ELECCIONES EUROPEAS 2019

Aumenta la participación y las sorpresas con los primeros sondeos de las europeas

La Unión Europea inicia una nueva era este domingo, cuando la mayoría de europeos acuden a las urnas en la cita más importante de la democracia europea

Foto: Campaña de los verdes en Alemania. (Reuters)
Campaña de los verdes en Alemania. (Reuters)

Dos visiones de Europa se están enfrentando este domingo en las elecciones más importantes de la historia de la Unión: la de los proeuropeos, que buscan continuar con la integración del proyecto, y la de los euroescépticos, que quieren devolver las competencias a las capitales.

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Hoy están votando 21 Estados miembros. Los siete restantes, entre ellos Reino Unido y Países Bajos, ya lo han hecho desde que comenzaron los comicios europeos el pasado jueves. Según avanza la tarde se están conociendo varios sondeos a pie de urna que dan una imagen general de cómo puede ser el resultado a final de la noche.

Varias sorpresas

Las primeras encuestas a pie de urna en Alemania muestran que la CDU de Angela Merkel quedaría primera, con un 28% de los votos y 28 escaños, seguida de los grandes vencedores de la noche, Los Verdes, que habrían obtenido entre un 21 y un 22% de los votos y que contarían con unos 23 escaños. Por el contrario, se hundirían los socialdemócratas hasta el 15,5% de los votos, cayendo a tercera posición. La gran coalición entre socialistas y conservadores que hoy gobierna Alemania solo sumaría el 48% de los votos, muy lejos del 58% que alcanzaban hace solo una década.

Por su parte, en Grecia, la conservadora Nueva Democracia (ND), principal fuerza de la oposición, habría ganado las elecciones al Parlamento Europeo en el país heleno, mientras que el partido izquierdista Syriza del primer ministro, Alexis Tsipras, habría quedado relegado al segundo puesto, según los sondeos a pie de urna publicados al cierre de los colegios electorales a las 19.00 hora local.

En Hungría, el partido del primer ministro, Viktor Orbán, habría conseguido el 56% de los votos, quedándose con 14 de los 21 escaños concedidos al país húngaro en la Eurocámara.

Aumento de la participación

El aumento de la participación es, de lejos, la mejor noticia para Bruselas: es la primera vez que rebota en la historia de la democracia europea, y a ojos de los mandatarios de la Unión Europea significa que a los ciudadanos les importa lo que ocurre dentro del Parlamento Europeo.

En Francia la participación ha crecido hasta el 43% comparado con el 35% en el que se quedó en 2014 a las cinco de la tarde. También hay datos muy positivos en el bloque del este, normalmente el más apático ante las elecciones europeas. En Italia se mantiene estable.

Eslovaquia, el país con menor participación en 2014, quedándose en un 13%, ha alcanzado a esta hora el 20%. En Rumanía también ha crecido mucho la participación, especialmente gracias a la movilización generada por un referéndum convocado sobre la polémica reforma del código penal emprendida por el Gobierno.

Estas elecciones - las segundas que implican a un mayor número de votantes del mundo, solo por detrás de India - serán un reflejo de lo que llevan viviendo las democracias nacionales durante los últimos años: una fractura importante del Parlamento que dificulta la gobernabilidad.

Los resultados comenzarán a conocerse a partir de las 11 de la noche, cuando cierren los últimos colegios electorales en Italia, y aunque para obtener los resultados finales y definitivos habrá que esperar al recuento de todas las capitales, al borde de la medianoche ya tendremos una idea muy aproximada de qué forma tendrá el brazo legislativo de la Unión durante el próximo lustro.

Antes, la Eurocámara publicará una primera proyección de la composición del nuevo Parlamento sobre las ocho y cuarto de la tarde basándose en las encuestas a pie de urna de todos los Estados miembros. La noche electoral será larga en Bruselas, con los grandes candidatos de las elecciones siguiendo los resultados desde dentro del Parlamento Europeo.

Reunión del Consejo Europeo en Bruselas. (Reuters)
Reunión del Consejo Europeo en Bruselas. (Reuters)

A partir del resultado definitivo comenzará a construirse la agenda de los próximos días. El lunes será una jornada de resaca electoral, pero el martes 28 de mayo comenzará la siguiente batalla: se reunirá la Conferencia de Presidentes de grupo para tratar de imponer el nombre de un candidato al puesto más importante de la UE. Esa misma noche los jefes de Estado y de Gobierno se reunirán en Bruselas para intentar hacer lo mismo. Porque estas elecciones van sobre muchas cosas, pero la más relevante es quién será próximo presidente de la Comisión Europea.

El Parlamento Europeo, la institución con más legitimidad democrática, quiere tener el control sobre qué nombre se pone encima de la mesa, como ya hicieron en 2014, cuando lograron imponer a Jean-Claude Juncker como único candidato posible al cargo de la presidencia del Ejecutivo comunitario.

