Los medios hablan de censura

Johnson imita la estrategia de Trump y se enzarza en guerra abierta con la BBC

El asesor estrella de Johnson ya lo había advertido antes: "La derecha debe socavar su credibilidad con una campaña bien financiada". El 'premier' está tomando nota

Foto: El primer ministro británico, Boris Johnson. (EFE)
El primer ministro británico, Boris Johnson. (EFE)

Pónganse en situación. Martes, por la noche. La BBC emite en directo 'Newsnight', uno de los programas emblema de la cadena pública. La reputada Emily Maitlis, la misma que el año pasado entrevistó al príncipe Andrés en plena polémica por su amistad con el magnate Jeffrey Epstein y a la que no le tembló el pulso a la hora de preguntar al hijo de Isabel II en qué momento le pareció una buena idea alojarse en la casa de un condenado por delitos sexuales, comienza a presentar los temas.

Sus palabras son las siguientes: “Dominic Cummings [asesor principal de Boris Johnson] rompió las reglas, el país puede verlo y está conmocionado de que el Gobierno no lo haga. Cuantos más ministros y el propio primer ministro insistan en que cumplió con las directrices, es más probable que se incremente el enfado ante el escándalo. Era el hombre [refiriéndose a Cummings], recuerden, que siempre decía conocer el pulso de la calle, el que etiquetaba de hipócrita a la élite que no estaba de acuerdo con él. Pues bien, ahora debería entender que el sentimiento de la ciudadanía es de furia, desprecio y angustia. Ha conseguido que aquellos que tuvieron dificultades por seguir las normas [del confinamiento] se sientan tontos y ha permitido que muchos asuman ahora que puedan burlarlas”.

Al día siguiente, Maitlist no presenta el programa. La BBC la cadena pública que se financia con la cuota que pagan todos los hogares que tienen televisión en su casa y que siempre ha sido ejemplo de periodismo— considera que “ha roto las normas de imparcialidad”. La fotografía de la presentadora protagoniza todas las portadas y miles de personas comienzan a publicar en redes mensajes de apoyo.

Guerra contra la BBC

El episodio tan solo es la punta del iceberg de la guerra abierta que la BBC y el Gobierno mantienen desde el momento en que Boris Johnson se mudó a Downing Street. Lo cierto es que Cummings —el cerebro de la campaña pro Brexit, convertido ahora más que nunca en el hombre que realmente mueve los hilos en el Número 10— odia literalmente a la cadena pública.

En 2004, New Frontiers Foundation —el 'think tank' que dirigía por aquel entonces el excéntrico y oscuro estratega— llegó a afirmar que la BBC era un “agente propagandista con una ideología coherente”. En concreto, el instituto de investigación señaló que “la derecha debería tratar de socavar su credibilidad con una campaña bien financiada que sacara a los gargantas profundas armadas con memorandos internos y conversaciones grabadas de reuniones”. La gran amenaza del Ejecutivo ahora es cambiar el modelo de financiación.

"La derecha debería tratar de socavar su credibilidad con una campaña bien financiada que sacara a los gargantas profundas"

Pero, antes de nada: ¿realmente Maitlist rompió las normas de imparcialidad o se limitó a describir la realidad? Desde que el asesor del primer ministro fuera pillado rompiendo las reglas del confinamiento, en el Reino Unido no se habla de otra cosa. Y el hecho de que Johnson esté defendiendo a capa y espada a su gurú ha generado una crisis sin precedentes en su liderazgo. Su popularidad ha caído en picado en las encuestas. Por primera vez, su índice de aprobación está en negativo. El líder 'tory' ha perdido completamente el pulso a la calle. Y la dependencia política que está mostrando hacia su estratega preocupa sobremanera al propio Gabinete.

El 27 de marzo, en pleno confinamiento, Cummings realizó un viaje de 400 kilómetros desde Londres al norte de Inglaterra, después de que tanto él como su mujer desarrollaran síntomas del coronavirus, para aislarse en una propiedad de su padre con el objetivo de estar cerca de su familia para que su hijo de cuatro años pudiera ser asistido en caso de que la situación empeorase.

Posteriormente, el 12 de abril, realizó una excursión por la zona hasta Barnard Castle “para comprobar si su visión era lo suficientemente buena como para regresar a Londres conduciendo”. El estratega ha podido dar su versión de los hechos después de que, sin precedente alguno, se le diera el privilegio de explicarse durante una rueda de prensa en el mismísimo jardín de Downing Street.

Dominic Cummings, este 25 de mayo. (EFE)
Dominic Cummings, este 25 de mayo. (EFE)

Pese a las grandes presiones que Johnson sufre para deshacerse del gurú, ya no solo por parte de la oposición sino de sus propias filas, durante su comparecencia el miércoles ante el principal comité de Westminster, pidió a los diputados “responsabilidad política” para “dejar el asunto a un lado y poder seguir hacia adelante”.

En otras palabras, el primer ministro del segundo país del mundo más afectado por el coronavirus (las muertes superan ya las 38.400) estaba asegurando al Parlamento que había que pasar página después de que su estratega haya violado las medidas del confinamiento. Grave, extremadamente grave. Pero la cosa no queda ahí.

La Policía de Durham (norte de Inglaterra) han concluido que “aunque pudo haber una infracción menor de las normas [por parte de Cummings] que habría exigido la intervención de los agentes”, al tratarse de un “infracción menor”, no prevén emprender acciones en su contra. Por lo tanto, Downing Street ha dado carpetazo oficial al asunto.

