Contagio animal-humano en granjas de la UE: el último clavo a la industria del visón
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Golpe mortal a la industria peletera

Contagio animal-humano en granjas de la UE: el último clavo a la industria del visón

El Supremo holandés mandó cerrar por consideraciones éticas todas las granjas de visones en 2024, pero la pandemia ha adelantado el fin de la popular industria peletera

Foto: Contagio animal-humano en granjas de la UE: el último clavo a la industria del visón
Contagio animal-humano en granjas de la UE: el último clavo a la industria del visón

Llevaba tiempo condenada a muerte, pero fue el coronavirus el que le dio el tiro de gracia. La industria de la cría de visones, el animal más apreciado para fabricar abrigos de piel y complementos igualmente aterciopelados y caros, tiene sus días contados en Países Bajos. Una sentencia del Tribunal Supremo dictaminó el cierre definitivo para el año 2024. Pero el descubrimiento de visones infectados con el coronavirus, que habían transmitido el covid-19 a trabajadores de la granja, ha acelerado el fin de un polémico negocio.

La industria del visón tiene tradición en Holanda, incluso como negocio familiar. Lyon Hutten, empresario de 43 años, es nieto de un criador de visones que empezó en 1956 con seis animalillos, a los que alimentaba con los desechos de su carnicería. Los fue multiplicando y los hijos siguieron su estela hasta alcanzar los 10.000 a inicios de este año. Un negocio rentable: una piel de visón, sin procesar, vale mínimo 100 euros en el mercado.

Foto: El visón que puede haber contagiado de coronavirus al trabajador de una granja

Otros 35 euros se invierten en el procesamiento, pero este oficio es separado del de las granjas. Hoy día, la mayor parte de los peleteros están en China, país que también cría visones pero además importa gran parte de las pieles obtenidas en otros países.

A Hutten aún le cuesta digerir que el oficio de su abuelo desaparecerá en 2024. Él acaba de echar el cierre hace unos meses, y trata de ayudar a otros a mantener a flote su negocio mientras tanto. “No tiene nada de malo analizarlo desde el punto de vista del bienestar animal, pero esto no es muy distinto a lo que se hace con los cerdos. Y nosotros tratamos muy bien a nuestros animales, con todos los certificados de bienestar animal que son necesarios”, dijo el granjero a la prensa local.

La polémica tiene dos vertientes. Por una parte, se ha demostrado que gran parte de la cría de visones en el mundo somete los animalillos a terribles condiciones. La organización polaca Otwarte Klatki, dedicada a la protección animal, infiltró a uno de sus voluntarios en unas granjas en Polonia, donde más de 80.000 visones se sacrifican cada año para obtener su pelaje. Las imágenes que logró grabar muestran cómo los empleados maltratan a los visones, los arrojan con fuerza a las jaulas o contra la pared o los pisotean cuando intentan escapar. Una de la grabaciones mostraba a un visón vivo con una gran herida abierta, infectada, de la que salían gusanos y larvas. “Esto no va de los animales sino del pelaje. A diario, una persona tira decenas de visones muertos dentro de las jaulas”, aseguró el autor de la investigación.

No tendría por qué ser así, pero incluso sin maltrato, la vida de un visón cautivo no es agradable. Como no son animales gregarios, no pueden criarse en un gran espacio común: se agrederían mutuamente. Tienen que estar en jaulas individuales. En los Países Bajos, el tamaño de jaula recomendado tiene 45 x 30 x 85 cm, no demasiado para un animal que puede alcanzar entre 30 y 40 centímetros de largo, más una cola de hasta 20 cm. Pero ni siquiera este estándar se alcanza siempre: muchas jaulas no llegan ni a 25 cm de ancho, denuncia un informe del Consejo de Europa. Además, en las granjas es imposible ofrecer a los visones un elemento esencial de su hábitat natural: el agua. En la naturaleza, son animales semiacuáticos, que nunca se alejan mucho de un río o lago.

El resultado: los visones de granja llevan una vida monótona, su movilidad está reducida a la celda y no pueden desarrollar comportamientos específicos de la especie. Como resultado, muchos muestran comportamientos desviados como la automutilación, el infanticidio y el canibalismo, pero también deformaciones y anomalías.

¿Muerte dulce?

El proceso de sacrificio más aceptado en Países Bajos es el envenenamiento con monóxido de carbono. En teoría, lo que se llama una muerte dulce. Pero no rápida: al ser una especie con hábitos de buceo, pueden aguantar largo rato sin oxígeno.

