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La UE prepara la renovación de su cúpula: así luchan los estados por los puestos clave

Hay pocas sillas que ocupar y muchos estados miembros. Y nadie quiere quedarse sin una persona de confianza en un puesto clave de la UE. Nadie quiere pasar por el desierto que atravesó España

Foto: El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, posa con la bandera de la Unión Europea en Bruselas. (EFE)
El presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, posa con la bandera de la Unión Europea en Bruselas. (EFE)

Lejos de ser cargos honoríficos, cementerios de elefantes o puestos a los que se destierra a los que los gobernantes de turno quieren quitarse de encima, muchos cargos en la Unión Europea tienen un peso crucial para los países. Y pocas veces como en este 2019 se quedarán tantas sillas libres.

Es un pulso largo y difícil, en el que no siempre gana el más grande o el que más poder tiene. La operación de ponerle nombre y apellidos a los nuevos altos cargos de la cúpula de la UE es mucho más compleja que eso: consiste en un delicado equilibrio entre nacionalidades e ideología de las personas elegidas. Muchas veces un nombramiento es resultado de años de trabajo y negociaciones de pasillos y despachos, de ofrecer apoyo a los candidatos de otros países en momentos clave y pedir ahora que se ajusten las cuentas.

Muchas veces un nombramiento es resultado de años de trabajo y negociaciones de pasillos y despachos

El problema es que hay pocas sillas que ocupar y muchos Estados miembros. Y nadie quiere quedarse sin poner a una persona de confianza en un puesto clave de la UE. Nadie quiere pasar por el desierto que atravesó España, que durante muchos años perdió sus altos cargos en el club, aunque incrementó en gran medida el número de españoles en la capa más técnica de las instituciones europeas.

Durante los próximos meses, las capitales pelearán entre ellas por poner el nombre del próximo presidente del Banco Central Europeo (BCE), del presidente de la Comisión Europea y del Consejo Europeo. Hay mucho en juego y la pelea ya ha empezado.

¿Qué criterio se sigue?

Para elegir quién se sienta en cada silla se utilizan dos criterios: países y familias políticas. Se busca que ningún país acapare demasiados altos cargos en la UE, a la vez que se intenta que haya un reparto de los puestos dependiendo de la fuerza de las distintas familias políticas europeas.

En 2019 se quiere acabar con el control total que la familia popular tiene sobre los altos puestos: controlan la presidencia de la Comisión Europea, del Consejo Europeo y del Parlamento. En base al resultado de las elecciones europeas y al número de líderes de cada familia política que hay en el Consejo se repartirán los puestos.

El Edificio Europa en Bruselas, Bélgica, en enero de 2016. (EFE)
El Edificio Europa en Bruselas, Bélgica, en enero de 2016. (EFE)

Un ejemplo práctico: si un alemán logra la presidencia de la Comisión Europea Berlín tendría muy complicado conseguir sentar a un germano como presidente del Banco Central Europeo. Y si la cabeza del Ejecutivo comunitario es de la familia del Partido Popular Europeo, lo que se espera es que el presidente del Consejo Europeo pertenezca a otra familia política.

BCE

Pocos puestos despiertan tanto interés como el de tener el poder de elegir al sucesor de Mario Draghi, actual presidente del BCE, que finaliza su mandato en noviembre. Pero la carrera ya ha empezado por sustituir a Peter Praet, economista jefe del BCE.

Ya hay un favorito para ese puesto, y es el irlandés Philip Lane, gobernador del banco de Irlanda. ¿Razón? Además de que es un buen economista, Dublín ya presentó su candidatura a vicepresidente del BCE cuando el español Luis de Guindos peleaba por obtenerla.

Al final Lane se retiró para facilitar la vida a Guindos y por algo más: para que ahora todos sepan que hay una deuda con él, lo que le garantiza un buen puñado de votos, entre otros el de España, y con Irlanda, que es el único Estado miembro fundador del euro que todavía no ha tenido nunca un miembro en el consejo ejecutivo del BCE. Esa es la lógica de los nombramientos en los despachos en Bruselas.

Pero la lucha se centrará en sustituir a Draghi y no son pocos los nombres que hay en el aire. El cambio del italiano será muy importante, porque aquí el pulso se centra no solo entre nacionalidades, sino también en cómo se entiende la política monetaria: si el BCE debe limitarse a controlar la inflación o si Frankfurt debe seguir tirando también de medidas monetarias no convencionales.

Así en la bancada ortodoxa están el alemán Jens Weidamnn o el holandés Klaas Knot. En el ala más cercana a las políticas de Draghi están los franceses François Villeroy de Glhau o Benoît Couré, además del finés Erkki Liikanen.

