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La guerra económica del Kremlin contra Europa: ¿'All-in' energético o farol?
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EUROPEAN COUNCIL ON FOREIGN RELATIONS

La guerra económica del Kremlin contra Europa: ¿'All-in' energético o farol?

Putin está barajando la idea de una guerra económica total para obligar a la UE a debilitar su sexto paquete de sanciones a Rusia. Los europeos deben permanecer unidos frente a lo que probablemente sea un farol

Foto: Cartel de la gasística estatal rusa Gazprom. (Reuters)
Cartel de la gasística estatal rusa Gazprom. (Reuters)
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La decisión de Rusia de cortar el suministro de gas a Polonia y Bulgaria es una amenaza nada disimulada para Alemania y toda Europa. Moscú afirma que la medida es una respuesta a la negativa de Varsovia y Sofía a cumplir la exigencia del presidente Vladímir Putin de que paguen por la energía rusa en rublos. Pero esta exigencia incumple los contratos de Gazprom con Polonia y Bulgaria. Y, si los dos países la hubieran cumplido, habrían violado sus propias sanciones a Rusia. No obstante, Polonia y Bulgaria se han preparado para esta situación. Podrán hacer frente a ella gracias a sus completas instalaciones de almacenamiento de gas y a los interconectores con rutas de suministro alternativas, así como al apoyo que recibirán de otros Estados miembros de la Unión Europea.

La lógica del movimiento de Moscú puede estar relacionada con el pánico que el corte desató en los mercados energéticos, ya que los operadores especulan sobre quién podría ser el siguiente. Es probable que esté diseñado para alterar los cálculos de los europeos mientras negocian imponer sanciones más drásticas a Rusia (incluidas sus exportaciones de energía), con el beneficio añadido de castigar a Polonia y Bulgaria. Al igual que la exigencia de Putin de que los europeos paguen las importaciones de energía rusa en rublos, el cierre del grifo parece destinado a dividirlos en su postura frente a Rusia, sobre todo en cuanto a la rapidez con la que se desconectan del país.

Foto: Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. (EFE/Kenzo Tribouillard)

La interrupción de los suministros de gas ruso a Polonia y Bulgaria es un caso muy grave de coerción económica. Mientras las capitales europeas sopesan hasta dónde pueden llegar en la sanción de las exportaciones energéticas rusas, Moscú intenta alcanzar sus objetivos políticos cambiando su percepción de la amenaza. Una interrupción de todas las exportaciones de gas ruso a Alemania tendría probablemente consecuencias nefastas para las economías germana y europea. Las fábricas tendrían que frenar la producción o incluso cerrar. Es posible que algunas industrias clave se pierdan para siempre. De hecho, la medida tendría tantas consecuencias que es difícil evaluarlas en su totalidad.

Aunque Moscú está intensificando abiertamente su guerra económica en Europa, sería un error suponer que lo hace desde una posición de fuerza. Rusia está yendo más allá de lo que la Unión Soviética nunca sintió que tenía que hacer: esta última podría haber utilizado las exportaciones de energía como palanca sobre los europeos durante la Guerra Fría, pero se abstuvo de llevar a cabo una escalada tan grande. Ahora Putin parece sentir que necesita emplear la última gran baza de la que dispone. No obstante, el mejor resultado para el Kremlin no es una guerra económica total, sino que sus amenazas obliguen a la Unión Europea a debilitar su sexto paquete de sanciones a Rusia. Aunque Putin parece estar dispuesto a tolerar un grave declive de la economía rusa para lograr sus objetivos en Ucrania, los ingresos procedentes de las exportaciones de energía son el único salvavidas económico de Rusia.

Foto: Ilustración con el logo de Gazprom y la bandera rusa. (Reuters/Dado Ruvic)
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Lucas Proto Álvaro F. Cruz Gráficos: Darío Ojeda

Independientemente de lo que decida hacer Moscú, la UE debería poner fin a su dependencia energética de Rusia lo antes posible y empezar a sancionar las exportaciones de petróleo ruso ya. Y es que ambas partes se encuentran ahora en una carrera por ser lo suficientemente independientes como para ejercer presión económica sobre el adversario.

Putin anunció en abril que Rusia debería diversificar sus exportaciones de energía, alejándose de Europa y dirigiéndose a Asia, África y América Latina. El gobierno ruso presentará un plan para lograrlo antes del 1 de junio. En 2021, Rusia representó alrededor del 27% de las importaciones de petróleo de la UE y más del 40% de su consumo total de gas. Los miembros europeos de la OCDE absorben alrededor del 60% de las exportaciones de petróleo de Rusia, mientras que China absorbe el 20%, mucho más que cualquier otro país asiático. China quiere depender menos de los proveedores occidentales, como Australia y Estados Unidos, para sus importaciones de gas, la mayoría de las cuales se realizan en forma de gas natural licuado (GNL). Además, el desarrollo económico y el crecimiento demográfico hacen que Asia represente una parte cada vez mayor de los mercados energéticos mundiales.

Foto: Ensayo del desfile del Día de la Victoria en Moscú. (Reuters/Maxim Shemetov)

Sin embargo, Rusia tiene acceso a una infraestructura mucho mejor para exportar energía a Europa que a Asia. Y las sanciones occidentales podrían obstaculizar sus esfuerzos por ampliar sus proyectos de GNL. Todo esto significa que el anunciado giro de Rusia hacia los mercados asiáticos será probablemente un proceso imprevisible que llevará varios años. Los mercados africanos o latinoamericanos están aún más lejos y tendrían que ser atendidos por barco. Las sanciones a los buques rusos y los seguros marítimos también complicarán esta alternativa.

Mientras tanto, los intentos de la UE de poner fin a su dependencia energética de Rusia se verán limitados por el suministro mundial y el tiempo necesario para construir nuevas infraestructuras. La presión política para dejar de comprar petróleo y gas a Rusia va en aumento en la UE, pero el bloque aún no ha logrado un consenso sobre cómo lograrlo.

Foto: Tubo de gas de la empresa Gazprom. (iStock)
Gazprom, la navaja oxidada con la que Putin atraca con éxito a Europa año tras año
Antonio Villarreal Gráficos: Darío Ojeda Infografía: Rocío Márquez

Si China e India aumentaran sustancialmente sus importaciones de petróleo y gas rusos, Europa tendría que reaccionar presionándoles diplomáticamente y, más adelante, imponiéndoles sanciones secundarias, pero esto no beneficiaría ni a la UE ni a China ni a India. El viaje de la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a Delhi el 24 de marzo y el reciente anuncio de un Consejo de Comercio y Tecnología UE-India demuestran que Europa está tratando de entablar una amplia cooperación estratégica con India. Esto incluye la cooperación en materia de energías renovables, que puede reforzar la seguridad energética de la UE al reducir su dependencia de las importaciones de combustibles fósiles.

La UE ha empezado a construir su arquitectura de seguridad económica, entre otras cosas con su propuesta de Instrumento Anti-Coerción. Mientras tanto, Rusia está librando una guerra energética contra Europa. No podría haber un recordatorio más fuerte de lo importante que es para el continente avanzar con rapidez en materia de seguridad económica.

*Análisis publicado en el 'European Council on Foreign Relations' por Jonathan Hackenbroich y Filip Medunic y titulado "The Kremlin’s energy warfare".

La decisión de Rusia de cortar el suministro de gas a Polonia y Bulgaria es una amenaza nada disimulada para Alemania y toda Europa. Moscú afirma que la medida es una respuesta a la negativa de Varsovia y Sofía a cumplir la exigencia del presidente Vladímir Putin de que paguen por la energía rusa en rublos. Pero esta exigencia incumple los contratos de Gazprom con Polonia y Bulgaria. Y, si los dos países la hubieran cumplido, habrían violado sus propias sanciones a Rusia. No obstante, Polonia y Bulgaria se han preparado para esta situación. Podrán hacer frente a ella gracias a sus completas instalaciones de almacenamiento de gas y a los interconectores con rutas de suministro alternativas, así como al apoyo que recibirán de otros Estados miembros de la Unión Europea.

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