Anxo Lamela

Copenhague, 2 jun (EFE).- La inmigración y la inversión en bienestar han sido los temas dominantes en la campaña para las elecciones generales danesas del próximo miércoles por delante de cuestiones como los efectos del cambio climático o los impuestos.

Aunque sondeos recientes sitúan los temas medioambientales a la cabeza de las preocupaciones de los daneses y los recientes comicios europeos dieron un espaldarazo a partidos con un enfoque más verde, así como a los proeuropeístas, su papel en campaña ha sido modesto.

El Partido Socialdemócrata, favorito para ganar los comicios y gobernar, pretende reducir las emisiones de gases contaminantes un 60 % antes de 2030 y ha lanzado varias iniciativas, como construir más parques eólicos e impulsar la venta de coches eléctricos.

El Partido Liberal del primer ministro, Lars Løkke Rasmussen, quiere consensuar un nuevo pacto climático y prohibir la venta de coches de gasolina y diésel en 2030, pero ambas fuerzas han sido criticadas por organizaciones y expertos por su falta de concreción.

Un estudio de la Universidad Técnica de Dinamarca revela que las promesas de los partidos son insuficientes para cumplir con los compromisos del pacto climático mundial de París, a excepción de la rojiverde Lista Unitaria y el centrista La Alternativa.

La escasa ambición en los programas y la moderada presencia en el debate de temas medioambientales contrasta con la inmigración, cuestión que ha centrado las elecciones danesas en este siglo, con la excepción de 2011, las únicas que ha ganado el centroizquierda.

La crisis de refugiados que estalló en el verano de 2015 hizo que la política migratoria tuviera aún más relevancia esta legislatura.

Entre las iniciativas polémicas impulsadas por el Gobierno de derecha danés figuran la de requisar pertenencias a los refugiados para costear su estancia y un plan para acabar con los guetos, además de un "cambio de paradigma" en la línea general: el objetivo ya no será la integración, sino el retorno al país de procedencia.

Los grandes acuerdos en ese área han contado con el respaldo del xenófobo Partido Popular Danés (DF), aliado externo del Gobierno, y de los Socialdemócratas, que han rechazado modificar su línea.

Ante el consenso entre las grandes fuerzas, el debate ha girado sobre aspectos más triviales, como permitir a las familias pendientes de expulsión cocinar en los centros donde viven internados.

La discusión ha contado con un agitador inesperado: Rasmus Paludan, líder de Rumbo Firme, pequeño partido xenófobo que ha pasado de fenómeno viral juvenil desconocido para el resto de los daneses a tener serias opciones de entrar en el Parlamento.

Paludan, que quiere prohibir el islam y expulsar a inmigrantes no occidentales, se hizo famoso por sus agresivos vídeos en guetos en los que se encaraba con sus residentes y les pedía irse de un país que siente amenazado por la población extranjera, que ronda el 10 %.

Los disturbios ocurridos en un barrio multicultural de Copenhague tras una manifestación suya hace un mes lo convirtieron en un fenómeno nacional con una enorme atención mediática, solo superado por Rasmussen y por la líder socialdemócrata, Mette Frederiksen.

Su irrupción ha expuesto además las contradicciones de los principales partidos daneses: aunque todos se han desmarcado de Rumbo Firme y lo acusan de extremista, muchas de sus ideas no están lejos de las del DF y el consenso general en inmigración, solo que Paludan usa un estilo más provocador y directo.

Los sondeos colocan también con opciones de lograr representación a Nueva Derecha, que pide no admitir más refugiados y expulsar a los extranjeros con condenas criminales.

La inversión en bienestar también ha sido tema de discusión, aunque liberales y socialdemócratas apuestan por recetas similares.

Rasmussen ha prometido destinar 69.000 millones de coronas danesas (9.240 millones de euros) en los próximos cinco años, lo que supondría un aumento del gasto público del 0,65 % anual.

Frederiksen apuesta por un incremento del gasto del 0,7 %, además de una reforma mínima del sistema de pensiones que permitiría retirarse antes a las personas más castigadas físicamente. EFE