¿Podría imaginarse una cría de visones en condiciones adecuadas para la especie, con agua y un espacio individual grande? En teoría, sí, pero sería carísimo y no podría competir con las granjas de otros países, donde no se aplican reglas similares. Pero, además, el debate entre protectores de animales y granjeros va más allá: plantea si es ético criar y matar a animales solo por su piel, un producto de lujo.

La Federación Neerlandesa de Criadores de Animales de Pelaje Noble (NFE) —así se llama—, cree que sí. “Usamos la piel de una vaca como cuero para hacer ropa, muebles, zapatos y bolsos, y muchas veces nos olvidamos de que el cuero no es más que la piel sin pelo. Procesamos el pelaje de las ovejas para hacer alfombras, abrigos y botas, y el de visones para hacer sombreros, joyería y otros productos. ¿Dónde termina la necesidad y empieza el lujo?”, pregunta Wim Verhagen, director de la entidad, en una entrevista con la prensa local. “¿Consideramos un sofá o un bolso de cuero menos lujo porque comemos la carne de esos animales de granja? ¿Y no es un lujo comer carne? ¿Quién decide lo que es el lujo? La piel no solo es un producto natural bonito, es también sostenible”, aseguraba.

Visones infectados con coronavirus en una granja en Países Bajos. (EFE)
Visones infectados con coronavirus en una granja en Países Bajos. (EFE)

Los detractores de esta práctica responden que los visones son animales silvestres que viven en la naturaleza, no como las gallinas y los cerdos, por lo que no pueden ser domesticados ni meterse en pequeñas jaulas metálicas, donde ellos mismos se acaban haciendo daño.

La polémica llegó al Parlamento ya en los años noventa, cuando apareció el primer intento, defendido por un partido progresista, de prohibir la cría de estos mustélidos. Pero el proyecto de ley no llegó a presentarse en el hemiciclo por la caída del Gobierno de Wim Kok en 2002. Su sucesor apartó el plan, en medio de las denuncias de organizaciones de derechos de los animales. En 2008, la formación socialdemócrata presentó un proyecto de ley para prohibir la práctica con el argumento de que es “poco ética, moralmente objetable e innecesaria”. Aseguraron que hay suficiente alternativa al pelaje animal. El proyecto salió adelante: en 2009 se aprobó la ley en el Parlamento y en 2012 llegó el respaldo del Senado.

Cuando decidieron prohibirlo, diputados de izquierdas no dejaron de repetir que los granjeros de visones ganaban mucho dinero

“Cuando decidieron prohibirlo, esos diputados de izquierdas no dejaron de repetir que los granjeros de visones ganaban mucho dinero. Los políticos han destrozado la cría de visones”, asegura Wim Verhagen, que dirige la NFE desde 1982. Había perdido el debate. A principios de 2013 entró en vigor la prohibición de cría de animales para despojarlos de su piel, y, por ende, la apertura de nuevas granjas y empresas dedicadas a ello. Ese mismo año, Verhagen llevó a los tribunales al Gobierno holandés para frenar la legislación, pero la ley acabó siendo confirmada por el Supremo en 2015. En 2017, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en Estrasburgo declaró su respaldo a la Justicia holandesa.

Los visones siguieron así el ejemplo de otros animales: en Países Bajos, la cría de zorros para usar su piel quedó prohibida en 1995, la de chinchillas lo hizo desde 1997, y la de los mapaches, desde 2017; con un periodo de transición de 10 años, para que los empresarios dedicados a ello encuentren otra alternativa de negocio.

Una granja de visones con ejemplares infectados de covid-19, en Países Bajos. (Reuters)
Una granja de visones con ejemplares infectados de covid-19, en Países Bajos. (Reuters)

Ninguno de los visones de granja, por supuesto, viene de un espacio salvaje: llevan criándose en cautividad desde hace muchas generaciones. Se trata del visón norteamericano (Neovison vison), similar en aspecto al visón europeo, que pertenece a un género distinto (Mustela lutreola). El escape de visones de granja ha llevado a que la especie americana, algo más grande, ha desplazado a la europea en algunos lugares, pero ambas no se pueden cruzar.

