Draghi, el avalista del 'whatever it takes', acepta "con reservas" formar Gobierno en Italia
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Un nuevo "Mario Monti"

Draghi, el avalista del 'whatever it takes', acepta "con reservas" formar Gobierno en Italia

Draghi ha aceptado "con reservas" el encargo del presidente italiano Sergio Mattarella de formar nuevo gobierno "de emergencia"

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Whatever it takes” ('lo que sea necesario') son tres palabras que componen el blasón del italiano Mario Draghi. Aquella famosa frase que dijo en una conferencia en Londres, el 26 de julio de 2012, cuando era el presidente del Banco Central Europeo, sonó como una sentencia en medio de una crisis económica que amenazaba con borrar de un plumazo el euro y la UE a la vez. La frase, que se refería a salvar la moneda común comunitaria, tiene ya 'copyright', el suyo, que traducido a nivel de la calle significa “arreglar los problemas primero y preguntarse el cómo después”. Europa necesitaba eso entonces, creer antes que poder, e Italia, nueve años después, parece estar en la misma encrucijada.

Draghi y su “lo que sea necesario” ha recibido hoy el encargo de formar un Gobierno técnico por el presidente Sergio Mattarella, tras una inexplicable y bochornosa crisis política italiana en la que el ex primer ministro Matteo Renzi se ha cobrado tres 'vendettas' en una: ha acabado con el poder del populismo del Movimiento 5 Estrellas que de alguna manera acabó antes con él, con la gobernabilidad de sus enemigos íntimos de su ex Partido Democrático y con la emergente figura del ya ex primer ministro, Giuseppe Conte, con el que la antipatía, me decía alguien muy cercano a ambos, era de piel. Tras su reunión con Mattarella, Draghi ha aceptado "con reservas" el encargo de formar nuevo gobierno.

Foto: El primer ministro italiano, Giuseppe Conte. (Reuters)

Ahora toca el turno de 'Super Mario', un perfecto aval para prestamistas y para los mercados internacionales, muy sensibles a aventuras e incertezas. Su perfil europeísta es idóneo para el cargo y el momento. Italia, en medio de una pandemia y crisis política sin precedentes, debe recibir 209.000 millones de euros de sus socios de la UE: 81,4 a fondo perdido y el resto en ventajosos préstamos. Draghi, el expresidente del BCE, parece una elección fiable, al menos, para los que deben poner el dinero.

Al otro lado de Draghi está el Rubicón de las urnas y dos partidos que los sondeos colocan a la cabeza en coalición, Lega y Fratelli d’Italia. El problema es que ambos tienen un marcado carácter soberanista y anti-UE, algo que hasta las dos formaciones de extrema derecha saben que Italia en este momento no puede permitirse. Sin esos 209.000 millones el país está quebrado.

placeholder El expresidente del BCE, Mario Draghi, en Rimini. (EFE)
El expresidente del BCE, Mario Draghi, en Rimini. (EFE)

“Lo que ha hecho Draghi ha sido una contribución esencial a la estabilidad de la zona euro”, dijo la canciller alemana, Angela Merkel, sobre Mario Draghi cuando este abandonó el BCE a final de 2019. “Draghi ha impedido que la UE se hundiera en un momento crítico. Un hombre que ha llevado a lo más alto el sueño europeo”, fue la despedida que le otorgó entonces el presidente francés Emmanuel Macron.

Previsiblemente, el economista romano de 73 años, que se licenció en la Universidad La Sapienza de Roma y el doctorado lo hizo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, estará de nuevo compartiendo mesa con ambos. El perfil internacional de Draghi es imponente, su carrera profesional, que ha pasado por el Banco Mundial, Goldman Sachs, Banco de Italia y el Banco Europeo, también. Pero 'Super Mario' tiene ahora un reto mucho más complicado que sacar adelante el euro de un pozo: hacer política en Italia.

"Draghi ha impedido que la UE se hundiera en un momento crítico. Un hombre que ha llevado a lo más alto el sueño europeo"

El precedente más próximo con el que puede compararse es Mario Monti, también economista de prestigio. Monti fue nombrado también primer ministro por el presidente Giorgio Napolitano el 16 de noviembre de 2011. Italia enfrentaba entonces también una crisis económica muy dura y el presidente optó por un Gobierno de tecnócratas que sacara el país adelante sin aplicar la lógica política de que la rentabilidad más importante a observar es la de los votos.

La advertencia de Monti

Monti duró un año y medio en el cargo ante una avalancha de críticas políticas y sociales por sus recortes y austeridad convenida con Europa. Los italianos saben desde hace décadas que el fruto de todos sus males es su elevada deuda pública, hoy es alrededor de un 160% de su PIB, y también sabe que no hay un Gobierno capaz de meterle mano porque el país, muy fragmentado y debilitado socialmente, no está dispuesto a aceptar que se acabe la fiesta en un país que presume de ser miembro del G7.

Monti lo intentó y consiguió solo un paréntesis. El bueno del economista lombardo, tras verse en medio de una batalla política indescifrable para contables, perdió apoyos cuando amainaba la tormenta y dejó el cargo. Entonces decidió intentar entender la política, montó una lista electoral propia, Con Monti per l’Italia, que obtuvo un 10% de los votos, y se fue por la puerta de atrás tras, finalmente, haberlo entendido todo. El rechazo a sus políticas por los ciudadanos fue proporcional al aplauso que cosecharon las mismas políticas en Europa. Si Draghi recuerda la lección, Monti sabe que en Italia, cuando hay que elegir entre lo urgente y lo importante, gusta que se opte… por lo de siempre.

Hay otra carta más bajo la mesa de esta crisis. Draghi sonaba también como futuro presidente cuando Mattarella deje el cargo en 2022. Parece complicado que pueda ya acceder al único cargo político que conserva cierto prestigio en Italia, tras pasar por la hoguera del Gobierno. Draghi deberá gestionar el dinero que viene de Europa, nombrar un gabinete técnico, pero no puede olvidar que este es un sistema parlamentario y que sin el apoyo de las cámaras será complicado sacar nada adelante.

Matemáticas italianas

Renzi ya se ha posicionado a su lado, es el ganador-perdedor de esta crisis en la que ha jugado el papel de Maquiavelo, y Berlusconi, que sueña con suceder a Mattarella, está casi obligado a dar su apoyo a un Gobierno de concentración y europeísta. Pero Lega y FdI quieren elecciones, y aunque prefieren a Draghi que a Conte, al menos de cara a la galería, sueñan con unas elecciones en las que el viento les sopla de espalda en los sondeos. Quedan los actuales socios de Gobierno, M5S y PD. Los populistas van a salir divididos de esta crisis, que va a tener para su Movimiento un efecto imprevisible, pero que seguramente los devolverá a su espacio natural de opositores, y la izquierda del PD, aunque decidiera apoyar al europeísta Draghi, no tiene fuerza suficiente para sostenerlo.

El nuevo primer ministro que fue capaz de poner de acuerdo a los jefes de estado de los 19 países que forman el euro, ahora tiene la complicada tarea de poner de acuerdo a seis o siete políticos italianos. Lo primero parecía difícil, lo segundo se antoja casi imposible.

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