ELECCIONES EUROPEAS 2019

Bruselas como ‘campo de batalla’ del futuro de la internacionalización del procés

El Parlamento Europeo ha sido uno de los principales puntos de la internacionalización del ‘procés’. Las próximas elecciones europeas también se leen en esta clave

Foto: Bandera independentista ante la sede de la Comisión Europea. (EFE)
Bandera independentista ante la sede de la Comisión Europea. (EFE)

En los días más tensos del ‘procés’ los niveles de presión política en Bruselas subieron a tal nivel que el aire se podía cortar. El referéndum ilegal del 1 de octubre dio paso a las imágenes de las cargas policiales que amenazaban con dinamitar en cuestión de horas la imagen exterior de España y dar oxígeno a los independentistas catalanes. La batalla que se libraba en el corazón de la Unión Europea era clave, pues ahí se dirimía la legitimidad internacional de la causa separatista.

No era fruto de la casualidad. Bruselas se convirtió en el centro neurálgico de las reacciones al 1-O porque fue en los pasillos de la capital comunitaria donde se fraguó gran parte del armazón de la campaña de propaganda e internacionalización del ‘procés’, que sería imposible de entender sin el trabajo realizado por los independentistas en el Parlamento Europeo. Un relato de aquellos días de otoño de 2017 muestran por qué la capital comunitaria es fundamental para entender la externalización del conflicto y por qué puede volver a serlo en el futuro.

La jornada clave de la internacionalización de la crisis catalana fue el 4 de octubre. Aquella mañana todo se precipitaba y lo que pudo ser el día del culmen acabó siendo el del derrumbe del esfuerzo soberanista. Un grupo eurodiputados españoles habían fracasado en su intento de frenar un debate monográfico sobre el 1 de octubre, y ahora centraban sus energías en presionar a sus grupos para que lanzaran un mensaje de apoyo al Gobierno español.

Aunque los líderes de los principales grupos políticos del Parlamento Europeo habían rechazado ya el discurso independentista desde el inicio de la legislatura en 2014, algunos eurodiputados de segunda o tercera fila sí habían comprado la narrativa impulsada por algunos de sus colegas en el hemiciclo. Y además, las imágenes del 1-O habían calado mucho en los pasillos de la Eurocámara.

El encargado de exponer la posición de la Comisión Europea era el vicepresidente primero de la institución, Frans Timmermans, un holandés a cargo del dosier de respeto al Estado de derecho y precisamente uno de los funcionarios considerado duro con España. Pero su discurso fue demoledor. “El respeto a la ley no es opcional, es fundamental”, señaló entonces el vicepresidente.

Antes de que se pusiera de pie a leer su discurso el hemiciclo de Estrasburgo, el despacho de Timmermans había sido un auténtico hervidero. El Gobierno español quería evitar como fuera que el vicepresidente pudiera hacer cualquier mención a una posible mediación internacional. Era un rumor que corría por Bruselas y que, de confirmarse, significaba que Madrid había perdido la partida. Jorge Toledo, por entonces secretario del Estado para Asuntos Europeos, fue el encargado de mantener la presión sobre la oficina del vicepresidente durante los dos primeros días de la semana que siguió al 1 de octubre.

Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea. (Reuters)
Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea. (Reuters)

La narración de las jornadas claves del ‘procés’ da una idea de por qué Bruselas es fundamental para el futuro del pulso independentista para ambos lados: por uno los soberanistas saben que la pelea por la internacionalización se juega en la capital comunitaria, y por el otro los constitucionalistas saben que si se llegó al punto del 1-O fue en gran parte por descuidar la lucha contra la propaganda independentista.

Y cuando se miran algunos detalles de las listas a las elecciones europeas se descubre que esta idea está ya bien presente a la hora de confeccionarlas. Por ejemplo Ciudadanos ha escogido a voces que consideran consistentes contra el independentismo, en concreto con el fichaje de Soraya Rodríguez y con la unión de Maite Pagaza. En el partido naranja creen que las listas tienen que cumplir dos objetivos: por un lado defender la imagen de España en el hemiciclo y por el otro contar con candidatos con un perfil más europeo.

Por su parte el PP mantiene en el número dos a Esteban González Pons, que durante esta legislatura ha estado coordinando posiciones con los socialistas con el objetivo de contrarrestar el discurso independentista, mientras que el PSOE ha escogido como cabeza de lista a Josep Borrell, que volvió a la vida pública con un discurso anti-independentista.

