Se busca futuro para Grecia... y la industria turística: "Nos afectó la mala publicidad"

El turismo ha aguantado el tirón de la crisis, pero los datos engañan: los cruceros que pasan por las islas griegas tienen muy poco impacto en la economía local

Foto: Manifestación en la Plaza Sintagma antes del referéndum de 2015. (EFE)
Manifestación en la Plaza Sintagma antes del referéndum de 2015. (EFE)

El ruido de las chicharras es atronador en la carretera que pasa por Kíssamos, al oeste de Creta, la isla más grande de Grecia y uno de los principales destinos turísticos del país. En el pueblo y en las carreteras comarcales, así como por las destartaladas calles de alguna de las principales ciudades de la isla, ya no quedan casi carteles electorales, a pesar de que hacía solo unos días que se habían celebrado unos comicios en los que Nueva Democracia había arrasado y se hizo con una mayoría absoluta en el Parlamento.

Las elecciones se vivieron con una sorprendente falta de pasión, tanto en Atenas, cuyas imágenes de calma contrastaba con la ebullición de la Plaza Sintagma en los días más oscuros de la crisis, como en Creta, con una fuerte tradición de voto progresista. Una población cansada de un años de montaña rusa de emociones, pérdida de poder adquisitivo, sustos e insultos como tener que esperar bajo el tórrido sol veraniego de Grecia para sacar 60 euros al día, vivió las elecciones con cierta indiferencia.

En la que fue la principal región que se mantuvo fiel a Syriza, la formación del hasta entonces primer ministro Alexis Tsipras, no había casi ninguna señal de resaca electoral una semana después de los comicios, salvo un par de pegatinas de los numerosos partidos que en Grecia incorporan el hoz y el martillo a sus siglas. En el referéndum de 2015 toda la isla votó en contra del acuerdo con los acreedores, y en las principales ciudades el rechazo superó el 70%.

Los habitantes de Kíssamos ven como alemanes, británicos, franceses, italianos y holandeses se aprietan para entrar en el barco que les va a llevar a la paradisiaca playa de Balos. La escena puede ser agobiante para alguien que lo vea desde fuera. Pero para ellos es música para sus oídos.

Playa de Balos, en Creta.
Playa de Balos, en Creta.

El turismo ha soportado relativamente bien la década de profunda crisis que ha atravesado el país, pero los datos engañan: los populares cruceros que pasan por las idílicas islas griegas tenían muy poco impacto en la economía local.

“Nos vimos muy afectados por la mala publicidad”, asegura Perakis, que trabaja en el sector hostelero de Chania, una de las principales ciudades de turísticas de Creta. “¿A quién no le gusta a ir a un país donde todo es seguro y con buenos precios? Pero cuando escuchas la palabra recesión comienzas a temer que haya, por ejemplo, pequeños delitos”, señala el griego, que responde con un rotundo “sí” cuando se le pregunta si los años de crisis le han hecho daño al sector turístico de la isla.

Grecia salía en las noticias por su brutal crisis económica, los tres rescates, la llegada al poder de Syriza, el abandono de Atenas. La imagen que proyectaba el país al mundo importaba para el turismo. Yanis Varoufakis, entonces ministro de Finanzas, acabó expulsado de una reunión del Eurogrupo, Grecia al borde de recibir una patada que le lanzara fuera de la Eurozona.

La crisis se cobró víctimas en el turismo

Tsipras aceptó el rescate y se adaptó a las exigencias de los acreedores. Entonces Grecia comenzó, poco a poco y con alto coste, a entrar en una relativa normalidad. Para entonces el país había perdido ya casi el 25% de su Producto Interior Bruto y las plazas estaban llenas de gente en paro. Todavía forma parte de la escena local, donde en la plaza 1866, en pleno centro de Chania, se sigue viendo esa estampa, y eso que la economía de la isla está en una posición privilegiada dentro de Grecia.

