COMIENZA LA LUCHA POR LOS NOMBRAMIENTOS

Tras un lustro de crisis, la UE busca una nueva hoja de ruta ante un futuro incierto

Los líderes de los Veintisiete se reúnen este jueves en la ciudad rumana de Sibiu para debatir sobre el futuro de la Unión Europea y abrir el debate de la renovación de la cúpula de la UE

Foto: Líderes charlan durante un Consejo Europeo. (EFE)
Líderes charlan durante un Consejo Europeo. (EFE)

En un momento delicado, con un Brexit no finalizado y con una falta de dirección y unidad evidente en el proyecto, los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete se reunirán este jueves en la ciudad rumana de Sibiu con el objetivo de comenzar a trazar un plan para el futuro que deberá terminar de concretarse para el Consejo Europeo de junio. La hoja de ruta, emborronada por la falta de ambiciones concretas por parte de ciertos países en algunos campos clave como la reforma de la Eurozona, servirá de excusa para dar inicio a la reyerta que precede a la renovación de la cúpula institucional de la UE.

La inusitada muestra de unidad de la que la UE ha hecho gala durante los últimos meses a raíz de las negociaciones del Brexit tiene mérito, pero a la vez tiene trampa: es un oasis provocado por la facilidad de estar unido “contra” algo. Sin embargo, es muy difícil mantener la unidad cuando lo que se trata es de avanzar en un campo minado de intereses individuales, fobias y manías que convierten en un calvario cualquier reforma sustancial para la Unión Europea.

Para la UE la cumbre que se celebra este jueves en la ciudad rumana de Sibiu representa dos cosas: por un lado un club que llega a la línea de meta de los últimos cinco años agotado y con la lengua fuera, ahogado y sofocado por las distintas crisis, y al mismo tiempo es el pistoletazo de salida a un lustro que presenta muchísimos retos y, a priori, pocas oportunidades evidentes.

Donald Tusk, presidente del Consejo. (EFE)
Donald Tusk, presidente del Consejo. (EFE)

En el último lustro el bloque comunitario ha sufrido una crisis de deuda soberana, ha estado a punto de ver cómo la zona euro saltaba por los aires, para después tener que lidiar con una crisis migratoria sin precedentes, y finalmente hacer frente a la salida de uno de sus principales Estados miembros, el Reino Unido, y la desfiguración total de sus relaciones transatlánticas. Es un trago amargo.

La UE se parece poco a aquella que inició en 2014 la etapa que ahora finaliza. Las crisis la han vuelto más política, pero también han dejado ver muchas de sus deficiencias y, además, no han resuelto algunos de los agujeros más graves dentro de la estructura económica de la Unión. Ahora, partiendo de una postura delicada maquillada por la unidad mantenida hasta ahora en el proceso del Brexit, la UE se enfrenta a nuevos y peligrosos retos.

Los líderes se sentarán a discutir sobre los principales asuntos de la agenda europea para el próximo lustro y tratarán de ponerse de acuerdo sobre las prioridades estratégicas para el club comunitario. Y el drama para la UE es que, al menos por el momento, los únicos puntos en los que los socios están relativamente en la misma línea son mínimos: nadie quiere inmigración ilegal y todos quieren que la UE tenga una política medioambiental. Y en este segundo punto se está lejos de tener una postura común.

En ninguno de los asuntos fundamentales los países están de acuerdo. Muchos saben que la UE tiene que librarse de determinados corsés procedimentales que le lastran, como es por ejemplo la norma de la unanimidad en el Consejo para según qué cosas (como política exterior), o la necesidad de ponerse de acuerdo en una reforma de la unión económica y monetaria que ya ha demostrado ser potencialmente destructiva para la Eurozona, pero los líderes han sido incapaces de encontrar un camino para cumplir con dichos objetivos. Ni siquiera la llegada a la presidencia francesa de un joven e hiperactivo Emmanuel Macron logró romper el bloqueo.

Hace justo dos años que Macron llegó al Elíseo, y poco queda de la vitalidad del francés: frustrado por la falta de cooperación, frustrado por la imposibilidad de encontrar un agenda común y molesto con una colaboración con Alemania que claramente no ha funcionado. Europa ha demostrado ser un lugar mucho más difícil de lo que esperaba el mandatario galo.

La unidad, ese bien tan preciado durante los últimos dos años por el Brexit, seguirá siendo un objetivo, pero en Bruselas dan por hecho que su tiempo se agota. "Mantener la unidad sigue siendo importante, pero lo importante ahora es imprimir una nueva dinámica", explica una fuente europea.

