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El colapso económico que no llega: ¿han fracasado las sanciones contra Rusia?
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La fortaleza rusa aguanta, por ahora

El colapso económico que no llega: ¿han fracasado las sanciones contra Rusia?

Tras más de dos meses de la imposición de sanciones sin precedentes a Moscú, la economía rusa sigue funcionando con relativa soltura y el rublo ha recuperado su valor

Foto: Ensayo del desfile del Día de la Victoria en Moscú. (Reuters/Maxim Shemetov)
Ensayo del desfile del Día de la Victoria en Moscú. (Reuters/Maxim Shemetov)
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El día en que comenzó la invasión rusa de Ucrania, el rublo, la divisa oficial de Rusia, experimentó una caída libre que parecía anunciar la debacle económica para el país. Una semana después y tras una avalancha de sanciones occidentales, Alex Butmanov, CEO de un fondo de inversión, realizaba un brindis en directo en un programa de televisión ruso por lo que consideraba la inminente muerte del mercado nacional de valores. "Estimado mercado de valores, fuiste alguien cercano e interesante. Descansa en paz, querido compañero", manifestaba botella en mano ante la ojiplática mirada de la presentadora. Butmanov había llegado a la misma conclusión que la mayoría de los analistas financieros occidentales: la guerra llevaría, inevitablemente, al colapso económico ruso. Sin embargo, tras más de dos meses de guerra, no solo la bolsa de Moscú sigue viva y coleando, sino que el rublo se ha recuperado por completo.

Mucho se ha hablado del fracaso que supuso la operación militar rusa y de cómo la mala planificación dio alas al Ejército ucraniano para resistir la embestida inicial de la invasión. Sin embargo, el hecho de que, tras más de dos meses del inicio de la guerra, la economía rusa continúe funcionando con relativa soltura ha recibido mucha menos atención. La semana pasada, la estatal gasística rusa Gazprom suspendió el suministro del combustible a Polonia y Bulgaria, prueba de que el Gobierno del presidente Vladímir Putin sigue en condiciones de utilizar su músculo energético para presionar a los países europeos. Un panorama económico muy distinto al que se vaticinaba durante los primeros compases de la invasión y uno que plantea una pregunta evidente. ¿Han sido las sanciones un fracaso?

Gran resistencia a corto plazo

Nadie discute que el daño está hecho. Según Rosstat, una agencia estatal rusa de estadísticas económicas, Rusia está atravesando su mayor inflación en 20 años, con un aumento de precios del 17,3% en el mes pasado. Existe un consenso entre analistas de que el país sufrirá una contracción anual de entre un 10% y un 15% del PIB. Varias empresas nacionales se han visto forzadas a cerrar, entre ellas, uno de los principales manufacturadores de tanques del país. El alcalde de Moscú ha afirmado que la ciudad podría perder más de 200.000 trabajos debido a la salida en masa de más de 800 compañías extranjeras, una cifra de empleos destruidos que los expertos consideran como una estimación baja. Finalmente, el Gobierno de Putin se enfrenta a un posible ‘default’ en sus bonos, lo que podría resultar en la exclusión de Rusia de los mercados de deuda durante años.

Se trata, sin duda, de un panorama económico extremadamente complicado que, en otras circunstancias, sería percibido como demoledor para el país que lo estuviera atravesando. Sin embargo, el objetivo principal del paquete de sanciones económicas de Occidente no era obligar a Rusia a apretarse el cinturón en años venideros, sino doblegar al Gobierno de Putin para que detenga su invasión. Y en ese sentido, el cálculo del Kremlin no parece haber cambiado un ápice. "Al lanzarse las sanciones, muchos pensaron que en Rusia iba a producirse un pánico financiero, especialmente tras la congelación de los activos del banco central", explica Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano, en entrevista con este periódico. "Sin embargo, pronto se empezó a entender que las sanciones iban a tener un impacto a medio y largo plazo, pero no tanto a corto", agrega.

Foto: Manifestante, con una pancarta de 'Paren a Putin' en Lausana, Suiza. (EFE)

El Kremlin no se ha quedado de brazos cruzados ante las sanciones. Las autoridades rusas han aplicado una serie de medidas drásticas para proteger la economía a toda costa. Estas incluyeron una subida drástica de las tasas de interés, la instauración de controles de capital, la obligación a las empresas rusas de convertir el 80% de sus ganancias en el extranjero en rublos y el gasto de cerca de la mitad de sus 620.000 millones de dólares en divisas no invertidas en Estados Unidos y Europa —donde están congeladas por las sanciones— para proteger el rublo y estimular el gasto público. Como resultado, el valor de la divisa se recuperó rápidamente después de su precipitación inicial, convirtiéndose en la moneda con mejor rendimiento del mundo durante el mes marzo. "La estrategia de desatar un ‘blitzkrieg’ económico ha fracasado", aseveró Putin este mes.

