El ocaso final de la 'dolce vita': Berlusconi y Briatore comparten isla, virus y médico
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Ingresado con neumonía Bilateral

El ocaso final de la 'dolce vita': Berlusconi y Briatore comparten isla, virus y médico

La 'dolce vita' se enferma y se contagia. Al menos, eso se desprende de los dos contagiados más icónicos de la segunda ola del covid en Italia: Silvio Berlusconi y Flavio Briatore

Foto: Silvio Berlusconi. (EFE)
Silvio Berlusconi. (EFE)

La 'dolce vita' se enferma y se contagia. Al menos eso se desprende de los dos contagiados más icónicos de la segunda ola del covid en Italia: Silvio Berlusconi y Flavio Briatore. El primero está aún en la fase de tratamiento del covid y habiendo desarrollado una neumonía bilateral, con todas las alarmas que genera el contagio en un hombre que el 29 de septiembre cumplirá 84 años. Cada día que pasa, en esta enfermedad que se vence quitando hojas al calendario, il Cavaliere (Berlusconi) se siente algo más seguro. “¿Podré lanzar un mensaje para la campaña electoral?”, ha preguntado a sus doctores el incansable político ante la proximidad del referéndum constitucional de recorte de parlamentarios y las diversas elecciones regionales clave en Italia. “Hasta ahora, ha mostrado una respuesta inmunitaria robusta. Su cuadro clínico es en constante mejora”, ha declarado con cierto optimismo su médico, Alberto Zangrillo.

El segundo, Briatore, parece haberse recuperado ya y estar listo para regresar a sus fiestas de su club de Cerdeña, Billionaire, que han dejado una buena recaudación en la caja registradora para él y una buena senda de contagios en el país. “Es un virus panadero, que trabaja de noche y descansa de día”, decía en agosto el empresario, quejándose de que las autoridades pusieran el foco de los contagios sobre la actividad de ocio nocturna. Unos días después, más de 50 personas relacionadas con su discoteca y él mismo dieron positivo por covid-19. “La culpa es de los clientes, nosotros hemos cumplido las normas”, replicó él tras saberse que la Fiscalía abriría una investigación. Falta saber el número de contagios que se han producido en la panadería y en su club para saber si el empresario de 70 años tenía razón en su irónica comparación de contagios producidos en el entorno en que se venden panes y el entorno en que se sirven copas.

Flavio Briatore, saliendo del hospital en Milán. (EFE)
Flavio Briatore, saliendo del hospital en Milán. (EFE)

Berlusconi y Briatore, en todo caso, comparten muchas cosas en una biografía que simboliza un estilo de vida autóctono y estereotipado, 'made in Italy', que deja siempre cicatrices y buenas propinas: empresarios de gran éxito y, desde ahí, que solo desde la cumbre se entienden ciertas costumbres, amantes voraces, vocación veinteañera, oficina en el yate, bronceado perenne, simpatía desbordante y, ahora, un virus tratado por el mismo médico en el mismo hospital. ¿Se lo contagiaron entre ellos? “Cambiaron ya otras cosas”, bromean muchos italianos y muchos medios que han debatido sobre si BB son víctimas de sus supuestos pecados veniales tras reproducirse la escena en la que ambos compartieron abrazo el pasado 12 de agosto en la 'berlusconiana' Villa Certosa, en Cerdeña. “¿Qué tiene que ver eso? Ya me habéis tocado las pelotas”, contestó Briatore en sus redes sociales cuando le insinuaron que en aquel encuentro pudo contagiar al ex primer ministro.

