LA MIGRACIÓN HA CAMBIADO EL PANORAMA POLÍTICO

Quemar un Corán envuelto en beicon: en Dinamarca, todos quieren el 'voto ultra'

Un nuevo partido de ultraderecha quiere prohibir el islam y echar a los extranjeros de Dinamarca, el país precursor de la línea dura migratoria en Escandinavia

Foto: Una activista con 'niqab', en Dinamarca. (Reuters)
Una activista con 'niqab', en Dinamarca. (Reuters)

Una estrella ha nacido en Dinamarca. Durante la campaña electoral en el país nórdico, que este miércoles celebra elecciones generales, el protagonista incuestionable ha sido Rasmus Paludan. Este abogado de 37 años, al frente de un pequeño y ultrarradical partido xenófobo (Línea Dura), ha pasado de ser un personaje anecdótico que apenas hace un mes sufría para reunir las firmas necesarias para su inscripción, a colocarse a las puertas del Parlamento, según los últimos sondeos.

Paludan empezó siendo un fenómeno viral en YouTube entre los más jóvenes por sus polémicos vídeos, en los que llegó a quemar ejemplares del Corán envueltos con beicon o visitar guetos de inmigrantes para insultar a sus habitantes, riéndose de su acento y exigiendo que abandonen Dinamarca. Les grita "perdedores", "parásitos" y tilda al profeta Mahoma de "pedófilo", mientras pasea con estilo teatral y chaleco antibalas rodeado de policías.

“Ninguna democracia ha conseguido nunca integrar a grandes cantidades de musulmanes, y el motivo es que es imposible. No puedes integrar el fuego y el agua”, ha dicho Paludan, quien en uno de sus vídeos llega a hablar del peligro de una guerra civil y derramamiento de sangre en el futuro.

Un fenómeno bizarro

Los disturbios provocados en abril en una de esas visitas a un popular barrio de Copenhague le permitieron dar el salto a los grandes medios. La popularidad de este "guardián de la sociedad" y "faro de los daneses" —como se define a sí mismo— se disparó y pudo convertir su partido Línea Dura en una opción electoral seria, accediendo a los debates televisivos con el resto de líderes políticos.

Los inesperados pronósticos favorables de los sondeos lo obligaron a improvisar sobre la marcha la incorporación de nuevos candidatos para completar las listas electorales. Entre sus fichajes, un controvertido psicólogo conocido por sus teorías que vinculan la inteligencia con el sexo y el origen étnico. Al mismo tiempo, los medios daneses comenzaron a dedicarle casi tanta atención como a los líderes de los principales partidos, publicando a diario detalles de su bizarra vida personal y de sus interminables litigios. Fue condenado en firme por insultar a un policía y también se le sigue un proceso judicial por grabar vídeos racistas frente a la casa de una activista danesa de origen sudafricano. Pero eso parece que no evitará que llegue al Parlamento danés, donde la barrera mínima es del 2% de los votos.

El líder de extrema derecha danés Rasmus Paludan. (Reuters)
El líder de extrema derecha danés Rasmus Paludan. (Reuters)

El fenómeno Paludan ha sacudido la campaña de una forma contundente. Rechazado por el resto de fuerzas políticas, sus críticos lo consideran un reflejo de cómo la migración ha cooptado el debate en Dinamarca, un país que en las últimas dos décadas ha vivido una transformación radical política y social. De ser el país modelo con una política abierta y tolerante para la migración y el asilo, se ha convertido en lo que va de siglo en un referente de la línea dura migratoria.

Efecto contagio

Lo que comenzó como posiciones extremistas de los grupos de ultraderecha ha ido poco a poco siendo asumido por los principales partidos, incluidos los socialdemócratas, a los que todos los sondeos apuntan como claros favoritos en las urnas para encabezar un Gobierno de centro izquierda los próximos cuatro años.

La líder socialdemócrata, Mette Frederiksen —de 41 años y quien podría convertirse en la primera ministra más joven en la historia de Dinamarca—, ha profundizado el giro iniciado a principios de esta década por sus precursores en el cargo, votando a favor de todas las restricciones impulsadas los últimos cuatro años por el Gobierno liberal-conservador de Lars Løkke Rasmussen y su principal aliado, el Partido Popular Danés (DF).

Surgido a finales del siglo pasado como una escisión de un partido protesta y de corte antimusulmán, el DF fue el protagonista de las elecciones generales de 2001, marcando un duro tono de una campaña centrada en la inmigración y contribuyendo de forma decisiva al histórico triunfo de la derecha, que ha gobernado Dinamarca este siglo salvo en el periodo 2011-2015.

