con la vista puesta en la sentencia

El ‘procés’ ya no levanta pasiones en la Eurocámara ante el inicio del juicio al 1-O

Los días más duros del ‘procés’ han quedado atrás, y en el Parlamento Europeo hay una sensación de cierta calma. Pero se teme un recrudecimiento tras el resultado del juicio

Foto: Protestas independentistas ante la sede de la Comisión Europea (EFE)
Protestas independentistas ante la sede de la Comisión Europea (EFE)

Quedan ya muy lejos los días más duros del ‘procés’ en Bruselas, en octubre y noviembre de 2017. Tras las imágenes del 1 de octubre el ambiente pasó a ser irrespirable en la capital comunitaria. El cuerpo diplomático español, con una importante carga de trabajo en legislaciones clave para el futuro de Europa y del país, tuvieron que dedicarse en cuerpo y alma a explicar que España era una democracia plena. Muchos esfuerzos se gastaron en contrarrestar una campaña internacional del independentismo catalán que llevaba años gestándose y que no se atajó a tiempo desde Madrid.

Los periodistas internacionales no hacían otra cosa más que preguntar cuándo decidiría la Comisión Europea intervenir. En las ruedas de prensa diarias del Ejecutivo comunitario hubo días en los que en una hora no hubo ninguna pregunta que no fuera sobre Cataluña. Las comparaciones con Turquía o Hungría eran un continuo.

La fuga a Bruselas del todavía entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, animó todavía más el ambiente. El nivel de tensión era extremo incluso para la capital comunitaria, acostumbrada a los más extravagantes shows políticos. Puigdemont aparecía de forma continua en prensa y televisión, una figura entonces muy popular entre la población belga.

Y uno de los focos de tensión estaba en el Parlamento Europeo. Eurodiputados de una y otra posición, constitucionalistas y separatistas, intercambiaban correos y mensajes hacia el resto de miembros de la Eurocámara. Los miembros del PP, PSOE o Ciudadanos tenían muy difícil explicar a sus colegas de partido la situación, las imágenes que se habían dado el 1-O.

Esos días han quedado atrás. La jornada en la que comienza el juicio del ‘procés’ los pasillos del Parlamento Europeo bullen de actividad: hay muchas cosas que votar, entre las que se encuentra el acuerdo pesquero con Marruecos, y Giuseppe Conte, primer ministro italiano, hablará ante la cámara. Pero aunque los eurodiputados catalanes se centran en el juicio que acaba de comenzar, el resto del Parlamento sigue con su actividad normal. El ‘procés’ no hace un especial ruido estos días en la Eurocámara.

En los pasillos de la institución coinciden en que no hay un aumento importante de la actividad de propaganda de los independentistas, ni una nueva campaña de internacionalización: siempre están activos, siempre se mueven mucho, y siguen haciéndolo al mismo ritmo, sin una intensificación especial de cara al juicio.

Protesta independentista ante la sede del Ejecutivo comunitario (EFE)
Protesta independentista ante la sede del Ejecutivo comunitario (EFE)

Y por el momento no han recogido muchos frutos. En el primer día de sesiones los apoyos a los políticos presos han sido más bien escasos desde el Parlamento Europeo. Algunos diputados flamencos han mandado mensajes por redes sociales y Ska Keller, líder del grupo de Los Verdes en la Eurocámara, ha sido la voz más importante en pronunciarse: están “convencidos de que la infundada acusación de rebelión y sedición se probarán falsas”, además de señalar que el juicio es “un gran error político”.

Keller sí que ha destacado los “esfuerzos de los Gobiernos catalán y español” para establecer una vía de diálogo. Precisamente también este martes Esteban González Pons, portavoz del PP en la cámara, ha hablado de uno de los puntos de conversación entre Madrid y Barcelona, asegurando en una rueda de prensa que “si uno quiere destruir España no es previsible que esté dispuesto a acordar los presupuestos de España”.

Ignazio Corrao, eurodiputado del partido antiestablishment italiano Movimiento 5 Estrellas considera que no se habla del juicio, que no está presente en los pasillos de la Eurocámara. “Es un asunto interno del Estado español, sería injusto que nosotros digamos lo que tiene que hacer” asegura a El Confidencial, aunque pide que se busque una solución “pacífica”. “En la UE todos los Gobiernos y la mayoría de la Eurocámara está del lado del Estado español” porque “la unidad nacional de España, como dice la Constitución, tiene que protegerse”.

Este martes solo una decena de independentistas se han manifestado en la plaza Schuman, el corazón del barrio europeo en el que se celebran la mayoría de manifestaciones que tienen lugar en la capital comunitaria y donde hace un año pedían de forma continua que el Ejecutivo comunitario tomara partido en el conflicto. Preguntado por el juicio Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión Europea, ha señalado que para Bruselas esto “no es una situación política”. “Tenemos plena confianza en el sistema judicial español y lo más importante es velar para que todo se haga siguiendo la Constitución”, ha asegurado, dando el total “apoyo a las instituciones democráticas” españolas.

¿Problemas en el horizonte?

Aunque la situación está ahora más calmada casi todo el mundo, funcionarios, políticos y asesores, coinciden en que la cosa se recrudecerá a medida que avance el juicio y alcanzará su punto álgido cuando se conozca la sentencia, especialmente si esta es muy dura contra los ingenieros del ‘procés’.

El Gobierno español quiere prepararse para ese momento y de hecho ha puesto ya en marcha el trabajo para evitar que vuelva a ocurrir algo parecido a la campaña internacional de la Generalitat sin oposición alguna desde Madrid. Casi todo el mundo en la capital comunitaria desea que la sentencia no sea demasiado dura, y que en caso contrario se busque una solución política al tema catalán, pero pocos quieren entrar a valorar el juicio.

Resulta difícil para muchos imaginar cómo se puede volver al punto de tensión que se vivió a finales de 2017, pero se tiene claro que se recrudecerá la situación, y que las elecciones europeas pueden ser uno de los escenarios protagonistas. Lo último que quieren las instituciones europeas es volver a encontrarse en el foco y tener que lidiar con una situación compleja sobre la que no tienen ninguna capacidad de acción.

Las instituciones europeas, y la ciudad de Bruselas en concreto, fueron entonces en 2017 la diana de la “internacionalización” llevada a cabo por la Generalitat. Y si algo hay seguro ahora en los despachos europeos es que nadie tiene apetito de volver a estar en el punto de atención.

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