Perakis y sus compañeros no solo tuvieron que hacer frente a la mala imagen que proyectaba la crisis económica. En 2015 se agudizó una crisis migratoria que volvió a alejar a los turistas de algunas islas griegas, aunque no afectó igual a Creta que a las islas más orientales, como Lesbos, donde el turismo prácticamente ha sido borrado del mapa.

La llegada del conservador Kyriakos Mitsotakis al poder ha sido interpretada por muchos como la vuelta a la normalidad más absoluta, el retorno del ‘establishment’. ¿Pero eso se trasladará a los griegos? “Es la esperanza que todos tienen para cualquier nuevo gobierno. Que traigan puestos de trabajo y dinero. Pero quién sabe. Es realmente muy temprano”, señala Perakis.

La última década ha dejado una gran cicatriz en la economía griega. Incluso después de dos años de relativa estabilidad y crecimiento, el desempleo todavía está en torno al 18% y los bancos se ven agobiados por los créditos morosos”, explica Nick Malkoutzis, editor de MacroPolis, un think tank con base en Atenas.

Mitsotakis, primer ministro griego. (Reuters)
Mitsotakis, primer ministro griego. (Reuters)

Creta se sitúa relativamente bien en una situación delicada. Tiene los mejores datos de paro de todo el país, y su renta per cápita es superior a la de muchas otras regiones de Grecia. Su sector turístico es importante, y ha ganado peso durante las últimas décadas, pero tiene otras actividades que le permiten seguir creciendo.

Pero en la hostelería, con la experiencia de los años, muchos temen que las cosas se vuelvan a torcer. “No puedes prepararte para un escenario así… Todo lo que puedes hacer es asegurarte de tener un plan de contingencia en lo que respecta a los gastos y coordinarte con otras empresas para poder planificar”, señala Perakis, que asegura que este año, a pesar de que Grecia ha lavado esa mala imagen que lastraba sus datos, han llegado menos turistas a Chania.

Durante algunos años Creta se benefició de la inseguridad en Turquía o Túnez. “Este año se han estabilizado y la gente ha vuelto a visitarlos, así que hemos tenido una disminución”, lamenta.

Nuevos retos

Mitsotakis ha llegado al poder con la promesa de un retorno a la normalidad y grandes rebajas en impuestos. Y como Tsipras, también ha prometido que renegociará las condiciones de los acreedores.

“El Gobierno insiste en que se alcanzará la meta de superávit primario del 3,5% del PIB para este año y 2020. Después quieren intentar negociar una reducción del objetivo para 2021 y 2022. Tendremos que esperar para ver si eso s posible, porque la Eurozona no está tan interesada en esa discusión”, explica Malkoutzis.

Pero Mitsotakis puede encontrarse con sorpresas en su camino, porque en Bruselas su idea de reducción de impuestos no termina de convencer y muchos creen que si se llevan a cabo será muy complicado cumplir con esos objetivos. “ND empezará a legislar recortes de impuestos, comenzando con el impuesto a la propiedad, que se hará en los próximos días. Tendrá que encontrar una manera de compensar la reducción de ingresos”, señala el experto.

La teoría es clara. "Se espera que al reducirse los impuestos y un sentimiento positivo respecto a Grecia impulsen el crecimiento y que eso ayude a las finanzas públicas”, señala Malkoutzis, pero eso no será suficiente: “El Gobierno pretende reducir los gastos en algunas empresas públicas y ahorrar por otras vías en el sector público".

La puesta en marcha será mucho más compleja. El experto admite que cumplir con los objetivos "será un desafío, como siempre lo ha sido". Pero la maniobra de Mitsotakis incluye muchos riesgos, y en cierto modo es un salto al vacío: si se reducen los impuestos, y por lo tanto los ingresos, pero no se traslada en un aumento del consumo y del crecimiento de Grecia, el desequilibrio puede ser muy grande. Y eso es un dolor de cabeza para Bruselas y para Klaus Regling, director del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que ha llamado a la prudencia.

Porque gran parte de la maniobra del nuevo primer ministro está fuera de su control. Quiere “dar a la economía griega el mayor espacio para crecer”, pero “no importa cuánto se reduzcan los impuestos, porque si no hay un aumento significativo en la Inversión Extranjera Directa, la economía griega no crecerá de forma significativa”, asegura Malkoutzis.