Con un porcentaje de votos en torno al 12-14% (que se disparó al 21% en 2015) y tercera fuerza más votada, el DF ha sostenido a todos los ejecutivos de derecha, provocando una profunda transformación de la política danesa en inmigración y asilo. No solo arrastró a sus posiciones a la mayoría de partidos daneses, sino que también actuó como referente para fuerzas similares en el resto de Escandinavia, como Noruega y, especialmente, Suecia.

Demócratas de Suecia -ahora tercer partido en número de votos- es heredero directo del DF, con el que ha hecho campaña conjuntamente en alguna ocasión. Pero a diferencia de los radicales daneses y noruegos, el partido sueco es aislado por el resto de fuerzas debido a su carácter xenófobo. La excepción a la línea general en el resto de la región, donde estas fuerzas son aceptadas y no se las tilda de ultraderecha, sino ultraconservadoras y críticas con la inmigración.

Sirios por las autopistas

La llamada crisis de los refugiados que estalló en Europa a finales del verano de 2015 produjo un nuevo giro en la política danesa. Dinamarca se convirtió en el quinto país de la Unión Europea con más solicitudes de asilo, sacudido por las imágenes de cientos de sirios cruzando a pie sus autopistas rumbo a Suecia, líder en el número de peticionarios per cápita en la UE y que acabó poniendo fin a su otrora generosa política de acogida, además de implantar controles fronterizos internos, una medida que también han instaurado sus vecinos daneses.

La inmigración y los refugiados han adquirido todavía más presencia en la política danesa en los últimos cuatro años, y su Gobierno ha estado a la cabeza de una línea restrictiva con más de un centenar de medidas legales, que van desde una polémica ley para requisar objetos personales y dinero a los peticionarios de asilo a endurecer la reagrupación familiar, un proyecto de cárcel en una isla para extranjeros criminales (la mayoría con condenas menores) que no pueden ser expulsados y rebajar en varias ocasiones las ayudas económicas a quienes llegan a Dinamarca.

El enfoque de la nueva política de inmigración danesa, consensuada por toda la derecha y los socialdemócratas, ha sufrido además un cambio esencial: el objetivo ya no será integrar a los refugiados que se encuentren en Dinamarca, sino que regresen a sus países tan pronto como sea posible.

Viejos ultras, nuevos ultras

Pero a pesar de ese contexto tan 'a priori' favorable, el DF ha sufrido una caída continua desde que alcanzó sus mayores éxitos con el triunfo en las elecciones europeas de 2014 y el segundo puesto en las generales de 2015. Una suma de errores tácticos ha desembocado en un desplome en los recientes comicios europeos, bajando a la cuarta plaza y perdiendo más de la mitad de sus votos. La aparición de Línea Dura y Nueva Derecha —otra fuerza xenófoba algo más moderada — y la asunción de sus políticas más emblemáticas por los demás partidos hacen que los pronósticos para las generales del miércoles no sean mucho mejores.

Al DF le han arrebatado hasta la condición de látigo de inmigrantes. En otros tiempos, eran sus políticos los que tenían el monopolio de los ataques verbales, comparando el islam con el nazismo o el velo con la esvástica. Pero en la última legislatura, ese papel lo ha desempeñado la ministra de Integración, la liberal Inger Støjberg. Una maestra en el uso de las redes sociales, Støjberg puede aparecer en una foto con un pastel celebrando las restricciones en política de inmigración como para invitar a denunciar las pizzerías donde hay empleados que no hablen danés por si usan mano de obra ilegal.

De la línea dura que impera en Dinamarca solo se desmarcan aún las fuerzas más a la izquierda en el Parlamento y los social liberales, apoyos con los que los socialdemócratas deberán contar para sacar adelante la legislatura. Pero Frederiksen ya ha reiterado que el marco general no va a sufrir ninguna modificación y que solo está dispuesta a negociar alguna concesión menor, como permitir pequeñas mejoras para las familias de refugiados que esperan en centros especiales con solicitud de asilo rechazada. Su idea es gobernar en solitario en minoría y negociar a ambos lados del Parlamento. Un Parlamento en el que podría entrar el espíritu más radical de la sociedad danesa.

"Nuestras calles y estrechos se convertirán en ríos de sangre", advierte Paludan,"y la sangre del enemigo extranjero terminará en la alcantarilla, donde pertenecen los enemigos extranjeros".

Europa

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
19 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios