¿QUIÉN DEFIENDE A LOS POBRES?

Los sureños de la UE deben empezar a mirar al norte

Los países del sur se han reunido en Malta y deben aprovechar para mirar al norte y defender una agenda común. A la vez, ponen sus ojos en el BCE y las carteras económicas de Bruselas

Foto: Pedro Sánchez junto a Antonio Costa, el primer ministro portugués, y Mark Rutte, primer ministro neerlandés. (EFE)
Pedro Sánchez junto a Antonio Costa, el primer ministro portugués, y Mark Rutte, primer ministro neerlandés. (EFE)

¿Quién defiende los intereses del sur? Esa es una de las preguntas más habituales que salen a la luz cuando se habla de la Unión Europea, un club que a ojos de muchos está controlado por el norte. Los países nórdicos trabajan de forma conjunta, con objetivos comunes y con un nivel de coordinación que los Estados miembros del sur no han logrado nunca.

Los factores son diversos. Los sureños deben cargar con el peso de un músculo económico menor, han sido el foco de inestabilidad para el resto de la Eurozona durante los años de la crisis financiera y eso ha repercutido en influencia y representación. Solo Italia ha sido capaz de mantener un perfil alto entre 2014 y 2019, con los cargos de la presidencia del Banco Central Europeo, en manos de Mario Draghi, y la jefatura de la diplomacia europea, que controla Federica Mogherini. Pero Italia es Italia.

Este viernes se ha celebrado en Malta la quinta cumbre de países del sur de Europa, en la que ha participado Pedro Sánchez junto a Giuseppe Conte, primer ministro italiano, Antonio Costa, líder portugués, el chipriota Nikos Anastasiades, el francés Emmanuel Macron, el heleno Alexis Tsipras y el anfitrión, Joseph Muscat. El encuentro tenía muchos asuntos sobre la mesa, pero el más urgente era el baile de sillas que se está produciendo para los nombramientos de líderes en la cúpula de la UE.

“No se puede hablar de un bloque del sur, no hay cohesión”, apunta Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano. Pero para los países del sur debería empezar a ser una necesidad. No son los únicos que han tenido que adaptarse a las circunstancias.

La “Nueva Liga Hanseática”, un grupo de unos 8 países ortodoxos y que apuestan por la disciplina fiscal se unieron y coordinaron cuando el Reino Unido comenzó su salida de la UE y vieron la necesidad de combinar fuerzas para poder tener voz propia dentro del club y evitar así un aumento de la integración económica. Durante muchos años habían podido esconderse tras el hermano mayor, Londres, pero ahora les tocaba defenderse.

Este club de países nórdicos han demostrado ser capaces de bloquear progresos en materia de integración en los que hasta el eje franco-alemán estaba de acuerdo, han tenido una mano de hierro que ha evitado un presupuesto para la zona euro y algunas medidas más para una Eurozona más integrada. Justo esos son los asuntos que interesan a los países del sur, que por el momento son incapaces de mostrar la unidad de acción y la efectividad que demuestran los nuevos hanseáticos.

El club liderado por Países Bajos debería ser un ejemplo para los del sur: si son capaces de cuadrar una agenda común y se conciencian sobre la importancia que tiene defender las posturas en Bruselas podrán empezar a influir de forma positiva en la agenda de integración europea de forma que puedan contrarrestar los vientos contrarios que soplan desde el norte.

El puesto más importante de la Unión Europea

Han corrido ríos de tinta sobre la sustitución de Jean-Claude Juncker al frente de la Comisión Europea o las posibilidades que pueda tener España de apostar por un cargo importante en el Ejecutivo comunitario. Pero hay un cargo mucho más importante que el resto: la presidencia del Banco Central Europeo (BCE).

El rol de Draghi al frente de la institución ha sido clave para la supervivencia de la Eurozona y el italiano ha tenido que ser valiente y arriesgarse con la profundización de las políticas monetarias no convencionales para que la moneda única no saltara por los aires.

El sustituto del italiano tendrá que ser, como mínimo, igual de valiente. El temor en el sur es que un ortodoxo se haga con el cargo, como por ejemplo el alemán Jens Weidmann, que entienda el mandato del BCE de forma estricta.

“Al sur le interesa una continuación de Draghi”, señala Otero, que asegura que “el presidente del BCE es el cargo más poderoso de la UE porque el BCE es la institución más federal y por lo tanto tiene más poder”.

Sin embargo, el investigador de Elcano cree que aunque fuera Weidmann el escogido, sus posturas como presidente del BCE serían menos ortodoxas que lo que ha sido durante los últimos años como presidente del Bundesbank.

El baile de nombres que beneficiaría a los sureños habla fundamentalmente francés. Benoît Coeuré, alto cargo del BCE, François Villeroy de Galhau, gobernador del banco de Francia, y Olivier Blanchard, que fue economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), se encuentran entre los favoritos.

¿Lo importante? La economía

Para España, sus intereses están centrados en la economía. Aunque el nombre de Josep Borrell haya sido el elegido por Pedro Sánchez para liderar las listas del PSOE a las europeas, y por tanto se haya interpretado como el candidato español a alguna cartera en la próxima Comisión Europea, el partido está todavía muy abierto.

De hecho Borrell no podría aspirar a los puestos que más interesan a España: los que controlan las carteras económicas, como sustituir a Pierre Moscovici, actual comisario de Asuntos Económicos y Financieros, o el vicepresidente a cargo del Euro, Valdis Dombrovskis. Otero cree que España podría aspirar a una vicepresidencia económica del Ejecutivo comunitario.

Con un Gobierno que tendrá que pactar año a año presupuestos con Podemos a Sánchez le interesa tener una mano amiga a cargo de la supervisión de las cuentas públicas, que vaya a tener cadera y margen para evitar una regañina continua desde Bruselas. Por eso el líder socialista deberá considerar la posibilidad de gastar su bala en un cargo para la actual ministra de Economía, Nadia Calviño.

Un perfil así también interesaría a Portugal e Italia. Mientras Lisboa sí tendrá la opción de situar a algún nombre en buena posición, y ya controla la presidencia del Eurogrupo, Roma tiene el agua al cuello con la apertura de un procedimiento de déficit excesivo y contará con poco margen para exigir sillas.

Europa
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