas. En primer lugar, haría más costoso utilizar la coerción económica contra Europa. Pero no se producirán avances serios en el mercado único mientras los debates estén impulsados principalmente por consideraciones internas, más que estratégicas.

Era de la geoeconomía

Al mismo tiempo, Europa necesita comprender mejor su dependencia de terceros países, reuniendo, analizando y compartiendo información sobre casos de coerción económica. Una Oficina de Resiliencia, o un nuevo grupo de trabajo geoeconómico de alto nivel en la Comisión, podría desempeñar un papel clave aquí. Mejoraría la coordinación de las políticas generales de la UE y recopilaría análisis sólidos para respaldar la política basada en hechos, e incluso podría proporcionar un punto de contacto claro para las empresas. Pero, para que esto suceda, debe verse como la creación de una nueva capacidad estratégica, no más burocracia o simplemente una transferencia de competencias al nivel de la UE.

Los europeos también deberían considerar cómo pueden reducir su dependencia de terceros países y desarrollar algunas asimetrías a su favor. Esto no significa, como todavía sostienen algunos, que los europeos deban necesariamente aspirar a ser más autosuficientes. En algunas áreas estratégicas, puede estar justificado que las empresas vuelvan a traer la producción, o acercarla a las zonas aledañas a la UE. Ciertamente, diversificar las cadenas de suministros es una tarea pendiente para muchos. La UE y sus estados miembros deberían invertir en el desarrollo de las capacidades industriales de Europa, como lo reconocen las ambiciones de la Ley Europea de Chips recientemente anunciada (que tiene como objetivo asegurar el suministro europeo de microchips). Pero estos esfuerzos deberían mantenerse bajo control, para que no conduzcan a una extralimitación.

Foto: Caricatura de Donald Trump en un restaurante en Guangzhou, China. (Reuters)

Del mismo modo, las discusiones sobre las políticas comerciales y de competencia de la UE, su papel en el establecimiento de estándares internacionales, su uso de la diplomacia económica y su enfoque del multilateralismo podrían renovarse tomando como punto de partida el hecho de que Europa necesita ser económicamente fuerte para estar a salvo.

Los acuerdos de libre comercio son otro claro ejemplo. Tomemos como ejemplo el acuerdo con Canadá, que aún no ha sido ratificado por la UE a pesar de que se trata de un socio cercano y amigo. La UE también ha negociado y luego no ratificó un acuerdo comercial con los países del Mercosur en América Latina. Retirar la oferta de vínculos comerciales más estrechos para fomentar mejores políticas climáticas en los países del Mercosur podría ser un buen uso estratégico de la influencia económica de Europa. Pero esa medida debe sopesarse frente a las consecuencias negativas: otros, como China o Estados Unidos, podrían llenar el vacío que deja Europa.

Por supuesto, el público está menos dispuesto a aceptar nuevos acuerdos comerciales en algunos lugares (Francia y Grecia los estudios sugieren que solo alrededor de la mitad de la población tiene opiniones positivas sobre la globalización). Garantizar la fortaleza de Europa, entonces, consiste en diseñar las políticas internas adecuadas para garantizar que la gente común no salga perdiendo de acuerdos comerciales estratégicamente importantes.

Cuando los europeos se adapten a la coerción económica, deberán mirar con ojos nuevos sus debates económicos que arrastran desde hace tiempo. Hasta ahora, las políticas económicas de la UE a menudo han carecido de una base estratégica suficiente. En la nueva era de la geoeconomía, una agenda positiva y herramientas defensivas son dos caras de la misma moneda: un paquete inseparable. Europa necesita lograr un equilibrio adecuado.

* Análisis publicado en el European Council on Foreign Relations por Jonathan Hackenbroich y Pawel Zerka y titulado 'Economic arm-twisting is on the rise. Europe must learn how to resist it'