El trabajo en Bruselas no es fácil, y no lo ha sido tampoco ni cuando el ‘procés’ ha dejado de ser un elefante en la habitación de la Eurocámara. Recientemente González Pons, Iratxe García, que lidera la delegación socialista en el Parlamento Europeo, y Javier Nart, de Ciudadanos, tuvieron que coordinar posiciones para presionar a Antonio Tajani, presidente del Parlamento, para que cancelara un evento al que pretendía acudir Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat.

Puigdemont durante un acto en la Eurocámara. (EFE)
Puigdemont durante un acto en la Eurocámara. (EFE)

Nueva legislatura clave

En uno de los últimos documentos de reflexión publicados por la oficina de la capital comunitaria del Real Instituto Elcano, titulado “La crisis catalana y la influencia de España en Bruselas”, los analistas señalan que en la actualidad el pulso en el Parlamento Europeo se trata de una suerte de “guerra de guerrillas alimentada sobre todo por eurodiputados independentistas que buscan exponer su visión del conflicto a través de actividades paralelas o de intervenciones esporádicas sin trascendencia”.

Es cierto que desde octubre de 2017 la situación se ha ido suavizando, y en la Eurocámara el tema catalán ha perdido ya toda relevancia, pero tras las nuevas elecciones europeas los eurodiputados españoles tendrán que seguir trabajando en este sentido. Y el documento señala una de las claves: “Es importante que la defensa de las posturas constitucionalistas no recaiga, al menos no exclusivamente, en los representantes españoles”. “Por eso es importante identificar a eurodiputados de otros países que conozcan bien la cuestión catalana y asegurarse de que los altos representantes de la institución (presidente del Parlamento y de las comisiones relevantes) tengan un entendimiento claro sobre el problema”, añaden los investigadores Ignacio Molina y Natalia Martín.

Es cierto, como también apuntan en el documento, que los interesados siempre amplificaron el verdadero alcance que el mensaje independentista tuvo en esta institución, ya que desde el inicio de la legislatura en 2014 los principales líderes se mostraron claros, pero también es cierto que en los momentos de máxima tensión, como el 1 de octubre, esas posiciones se tambalearon.

Y se sabe que, con menos intensidad, volverán a vivirse momentos de tensión. Por ejemplo, el nuevo Parlamento Europeo llevará poco tiempo de actividad cuando lleguen las sentencias del ‘procés’, y para el independentismo es clave encontrar algunas voces afines que lo denuncien. Por su parte, las fuerzas independentistas también tratarán de usar la imposibilidad de alguno de los candidatos de participar en los comicios o de recoger el acta como una punta de lanza en el nuevo cuerpo a cuerpo de la internacionalización del ‘procés’.

Sede de la Eurocámara en Estrasburgo. (Reuters)
Sede de la Eurocámara en Estrasburgo. (Reuters)

Otras instituciones

La otra institución que importa al independentismo en Bruselas es la Comisión Europea. Durante mucho tiempo el movimiento soberanista basó gran parte de su plan en una idea: cuando abandonaran España la UE le esperaría con los brazos abiertos. Eso lo hacía a pesar de la doctrina Prodi, establecida por el presidente de la Comisión Europea Romano Prodi en 2004, que establece que un nuevo Estado surgido de un Estado miembro de la UE debe volver a pedir el ingreso en el club y ponerse a la cola.

Pero durante un tiempo la postura del Ejecutivo comunitario respecto a Cataluña fue algo esquiva. Era un asunto interno y confiaban en que se solucionara. No fue así, y cuando llegaron las cargas del 1-O la Comisión fue públicamente crítica con el uso de la fuerza, aunque cerró filas con el orden constitucional español.

Fue con la llegada de la declaración unilateral de independencia cuando definitivamente la Comisión Europea selló una postura que chocaba frontalmente con el discurso soberanista, y fue ahí cuando definitivamente algo se rompió: desde entonces tanto desde el círculo de Puigdemont como desde la mayoría de sectores independentistas el discurso pasó a ser de búsqueda de apoyo en las instituciones europeas a un ataque y denuncia contra las mismas.

En cualquier caso Bruselas ha demostrado ser la capital de la internacionalización de cualquier nuevo capítulo que pueda surgir en Cataluña. Los partidos los saben y algunos de ellos tratan de incluir a eurodiputados que vayan a trabajar bien en el cuerpo a cuerpo contra el discurso independentista. Las elecciones europeas, de una forma u otra, acabarán también tragadas en parte por el ‘procés’.

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