Modales 'trumpianos'

En la rueda de prensa diaria del jueves, Johnson se mostró más que esquivo y altivo ante las insistentes preguntas sobre la actuación de su asesor —que sigue asegurando que fue “razonable y legal”— dejando con la palabra en la boca a la periodista de la BBC. Sus modales se asemejan últimamente demasiado a los de Donald Trump. Hasta en dos ocasiones, el líder 'tory' evitó que los asesores científicos y médicos respondieran cuando se les planteó si la actuación de Cummings supuso un riesgo para la salud de otros.

El mismísimo 'The Telegraph' —biblia conservadora— señala que la rueda de prensa se pareció más a una “conversación con rehenes”. Por su parte, los tabloides han publicado la foto de la periodista de la BBC con la boca tapada y la palabra 'censura'.

Portada del tabloide 'Metro', el 29 de mayo.
Portada del tabloide 'Metro', el 29 de mayo.

Lo cierto es que el ala dura del Partido Conservador siempre ha estado convencida de que la cadena pública no se esforzaba en disimular un sesgo anti Brexit y un claro rechazo a la figura de Johnson. Aunque, al mismo tiempo, los laboristas se han quejado del trato que recibía el que hasta abril fue su líder, Jeremy Corbyn.

En este sentido, durante la campaña electoral de las últimas generales en diciembre —cuando los 'tories' consiguieron una aplastante mayoría absoluta de 80 escaños—, el primer ministro británico ya dejó claro que la guerra había comenzado.

De buena maña con los medios, a esquivarlos

Mientras que todos los candidatos se sometieron a la compleja entrevista de Andrew Neil —uno de los presentadores estrella de la BBC que, por cierto, fue jefe de Johnson en su época como periodista en la revista 'The Spectator'—, el líder conservador no aceptó la invitación. “La cuestión clave es la confianza, y durante su carrera política y periodística, a veces, incluso los más cercanos a él [Boris Johnson] han considerado que no es de fiar”, recalcó Neil en pleno directo.

Johnson tomó la revancha y, tras formar Gobierno, prohibió a todos sus ministros intervenir en el programa 'Today', el buque insignia de Radio 4 de BBC. Sarah Sands, editora del matinal, acusó a Downing Street de llevar a cabo tácticas 'trumpianas' y de utilizar su mayoría absoluta para intentar “ahogar” a la emisora pública.

En cualquier caso, Johnson parece tener ahora animadversión por todos los medios en general. El pasado 3 de febrero, el Número 10 excluyó a varios periodistas de una reunión informativa. Aquellos que sí habían sido elegidos —entre ellos, Laura Kuenssberg, la editora Política de BBC News— también se marcharon, mostrando así su solidaridad con sus compañeros.

En 'The Daily Mail', el influyente columnista Stephen Glover —quien comparte muchas de las críticas de Cummings a la BBC— señaló que estaba “conmocionado” por lo ocurrido. “Negar a los periodistas el acceso a las sesiones informativas es una censura escandalosa de la que Boris Johnson debería avergonzarse”, escribió.

Por su parte, el 9 de febrero, Adam Boulton —presentador de Sky News— publicó una columna en 'The Sunday Times' titulada “El Número 10 está tratando de controlar los medios y a todo el mundo, y esto en nuestra democracia debería darnos miedo”.

El Número 10 está tratando de controlar los medios y a todo el mundo, y esto en nuestra democracia debería darnos miedo

Durante la pandemia, al Gobierno no le ha quedado más remedio que someter a escrutinio su gestión ante el mayor reto planteado a nivel global en tiempos de paz. Pero no hay duda de que, cuando las aguas vuelvan a su cauce, continuará su batalla con la pública.

El actual director general de la BBC, Tony Hall, asumirá este verano la presidencia de la National Gallery, la principal pinacoteca de Londres. El presidente de la cadena pública, David Clementi, debe nombrar ahora a un sucesor antes de que termine su propio mandato de cuatro años en febrero de 2021. Según los términos de la Royal Charter Agreement —lo que viene siendo la constitución de la cadena—, el presidente mismo es designado por el Gobierno y, dada la poca cordialidad que existe ahora con Downing Street, podría ser que Clementi no sea reelegido si el candidato que selecciona no cuenta con la aprobación del Número 10.

En este ambiente hostil, el Ejecutivo está revisando ahora la posibilidad de “despenalizar” la tarifa de licencia que todos los hogares en el Reino Unido tienen obligación de pagar. Los 173 euros anuales se reducen a 58 euros para quienes todavía cuentan con una televisión en blanco y negro.

La llamada 'TV licence' es la mayor fuente de financiación para la BBC. Supone alrededor de 4.000 millones de euros al año y, según un portavoz de la corporación pública, “despenalizar el impago podría suponer una pérdida de hasta 240 millones de euros en ingresos que afectaría a los contenidos y servicios de los que tanto disfruta nuestra audiencia”. De momento, la tarifa de licencia está garantizada en la Royal Charter hasta 2027. Sin embargo, con la revisión prevista para la primavera de 2022, el Gobierno podría utilizar la ocasión para reducir el pago.

A lo largo de su dilatada historia, la corporación pública ha lidiado diferentes disputas con gobiernos de todo signo político. Pero la profundidad y el alcance de las tensiones que mantiene con el actual inquilino del Número 10 no parecen tener precedentes. Quién diría que antes de político, Johnson fue periodista.

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