Así se camina hacia una nueva cumbre en la que lo que quedará claro es que no hay una unidad de acción. Hay una fractura profunda y grave en el seno de la UE dividida hoy, como mínimo, en tres grupos: una serie de Estados miembros a la deriva y que atacan de forma sistemáticamente los valores europeos más básicos como es la independencia de la justicia y de los medios de comunicación, como son Polonia o Hungría; un grupo de Estados miembros que están en contra de la idea básica consagrada en los Tratados de una “unión cada vez más estrecha”, como públicamente se ha situado Países Bajos; y por último un grupo de países que están a favor de continuar con la integración europea, pero cuya voz está quedándose ronca por el efecto cansancio.

Plaza central de Sibiu, donde se celebra este jueves la cumbre europea. (Reuters)
Plaza central de Sibiu, donde se celebra este jueves la cumbre europea. (Reuters)

A las armas

El primer síntoma de que la UE se prepara ya para el siguiente ciclo es que los líderes empezarán a afilar las navajas para la reyerta que se montará para la renovación de la cúpula institucional del bloque. De hecho Donald Tusk, presidente del Consejo, inaugurará la pelea al realizar una discurso en el que propondrá una hoja de ruta con fechas para designar a los hombres y mujeres elegidos.

La batalla será campal porque la situación es bastante más difícil que en 2014, cuando se contaba con un Parlamento Europeo mucho más estable que lo que se prevé ahora y con una situación mucho menos fragmentada también entre las capitales. Incluso así, a los líderes y a la Eurocámara les costó tres meses y tres cumbres decidir qué nombre situar en qué puestos.

Eso, teniendo en cuenta que en 2014 la situación era muy sencilla y que las dos principales familias, el Partido Popular Europeo (PPE) y los socialdemócratas, tenían un pacto preelectoral y tras los comicios sumaban mayoría absoluta en el Parlamento Europeo, hace entrever que la situación tras las elecciones europeas del 23 al 26 de mayo puede ser de un mayor bloqueo.

“No se espera más fácil, porque (en 2014) el consenso político en el Parlamento se logró muy rápido, pero tampoco debería ser más difícil”, señala una fuente diplomática, que explica que España considera que el candidato socialista a la presidencia de la Comisión Europea, el holandés Frans Timmermans, es un nombre ideal para poner al frente de la institución.

El capítulo de este jueves será solo el primero en la larga lista de choques que se esperan. Fuentes diplomáticas señalan que la verdadera pelea comenzará en una cumbre extraordinaria que se convocará para días después de los comicios europeos. Concretamente se baraja la fecha del 28 de mayo según explican a El Confidencial distintas fuentes diplomáticas, que recuerdan que ya en 2014 se convocó una cena de líderes horas después de los comicios.

Algunas capitales tienen prisa en que la cumbre se celebre antes de que el Parlamento Europeo pueda poner los pies en el suelo tras las elecciones, con el objetivo de que sean los Estados miembros, reunidos en el Consejo, los que tengan el control total sobre el procedimiento: proponer nombres antes de que el Parlamento Europeo plantee vetos o ideas con la intención de comenzar a ganar la batalla pública a la Eurocámara.

Líderes europeos charlan durante un Consejo Europeo. (Reuters)
Líderes europeos charlan durante un Consejo Europeo. (Reuters)

Prioridades españolas

Pedro Sánchez llega también a la cumbre de Sibiu con una posible oferta para el futuro de la UE bajo el brazo. En general España pide que las prioridades europeas para los próximos cinco años giren sobre la idea del reforzamiento de la unión económica y monetaria, pidiendo “un diseño y gradual implementación de un Sistema Europeo de Garantía de Depósitos (EDIS)”, un presupuesto para la Eurozona con una función estabilizadora, además de pedir un Tesoro Europeo que pueda emitir deuda europea.

Madrid también pide derribar la unanimidad en el Consejo para asuntos fiscales, ya que España ha estado a favor de medidas que se han quedado en el tintero por falta de total unidad entre los Estados miembros, como por ejemplo la ‘tasa Google’.

Pedro Sánchez junto al presidente del Consejo Europeo. (Reuters)
Pedro Sánchez junto al presidente del Consejo Europeo. (Reuters)

España también ha pedido en un documento de trabajo al que ha tenido acceso El Confidencial la eliminación de la necesidad de unanimidad en el Consejo para asuntos exteriores y ha firmado junto con Francia, Bélgica, Dinamarca, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y Suecia otro documento en el que piden emprender una “urgente y ambiciosa acción climática”. “Los líderes europeos deben actuar ahora”, señala el documento, que pide una “transición hacia una economía climáticamente neutra, ambiciosa, efectiva y socialmente justa”.

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