un mes y medio de protestas

'Tres venenosos' del 15-M búlgaro: "La UE no sabe lo que está ocurriendo con su dinero"

Un abogado estrella, un relaciones públicas y un artista se han convertido en portavoces involuntarios del 15-M búlgaro. Estos son "los tres venenosos" que cercan al primer ministro Borisov

Foto: Protesta antigubernamental en Sofía. (Reuters)
Protesta antigubernamental en Sofía. (Reuters)

El primer ministro búlgaro, el conservador Boiko Borisov, ya no sabe cómo detener las protestas que desde hace semanas han tomado las calles de las principales ciudades del país exigiendo su dimisión y elecciones anticipadas. Lo ha intentado todo: vender el fondo de rescate de la Unión Europea por la pandemia como un triunfo, cesar a cuatro ministros, someterse a una moción de confianza —que sabía ganada de antemano—, apelar a la estabilidad nacional en pleno proceso de adopción del euro... Pero nada funciona. Y tres hombres, aparentemente sin nada en común, tienen mucho que ver.

Son Nikolai Hadjigenov, Arman Babikyan y Velislav Minekov. Un abogado anticorrupción, un experto en relaciones públicas y un artista internacional —a los que la prensa progubernamental califica despectivamente como "los tres venenosos"— han acabado erigiéndose como líderes involuntarios de las protestas que cercan a Borisov. Algunos lo comparan con las marchas del 10 de noviembre de 1989 que pusieron fin a la dictadura comunista, aunque su movilización en acampadas y su aparente independencia partidista los asemeja al 15-M español, la Nuit Debout francesa o el Occupy Wall Street de Estados Unidos.

Las protestas han llegado a tomar el aeropuerto de Sofía, bloqueado las principales calles de la capital y rodeado la Asamblea Nacional. Esta misma semana han comenzado las acampadas en las principales plazas de la capital y otras grandes ciudades. Exigen la dimisión de Borisov, del fiscal general, Ivan Geshev, y la convocatoria de elecciones anticipadas. Los acusan de corrupción, de desviar fondos de la UE para su propio beneficio e incluso de un intento de "golpe de Estado blando" contra el actual presidente de la República, Rumen Radev.

Los venenosos

"La catedral de Aleksandar Nevsky es el monumento más importante de Sofía. Sus puertas no se cerraron ni durante los combates de la Segunda Guerra Mundial. Durante nuestras manifestaciones se ha cerrado dos veces. Esa es la magnitud de lo que está pasando en Bulgaria y por qué Europa debería mirar hacia aquí", explica Velislav Minekov a El Confidencial en una cafetería situada, precisamente, entre dicho templo, la Academia Nacional de Bellas Artes —donde trabaja— y la Asamblea Nacional búlgara.

Minekov es un escultor que goza de gran prestigio en su país y reconocimiento internacional —ha expuesto en España en alguna ocasión—. También es conocido por su activismo político. Califica a Borisov como "un mafioso" y a su Gobierno como "una mafia que vive del Estado". Nos advierte que Bruselas "no es consciente de lo que está ocurriendo con su dinero. Los fondos europeos no han servido para mejorar la economía, ni la vida del país. Ha ido todo a los bolsillos de Borisov y sus socios. Por eso hemos dicho que se acabó. Basta ya. Elecciones y un nuevo comienzo".

"Nos bautizaron como 'venenosos' hace ya más de tres años, no es algo de ahora", explica a este diario el abogado Nikolay Hadzhigenov. "Que lo sigan usando solo demuestra la desesperación del Gobierno y sus medios afines, que tienen que recurrir a ataques 'ad hominem' porque están sin argumentos". Este jurista se ha hecho conocido en su país por utilizar las redes y su web personal para denunciar malas praxis en investigaciones anticorrupción o por parte de la policía de Sofía y otras ciudades. Las cargas antidisturbios de la primera semana de protestas fueron señaladas como violencia policial por Amnistía Internacional y ahora los agentes se limitan a acordonar los edificios oficiales.

¿Cómo llamaría a un Estado donde el jefe de Gobierno utiliza al fiscal y a la Policía contra sus rivales y para tapar sus escándalos?

"Borisov es un consumado mentiroso y el actual Parlamento no puede fiscalizarlo", acusa Hadzhigenov. "La moción de confianza de julio estaba claro que iba a ser favorable al gobierno. Sabemos que el primer ministro intentará aferrarse al poder pase lo que pase, por eso pedimos elecciones anticipadas". No tiene problemas en calificar la Bulgaria actual de dictadura: "¿Cómo llamaría a un Estado donde el jefe de Gobierno utiliza al fiscal general y a la Policía contra sus rivales y para tapar sus escándalos y los de sus aliados?".

