Mataderos sin anestesia, el súper sin pizza congelada: ¿por qué UK busca CO2 a la desesperada?
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Peligra el suministro de gas y de pizza

Mataderos sin anestesia, el súper sin pizza congelada: ¿por qué UK busca CO2 a la desesperada?

La crisis de abastecimiento de gas está golpeando a toda Europa. Pero en el caso del Reino Unido la situación es verdaderamente crítica y amenaza el suministro de algunas líneas de alimentos

Foto: Mantenimiento de un poste de electricidad en Leicester, Reino Unido. (EFE)
Mantenimiento de un poste de electricidad en Leicester, Reino Unido. (EFE)

En su viaje a Estados Unidos para asistir a la cumbre de la ONU, el 'premier' británico Boris Johnson ha advertido al resto de países que están produciendo demasiado dióxido de carbono. Como anfitrión de la próxima Cumbre del Clima, que se celebrará en Glasgow en noviembre, quiere allanar el camino para alcanzar un nuevo acuerdo histórico contra la emergencia climática. Pero, paradójicamente, el Gobierno de Reino Unido está pasando estragos porque no se está produciendo suficiente gas CO2, un elemento clave para varias cadenas de producción de alimentos. Ya no se habla de escasez de productos para Navidades. Los supermercados ahora advierten directamente que las estanterías comenzarán a estar vacías tan pronto como finales de esta semana.

La crisis de abastecimiento energético está golpeando a ambos lados del Atlántico. Pero en el caso del Reino Unido, debido a la peculiaridad de determinados factores, la situación está siendo verdaderamente crítica. Ya no solo por la subida de la factura en un momento en el que inflación ha escalado hasta el 3,2% frente al 2% de julio, el mayor salto desde que comenzaron los registros en 1997. Sencillamente, comienzan a faltar alimentos. La drástica subida del precio del gas en el mercado mayorista ha llevado a la estadounidense CF Industries a suspender la actividad en dos de sus principales plantas de fertilizantes en el Reino Unido, responsables de la producción del 60% del dióxido de carbono puro que se consume en el país.

Foto: Calviño con Ribera en una imagen de julio. (EFE)

Este compuesto tiene usos valiosos en la vida cotidiana, desde procedimientos quirúrgicos hasta prolongar la vida útil de la carne. En el sector agroalimentario es clave. Se utiliza para adormecer a los animales en los mataderos, la elaboración de algunos productos de bollería, las bebidas carbonatadas o la cerveza. Y, entre otros, también es fundamental para los sistemas de refrigeración y envasados. El queso procesado ya se está viendo afectado. En diez días, los supermercados podrían quedarse sin pizzas congeladas o refrescos de cola. Todo esto, sumado a la crisis de suministro que ya existía en el país por la falta de mano de obra consecuencia del Brexit. Se calcula que hay un déficit de 100.000 camioneros.

Ante la gravedad de la situación, el Gobierno de Boris Johnson alcanzó este martes un acuerdo multimillonario con CF Industries para que reanude la producción en sus plantas en de Billingham e Ince (norte del país). El pacto ha sido anunciado por los medios británicos, pero los detalles no se han revelado. Con todo, se calcula que todavía pasarán unos tres días hasta que las fábricas puedan operar a pleno rendimiento de nuevo.

Foto: El primer ministro Boris Johnson. (Reuters)

Dilema verde

Parece irónico. Tenemos demasiado dióxido de carbono y al mismo tiempo muy poco. Y en esta contradicción está el dilema verde: crear nuevas fuentes de CO2 es mucho más fácil y económico que eliminarlo de la atmósfera. El problema es esencialmente químico. El proceso de fabricación de fertilizantes conduce a la creación de CO2 puro, perfecto para usos alimentarios que exigen una pureza de casi el 100%. Pero en el aire, el CO2 es de 420 partículas por millón, muy por encima del nivel preindustrial de 280 por millón, lo que dificulta su captura y conversión en un gas utilizable para la industria alimentaria. Eso hace que el proceso sea mucho más costoso, aproximadamente cuatro veces más de lo que cuesta crearlo a partir de fertilizantes.

En plena transición ecológica, buscando fuentes de energía con menor impacto medioambiental, Europa depende ahora del gas natural. La combustión de esta fuente de energía emite mucho menos CO2 que el petróleo y el carbón. Pero, estamos en un momento en el que la demanda supera con creces la oferta. Todo el mundo quiere gas natural y muy pocos lo tienen, por lo que los precios se han disparado.

Las economías asiáticas en crecimiento vuelven a despertar tras el confinamiento de la pandemia, lo que ha reducido los suministros al Viejo Continente. Por no hablar de la gran dependencia de Rusia. Es Vladimir Putin quien mantiene el control sobre el mercado, a través del gasoducto que inyecta directamente gas ruso al corazón de Europa por medio de Alemania.

Desde el Kremlin, la desestabilización de las potencias europeas es vista como una oportunidad geopolítica. Y ante la crisis energética, Moscú ha optado por limitar los flujos adicionales hacia el continente, suministrando el mínimo contractual básico, dejando así el almacenamiento tan solo al 70% (en lugar de al 90% como viene siendo habitual) en plena llegada del otoño.

En Reino Unido se ha vivido este año el verano menos ventoso desde 1961.

En el Reino Unido, el propietario de British Gas, Centrica, cerró en 2017 un gran depósito con el argumento de que su funcionamiento no era económicamente sostenible. Y eso redujo las reservas estratégicas del país a menos del 2% de la demanda anual, dejando a los británicos más expuestos a los caprichos de los volátiles mercados mayoristas.

Por otra parte, los expertos a menudo recurren a la trillada frase de “tormenta perfecta” para describir una crisis. Pero cuando la energía renovable representa el 40% de la generación de electricidad, frente al 10% de hace una década, los problemas en el Reino Unido se pueden atribuir también en parte a una extraña calma meteorológica. Se ha vivido el verano menos ventoso desde 1961. Durante la última semana, el viento solo proporcionó el 9% de la energía para Inglaterra, Gales y Escocia. Para llenar el vacío, se ha tenido que recurrir al gas en el peor momento.

También se ha producido un golpe de mala suerte. Varias plataformas de gas en el Mar del Norte se habían cerrado justo en verano para realizar las tareas de mantenimiento que se detuvieron durante la pandemia. Aproximadamente 5 de las 15 que normalmente deberían estar operativas están ahora fuera de servicio.

Y en medio de todo, la semana pasada tuvo lugar además un gran incendio en el principal cable submarino de electricidad que conecta Gran Bretaña con Francia, reduciendo aún más las importaciones en un momento crítico. Las reparaciones no estarán listas hasta marzo. El incidente hizo que los precios del gas natural, que habían alcanzado una serie de máximos históricos, se llegaran a disparar más del 18% en tan solo un día. El 50% del gas que consume el país procede de fuentes nacionales, mientras que el 30% procede de acuerdos energéticos con Noruega y el 20% restante de otros proveedores internacionales.

Foto: El primer ministro británico, Boris Johnson (Reuters)

Sea cual sea la fuente de energía, la cuestión es que se sigue necesitando CO2. Este miércoles, Johnson se dirigirá a la Asamblea General de las Nacionales Unidas como abanderado de la causa verde. Instará a los mandatarios a abandonar su enfoque “infantil” del cambio climático y les pedirá que reduzcan las emisiones. Y todo después de que su Gobierno haya pagado decenas de miles de millones de libras a una empresa para producir exactamente dióxido de carbono.

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