Preocupación por il Cavaliere

Italia mira con preocupación lo que pasa al flanco de la cama de un Berlusconi que, pese a su energía, parece haber comprendido que corre un riesgo. “No he visto el partido. He entendido que debo afrontar esta situación con seriedad y que debo descansar lo más posible. Sin perder de vista mi mundo y menos la política, eso es lo que tengo intención de hacer. Solo así saldré de aquí rápido”, le dijo il Cavaliere a un amigo al que reconocía no haber visto el partido de fútbol del sábado noche del Milan y el Monza, sus dos equipos del corazón. No es que Berlusconi haya infravalorado la enfermedad: guardó la cuarentena en algunas de sus mansiones y se abstuvo de mostrarse en público en los peores momentos de contagios, es que el virus no perdona un descuido y al magnate el verano se le sube a la cabeza, especialmente en su afamada Villa Certona, el lugar de sus famosas fiestas 'bunga bunga' y sus 'velinas'. Como si una maldición fuera, otra vez Cerdeña y una fiesta que dio en su mansión el 14 de agosto podrían estar detrás de su contagio.

Hasta entonces, todo el que visitaba al ex primer ministro en Villa Certona debía demostrar que no estaba contagiado portando un documento acreditativo de test negativo, pero esa noche, como siempre fue costumbre en esas veladas, se pudo relajar un poco la exigencia de mostrar documentos.

Foto: Se reanuda el proceso sobre las fiestas eróticas de Silvio Berlusconi

Otras teorías apuntan a que el contagio pudo venir de la propia hija mayor de Berlusconi, Marina, también contagiada ahora, u otra hija, Barbara, que en un principio fue la señalada por haber estado en contacto en la isla de Capri con personas que luego se ha sabido que tenían el virus. “Ha sido muy dura la campaña que me han hecho señalándome como culpable”, ha declarado Barbara ante las críticas recibidas. Pero todo es especular, apuntar y fusilar sin pruebas, porque puede haber sido al revés, y ser el foco el padre, o venir de cualquier otra parte el contagio de esta maldita dolencia invisible que se adhiere a la garganta en un bostezo o un susurro.

Tributo político

No ha habido en ningún caso 'vendettas' de los viejos enemigos y toda la clase política, unánimemente, se ha puesto del lado del ex primer ministro. “Lo he llamado yo al teléfono la noche que he sabido que había contraído el covid-19 y le he deseado una pronta recuperación”, ha declarado el primer ministro, Giuseppe Conte. “He querido asegurarme de cómo estaba y no veo la hora de volver a encontrarlo en persona”, dijo el líder de la Lega, Matteo Salvini.

El hospital donde están tratando a Berlusconi. (EFE)
El hospital donde están tratando a Berlusconi. (EFE)

Berlusconi, a la espera de poder ser trasladado a su casa de Villa San Martino, en Arcore, está ahora interno en el hospital San Raffaele vigilado por un enfermero específico, servicio de seguridad en la puerta y comiendo los menús que preparan sus cocineros personales. Según avanza el reloj, y con cada giro que dan las manillas sin agravarse la condición del enfermo, más cerca está el ex primer ministro de regresar a su 'dolce vita', esa llena de excesos y momentos bizarros que, trabajando a destajo, tanto él como Briatore se han construido.

"Se votó masivamente a Berlusconi porque simbolizaba lo que querían ser los italianos. Su vida no generaba rechazo, sino admiración y envidia"

“En Italia, se votó durante años masivamente a Berlusconi especialmente porque simbolizaba todo aquello que querían ser los italianos. No generaba rechazo su vida, generaba una mezcla de admiración y envidia”, una idea muy generalizada entre la población italiana que asistió a la explosión y ocaso de un fenómeno político que simboliza a la perfección el devenir último del país. No es por nada que la biografía de il Cavaliere se tituló 'Una historia italiana'.

Entender la Italia de finales del siglo XX y principios del XXI sin Berlusconi sería imposible. El ex primer ministro, tan odiado como admirado, aparecerá en la solapa de los libros de historia y entonces se juzgará si más allá de sus fiestas de pago con chicas jóvenes su impronta fue demostrar que es eficaz que un hombre de negocios se convierta en político o, como era costumbre, es más eficiente el viejo sistema italiano de políticos que se convertían en hombres de negocios.

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