La tercera pata del "trío venenoso" es el relaciones públicas Babikyan, quien ha estado menos activo en las manifestaciones de las últimas semanas y no pudo participar en este reportaje por problemas de agenda. Desde 2017, cuando fueron señalados como "líderes" contra Borisov tras salir este reelegido, los "venenosos" se apoyan en la organización BOEC —que en búlgaro significa "Luchadores" y cuyas siglas se traducirían textualmente como "Búlgaros Unidos en una Lucha Común"— que empezó exigiendo la destitución de los responsables de la televisión pública nombrados por Borisov.

Manifestantes búlgaros con un cartel que dice 'UE, ¿estás ciega?'. (Reuters)
Manifestantes búlgaros con un cartel que dice 'UE, ¿estás ciega?'. (Reuters)

El reto del euro

¿Y el coronavirus? Bulgaria no es uno de los países que peores cifras maneja: 11.955 contagiados confirmados y 388 fallecidos al cierre de este reportaje. Pero un repunte a principios de julio provocó un paso atrás en ciertas restricciones que algunos manifestantes interpretaron como un intento de Borisov de usar la enfermedad para tapar sus propios problemas.

"Protestamos porque ni un céntimo de los fondos europeos recibidos desde que él gobierna ha servido para mejorar la vida de los búlgaros, ¿y nos dice que el fondo de recuperación por el confinamiento es una victoria? No nos fiamos de él. Protestaremos con mascarillas y gel", nos explica Bilyana, sujetando una pancarta en inglés que pide la dimisión del gobierno.

"El euro no supondrá ninguna diferencia en nuestras vidas si no se acaba con la corrupción. Puede ser incluso peor, no hay más que ver como Grecia fue atacada por los especuladores en 2008", opina Rado, un estudiante que se acerca sin mascarilla al cordón policial del Consejo de Ministros para lanzar caramelos en señal de protesta.

El pasado 10 de julio, coincidiendo con la primera semana de protestas en Bulgaria, el país entraba en nueva fase en el camino a adoptar el euro como moneda que arrancó en 2018 junto a Croacia. Durante dos años, ambos países deberán mantener un tipo de cambio fijo respecto a la divisa europea, fijado por el Banco Central Europeo (BCE). Este último, además, supervisará a las principales entidades bancarias de ambos estados a partir del próximo 1 de octubre, avanzando en la unión bancaria con el resto de la zona euro. La necesidad de estabilidad política en este proceso es uno de los principales argumentos que esgrime Borisov para negarse a dimitir o adelantar elecciones.

"Es una broma. Que Borisov use el euro como argumento solo puede interpretarse como una broma", alega Minekov, que unas horas después repetirá lo mismo en un discurso ante los manifestantes frente a la sede del Consejo de Ministros. El escultor añade que "todo el circo sobre la UE solo demuestra que no ha habido control sobre los fondos a Bulgaria, pero Borisov lo que intenta tapar con eso es que usa el Estado para beneficiarse a sí mismo y a sus socios".

Un primer ministro eterno

Boiko Borisov, líder del partido Ciudadanos por el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB) de centro derecha, ha ejercido como primer ministro búlgaro, con algunas interrupciones, desde 2009. Es el fundador de la mayor empresa de seguridad privada del país, ha recibido reconocimientos por su labor en este sentido por organizaciones como la Europol y, de hecho, en su primera campaña salió elegido con la promesa de combatir la corrupción. Ya ha dimitido en dos ocasiones, la primera en 2013, tras protestas masivas por la subida de la tarifa eléctrica, y en 2017, acusado de corrupción por primera vez y momento en el que comenzaron sus desencuentros con el actual presidente Radev. En ambas ocasiones consiguió salir reelegido en elecciones anticipadas en menos de un año.

Su principal apoyo desde 2017 es el partido Movimiento por los Derechos y Libertades, sobre el papel la formación que representa a la minoría turca en Bulgaria. El líder de dicho partido, Ahmed Dogan, fue acusado de construirse un chalet en la ciudad de Bursa, junto al Mar Negro, en una zona de protección medioambiental y además financiándolo con fondos europeos. A finales de junio, Hristo Ivanov, portavoz de Da, Bulgaria —Bulgaria Sí, partido populista de centro izquierda de nueva fundación— se hizo viral grabándose entrando en lancha en el perímetro de dicho chalet y denunciando su ilegalidad. Esto provocó las primeras protestas en la zona costera, que luego se fueron contagiando al resto del país.

A esto se añadió la acusación de intento de golpe de estado sobre el fiscal general, Ivan Geshev. El 8 de julio, tras varias declaraciones del presidente Radev exigiendo explicaciones sobre el supuesto desvío de fondos, la Policía Judicial irrumpió en las oficinas de la jefatura del Estado para investigar a algunos de los más cercanos colaboradores al presidente. Inmediatamente se convocaron manifestaciones en apoyo de Radev acusando a Borisov y el Fiscal de usar esta "invasión" de la presidencia para tapar sus propios problemas.

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