El 'made in China'

La época de apareamiento es marzo. Los granjeros emparejan a cada macho con al menos diez hembras (en la naturaleza también ocurre así, solo que allí, las hembras también se aparean con numerosos machos distintos durante la época de celo, algo que en las granjas no es rentable). Después de 52 días, nacen los visoncillos, sin pelaje ni capacidad de visión, y se cuidan hasta que, en julio, son lo suficientemente adultos como para poder prescindir de la madre. En octubre ya tienen el tamaño de adultos: es entonces cuando el granjero selecciona a los animales que mejor pelaje tienen para sacrificarlos, al tiempo que aparta un importante número de hembras para continuar con la cría.

A continuación, viene el procesado de la piel, normalmente en otro establecimiento, luego la subasta y finalmente la costura que convertirá el trozo de pelaje aterciopelado en un abrigo para el invierno ruso, un sombrero o un bolso que desfila por las grandes pasarelas de París, Londres o Nueva York. Gran parte es 'made in China'.

La piel de visón es, con diferencia, la más popular del sector, tanto a nivel mundial como en Europa, continente donde la industria peletera mueve enormes cantidades de pelo y dinero. Hay casi 41 millones de visones, dos millones de zorros, 205.000 chinchillas, 200.000 perros mapache y más de tres millones de otras especies, según una investigación del grupo holandés 1037, que lucha contra el sufrimiento animal. En la Unión Europea hay registradas 5.500 empresas de pieles, ubicadas en 22 países, con Dinamarca a la cabeza. Representan el 63% de la producción mundial de piel de visones. Por otra parte, China es el mayor país importador del mundo y el mayor exportador de productos de productos de piel de visón terminados.

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En Austria, Eslovenia, Croacia, Reino Unido y República Checa ya existe una prohibición de las granjas de cría de animales para pieles, mientras que el negocio sigue activo en España, Dinamarca, Francia, Bélgica, Alemania, Grecia, Irlanda y, sobre todo, en Polonia. En Noruega, esta industria, que emplea a 400 personas y factura 55 millones de euros al año, estará prohibida a partir de 2025. Hay debates para seguir estos pasos en el resto de Europa. Suecia y Dinamarca han tomado medidas similares con animales específicos, como los zorros.

En España, Podemos se ha erigido en portavoz de quienes exigen el fin de este oficio y ha instado a cerrar urgentemente las granjas de visones por “el peligro que supone la alteración del equilibrio de la biodiversidad, o el tráfico de especies y para la propagación de enfermedades” como el covid-19. Advierte, además, de que la industria peletera “destaca por su crueldad” y pide que se deje dar prioridad a la economía frente a la salud y el bienestar animal.

Precios más bajos y externalización

El Gobierno holandés había dado tiempo a la industria para recuperar la inversión y buscarse otras opciones de negocio, pero sin ofrecer grandes compensaciones por el fin de un oficio tradicional en Holanda. Desde entonces, el número de granjeros de visones ha disminuido drásticamente: en 2013 había unas 220 granjas de cría de estos mustélidos repartidas por todo el país, hoy quedan unas 120 instalaciones.

El número de animales es cada vez más pequeño, los precios son cada vez más bajos debido a la sobreproducción mundial, y se requiere mucha mano de obra para la crianza de visones, cuando son pocos los empleados interesados en entrar a un sector sin futuro. Pero los defensores de la cría advierten de que el cierre de las granjas en Países Bajos solo hará que se abran más en el extranjero, donde los visones vivirán en condiciones mucho peores. De hecho, ya hay 44 granjas de propiedad holandesa en 13 países.

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Pero si bien la Justicia ya firmó la sentencia de esta industria en Holanda, fue el virus el que ha acelerado el proceso de cierre. El pasado abril, algunos granjeros notaron que sus visiones tenían problemas respiratorios y gastrointestinales, lo que encendió todas las alarmas: la epidemia de coronavirus estaba afectando a miles de estos pequeños mamíferos.

Las autoridades sanitarias trataron de controlar la situación, intentando evitar la decisión radical de sacrificar a los animales de las granjas afectadas por el virus. Prohibieron el transporte de visones y su estiércol en todo el país y establecieron protocolos de higiene adicional, que incluían someter a todas las granjas a test de coronavirus semanalmente.

Esto no logró frenar la amenaza: dos empleados se contagiaron dentro de las granjas, lo que convirtió estas instalaciones en el escenario de los primeros contagios de animales a humanos conocidos en el mundo desde el estallido de la pandemia. La única manera de evitar que se convirtiesen en “reservorio del virus” era sacrificar todos los visones de las granjas afectadas, acelerando así el fin de este negocio que muchos holandeses siguen considerando un “oficio noble”.

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