Es la defensa encarnada por parte de la Eurocámara del ‘spitzenkandidaten’ o cabeza de lista: se conjuran para solo votar a presidente de la Comisión Europea a alguien que haya participado en las elecciones europeas encabezando una de las listas al Parlamento Europeo. En la práctica será complicado que puedan imponerse a los Estados miembros, que son los encargados de designar a un candidato, aunque este deba ser aprobado después por el hemiciclo, que tiene poder de veto.

Una de las lecturas clave será saber si los esfuerzos por parte de la UE han servido para que la participación no siga cayendo a mínimos históricos, después de que en los comicios de 2014 tocara su propio suelo al no llegar siquiera al 43% de participación. Martin Selmayr, mano derecha de Juncker y uno de los hombres más poderosos de Bruselas, apuntaba hoy en esa dirección: “Un aumento de la participación esta vez mostraría que Europa importa. Que la competición de caras e ideas marca la diferencia”, ha asegurado en Twitter.

Una nueva era de división

Los comicios europeos de 2014 poco tienen que ver con los de este 2019. Europa tiene una cara muy diferente a la de hace cinco años debido a la crisis de los refugiados, el Brexit, las tensiones comerciales con Estados Unidos o la aparición de nuevas fuerzas nacionalistas. En este nuevo panorama cobrarán más fuerza que nunca entre los ciudadanos europeos las opciones ecologistas o las federales, así como las euroescépticas como reacción a las fuerzas integradoras.

De confirmarse la fragmentación del voto, será más difícil que los distintos grupos alcancen acuerdos. La mayoría estable peligrará. Lo más probable es que los populares, socialistas y liberales cierren una especie de "súper gran coalición" para dominar las instituciones. Si las cosas se tuercen y los resultados son débiles para estos grupos podrían llegar a necesitar también el apoyo de Los Verdes.

Reunión de euroescépticos en Milán, liderada por el italiano Matteo Salvini. (Reuters)
Reunión de euroescépticos en Milán, liderada por el italiano Matteo Salvini. (Reuters)

El fin de las mayorías estables se ha ido sucediendo en los distintos parlamentos nacionales en los últimos años. También ha ocurrido en el propio Consejo Europeo. En 2014 había una mayoría de representación (por países y peso de su población) del PPE y de los socialistas. En 2019, los liberales están muy presentes en el Consejo y pelean mano a mano por la mayoría junto al PPE y los Conservadores.

Euroescépticos fragmentados

La división se vivirá, incluso, entre las fuerzas euroescépticas, que aumentarán su poder en la cámara. Estos partidos, que han intentado impulsar una agenda común eurófoba, han sido incapaces de ponerse de acuerdo: los polacos del Partido Ley y Justicia (PiS) ven con malos ojos a aquellas formaciones que mantienen lazos con Rusia, como el partido de Salvini, mientras que rechazan al AfD alemán por sus raíces neonazis. Por su parte, los Demócratas Suecos no se sientan en la misma mesa con formaciones proteccionistas como la de Le Pen porque su prioridad es el libre comercio.

Además los distintos partidos euroescépticos están pasando sus propias crisis. Por ejemplo, el FPÖ austriaco ha tenido que salir del Gobierno del país después de que viera la luz un vídeo trampa en el que su líder se mostraba en disposición de aceptar fondos de un magnate ruso para su campaña electoral a cambio de contratos públicos. El Ejecutivo austriaco ha caído y el país se dirige a nuevas elecciones. Mientras tanto, en Polonia, el PiS pasa por su particular crisis de imagen al hacer un apoyo cerrado a la Iglesia después de que en las últimas horas se hayan conocido varios casos de pedofilia.

El primer ministro húngaro Viktor Orbán, uno de los principales líderes eurófobo, ha reflejado este domingo la crisis por la que atraviesan los euroescépticos. El magiar siempre ha apostado por el llamado “modelo austriaco” a nivel europeo: es decir, seguir el ejemplo de Viena y que la derecha tradicional tienda puentes a los extremistas. Preguntado por si se debe exportar dicho modelo a Europa, Orbán ha respondido hoy de forma distinta a todas las demás veces: “He cambiado al italiano”.

En Países Bajos, que votó este jueves, se espera que los nacional-populistas queden lejos del poder, con una sorprendente victoria de los socialdemócratas, según las encuestas a pie de urna. El centro izquierda se situaría por delante de los liberales del primer ministro Mark Rutte.

También se celebraron elecciones en Irlanda, donde las encuestas apuntan a un importante aumento de los votos para Los Verdes, como confirmó poco después el primer ministro conservador Leo Varadkar: “Quiero felicitar a Los Verdes por unas muy buenas elecciones. Es un mensaje muy claro por parte del público que quiere que hagamos más en acción climática – hemos recibido el mensaje”.

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