Bandera europea y griega frente a la acrópolis de Atenas. (Reuters)
Bandera europea y griega frente a la acrópolis de Atenas. (Reuters)

Los problemas de Mitsotakis no se limitan a los objetivos marcados por el rescate y a la urgencia de que la economía griega crezca. Hay asuntos espinosos como la empresa pública de electricidad griega, que en 2018 perdió 500 millones de euros y que va camino de superar la cifra en 2019. Su caída no es una opción para Atenas.

Los retos que tiene por delante Mitsotakis son casi tan grandes como las oportunidades con las que cuenta. "Después de que terminara el tercer rescate, en agosto de 2018, los griegos querían dejar atrás la crisis y seguir adelante", explica el experto, y "este deseo de la sociedad significa que los votantes son más abiertos a políticas e ideas de las que habrían sospechado hace tiempo. Eso es un gran regalo para el nuevo Gobierno, pero deben usarlo con prudencia y cuidado", señala.

Romper con el pasado

La llegada de Mitsotakis es el retorno de las dinastías a la política griega. Es hijo de un anterior primer ministro, su hermana fue alcaldesa de Atenas y el hijo de ella también ha ganado los comicios para dirigir la alcaldía de la capital. No es un caso aislado: el 37% de los primeros ministros del país en esta última etapa democrática tiene algún tipo de relación familiar con antecesores o sucesores en el cargo.

Nueva Democracia se lleva la palma al incluir no solo a la dinastía Mitsotakis, sino también a la familia Karamanlís: Constantinos Karamanlís gobernó Grecia entre 1974 y 1980 y su sobrino lo hizo entre 2004 y 2009. El PASOK contó con los Papandreou, Andreas y Yorgos. La elección de Tsipras también fue, en parte, una reacción a estos linajes.

Alexis Tsipras durante un acto previo a las elecciones de julio de 2019. (EFE)
Alexis Tsipras durante un acto previo a las elecciones de julio de 2019. (EFE)

Pero los problemas de Nueva Democracia y PASOK iban más allá de asuntos familiares. Los enfrentamientos internos, redes clientelares y corrupción de las dos grandes formaciones políticas lastraron a Grecia y evitaron que el país avanzara más y mejor. El reto de Mitsotakis es demostrar que todo eso quedó atrás.

“El gabinete es una mezcla de caras antiguas y algunas personas que no pertenecen a la arena política. Su experiencia en ciertas áreas podría ser vital y la política griega necesitaba una inyección de sangre nueva”, señala Malkoutzis.

Pero algo llamó la atención a todo el mundo. “Con 51 miembros el gabinete es mucho más grande de lo que mucha gente esperaba y la falta de mujeres ha empañado el mensaje de cambio que Mitsotakis trató de enviar”, apunta el experto.

Los griegos quieren algo de calma tras años llenos de emociones, como demostró la relativa apatía en las elecciones y la victoria de Mitsotakis. Pero también rechazan el pasado, como queda probado por el hecho de que Syriza no ha desaparecido y solo ha perdido cuatro puntos porcentuales de voto.

Perakis quiere tranquilidad y una buena imagen internacional para que los turistas sigan llegando a Creta, la sociedad griega quiere comenzar a remontar el 25% que ha adelgazado la economía del país, y las familias tienen la urgente necesidad de comenzar a recuperar el 40% de poder adquisitivo perdido durante estos años.

La crisis no es algo de lo que se pueda hablar en pasado. En las calles de Chania se nota la falta de inversión pública de un Gobierno centrado en sus tres rescates y los 273.000 millones de euros en rescates.

Para los ciudadanos griegos explicar lo vivido en los últimos años es complicado, las emociones se entremezclan y se vivió un auténtico huracán económico, político y social. Ha sido una década tan peligrosa y ruidosa, que para los vecinos de Kíssamos no hay una melodía más emocionante para el futuro de Grecia que, por fin, la tranquilidad del silencio.

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