La sede del Banco Central Europeo (BCE), en Frankfurt, Alemania. (EFE)
La sede del Banco Central Europeo (BCE), en Frankfurt, Alemania. (EFE)

Comisión Europea

Fuera de Frankfurt también continúa el baile de sillas. Con las elecciones europeas de mayo de 2019 se abrirá la veda para sustituir al presidente de la Comisión Europea, el nombramiento de comisarios, la elección de un presidente del Consejo Europeo así como de un líder para la Eurocámara. No son pocas las sillas que hay que ocupar.

El problema es que esta elección es más compleja y política. Aunque el poder de designar al próximo presidente de la Comisión está en manos del Consejo Europeo, es decir, los líderes de los Estados miembros, el Parlamento Europeo debe aprobarlo.

Y la Eurocámara se niega a dar luz verde a ningún candidato que no haya participado liderando las listas de una de las grandes familias políticas en las próximas elecciones europeas, lo que se llama el sistema de 'spitzenkandidat'.

Lo que significa es que si usted vota al Partido Popular en las próximas elecciones, el candidato del PP español a presidente de la Comisión Europea será el alemán Manfred Weber, mientras que si vota al Partido Socialista su candidato a liderar el Ejecutivo comunitario será el holandés Frans Timmermans, actual vicepresidente de la Comisión. Cuando se conocen los resultados los distintos partidos europeos negocian en el Parlamento cuál va a ser el candidato que aprueben, y acuerdan votar en contra de cualquier candidato que venga del Consejo y que no sea el elegido por ellos.

Como imaginarán las cosas son más complejas. Aunque la Eurocámara está decidida a mantener este sistema, el Consejo Europeo quiere seguir controlando el nombre de la persona que sitúan en el brazo ejecutivo de la UE.

¿Nombres?

Hasta hace poco Berlín miraba con especial atención a la presidencia del BCE, pero en julio las cosas comenzaron a cambiar. Jean-Claude Juncker, el luxemburgués que desde 2014 preside la Comisión Europea, visitó en verano a Donald Trump, presidente estadounidense, y con un acuerdo sobre la bocina evitó una guerra comercial que hubiera terminado con sanciones sobre el sector automovilístico europeo, clave para la economía alemana.

Eso hizo a la canciller Angela Merkel darse cuenta del creciente poder con el que cuenta un Ejecutivo comunitario cada vez más político. Bruselas está a cargo de la política comercial de la UE, y contar con un alemán al frente de la Comisión Europea podría garantizar a Berlín que el brazo ejecutivo de la Unión defiende sus intereses comerciales en un ambiente comercial internacional cada vez más inestable.

Por el momento Merkel ha apoyado a Manfred Weber, líder del Partido Popular en la Eurocámara, como candidato a presidir la Comisión Europea, pero nada asegura que llegado el momento de elegir un nombre la alemana deje caer a su candidato actual.

Michel Barnier durante una intervención en el Parlamento Europeo. (Reuters)
Michel Barnier durante una intervención en el Parlamento Europeo. (Reuters)

Hay un nombre que no está participando en el sistema del ‘spitzenkandidat’ y que sin embargo está en la boca de todos: Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea para el Brexit. En Bruselas hay consenso en que el francés está haciendo campaña para que los líderes, que han ganado mucha confianza en él durante la negociación con el Reino Unido, le designen como un hombre que seguramente también podría llegar a contar con el apoyo del Parlamento Europeo, cortocircuitando así el sistema que ha querido instaurar la Eurocámara desde 2014.

Sin embargo Barnier no cuenta por el momento con la bendición de Emmanuel Macron, presidente francés, cuya candidata al puesto parece ser la danesa Margret Vestager, desde 2014 comisaria de Competencia y una de las figuras más destacadas de la llamada ‘burbuja de Bruselas’.

Consejo Europeo

También termina su mandato Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo. El polaco, que ocupó el cargo cuando Varsovia todavía era un ejemplo de rectitud y un alumno aventajado del bloque del este de la UE, ha dejado un buen sabor de boca por su trabajo durante los últimos años.

El presidente del Consejo Europeo tiene un rango político mayor que el de la Comisión Europea, es decir, que los líderes suelen elegir a un igual, a uno de ellos. Por eso hay una serie de nombres encima de la mesa pero ninguna apuesta es mínimamente segura. Algunos rumores ponen a una Angela Merkel debilitada por sus años en el Gobierno alemán como una opción para liderar el Consejo durante los próximos años, mientras que muchos dedos apuntan al holandés Mark Rutte, de la familia liberal europea y primer ministro del país, como el hombre con más papeletas para ganar el puesto.

El año 2019 será largo en los despachos y pasillos de la capital europea, donde cada Estado miembro peleará por evitar lo que le ha pasado a España durante los últimos años hasta la llegada de Guindos al BCE: evitar estar infrarrepresentado en las altas capas de la UE.

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