Esta no es la primera vez que Rusia echa toda la carne en el asador con tal de defender el valor de su divisa como símbolo de la resistencia contra Occidente. A lo largo de las décadas de 1970 y 1980, la Unión Soviética mantuvo un tipo de cambio oficial de un rublo equivalente a aproximadamente 1,35 dólares, mientras que en el mercado negro estaba más cerca de los cuatro rublos por dólar. En gran medida, la gran crisis de la deuda rusa de fines de la década de 1990 fue causada por esta defensa a toda costa. Hoy, igual que entonces, la sostenibilidad a medio y largo plazo de las medidas del Gobierno ruso es dudosa. Pero en el corto, el más importante en un contexto de guerra, es indudable que han sido exitosas. "La historia demuestra que las sanciones económicas son ineficaces para frenar el mal comportamiento de los tiranos", indica Tania Babina, profesora de la Columbia Business School, a El Confidencial. Para esta economista ucraniana, "solo las sanciones que arruinen la capacidad de Putin para continuar la guerra ayudarán a detenerla", y el castigo occidental, por ahora, está lejos de llegar a ese punto.

"Hay que reconocer que los tecnócratas rusos se habían preparado bastante bien para la guerra"

Parte de la resistencia inicial rusa a las sanciones se debe a que el Gobierno del país lleva años esforzándose por reducir su dependencia del sistema financiero global, aprovisionar sus reservas de divisas extranjeras y ‘desdolarizar' su economía, una estrategia conocida como 'Fortaleza Rusia'. "Hay que reconocer que los tecnócratas rusos se habían preparado bastante bien para la guerra", apunta Otero. "Acostumbrados a lo peor, rápidamente volvieron a controlar la situación, usando las empresas energéticas para apoyar el rublo, obligando a vender reservas, imponiendo controles de capitales, etcétera", añade. Sin embargo, el elefante en la sala de la relativa ineficiencia de las sanciones es el hecho de que las exportaciones energéticas rusas, la sangre de su economía, continúan fluyendo con normalidad.

La gallina energética de los huevos de oro

El impacto que se puede apreciar a dos meses del inicio de la invasión de Ucrania en la economía rusa es considerable y, a la vez, insuficiente. Es lo que cabría esperar cuando se imponen sanciones a uno de los principales exportadores de materias primas del mundo y se dejan estas últimas prácticamente intactas. Es poco realista esperar un caos financiero en el corto plazo en Rusia a menos que su principal fuente de ingresos se vea severamente dañada. Dicho de otro modo, los problemas que Occidente está creando para Putin a largo plazo no afectan su toma de decisiones en lo inmediato. "Si no se cortan los flujos de efectivo que Putin usa para poder financiar la guerra, resulta difícil imaginar cuándo la invasión se detendrá, o si se detendrá en absoluto", afirma Tania Babina.

El principal motivo por el que las exportaciones energéticas rusas se han ido de rositas en las sanciones occidentales es de sobras conocido. La dependencia del gas y el petróleo de Rusia por parte de la mayoría de los países europeos impide acciones drásticas al respecto. Estados Unidos, otra potencia energética que no necesita el combustible ruso, prohibió su importación a las dos semanas de empezar el conflicto, pero la Unión Europea solo ha podido imponer un embargo similar al carbón y apenas está empezando a debatir una reducción progresiva de las compras de crudo. Un veto al gas está fuera de toda discusión, aunque Bruselas se ha comprometido a reducir un 65% sus importaciones de aquí a fin de año, una tarea titánica.

De nuevo, la misma dinámica. A medio y largo plazo, conforme Europa vaya logrando ejecutar los malabares necesarios para reducir las compras de gas y petróleo, Rusia se enfrentará al gran problema de haber perdido a su principal cliente. Sin embargo, en estos momentos, con los precios de los combustibles por las nubes, el Gobierno de Vladímir Putin se está embolsando cada día más de 1.000 millones de dólares únicamente en exportaciones energéticas. Las maniobras necesarias para estabilizar el rublo y para mantener en funcionamiento la máquina de guerra son muy exigentes a nivel económico, pero mientras la gallina rusa de los huevos de oro continúe produciendo a este ritmo, Putin seguirá contando con los recursos necesarios. Gazprom anunció el pasado jueves que en 2021 obtuvo un beneficio neto de 28.400 millones de euros, una cifra 13 veces mayor a la de 2020.

Por otro lado, las sanciones occidentales son, al fin y al cabo, eso: occidentales. La mayoría del mundo continúa comerciando con relativa normalidad con Moscú. Algunas potencias, de hecho, están sacando beneficio de las consecuencias de la guerra. India, país que se ha negado a sumarse a las sanciones o condenar la invasión de Ucrania, ha recibido en los últimos dos meses 17 millones de barriles de crudo procedentes de Rusia, cinco millones más de los que recibió en todo 2021, aprovechando el sustancioso descuento que el gigante euroasiático está ofreciendo para asegurarse de que su petróleo sigue encontrando clientes.

Foto: Tubo de gas de la empresa Gazprom. (iStock)
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Antonio Villarreal Gráficos: Darío Ojeda Infografía: Rocío Márquez

Eventualmente, las consecuencias llegarán. Después de que el Gobierno de Putin fuera sancionado duramente por apoderarse de la península ucraniana de Crimea en 2014, pasó casi un año entero hasta que sus datos económicos revelaron claros signos de angustia. Y esos castigos palidecen al ser comparados con los impuestos a raíz de la guerra de Ucrania. Además, la incapacidad de importar tecnología occidental llega en un momento en que Moscú la necesita desesperadamente para reorientar su economía lejos de la energía. Porque, si bien el haber apostado todo a los hidrocarburos es ahora el principal salvavidas de Moscú, en cuestión de una década, conforme la transición ecológica avance, podría convertirse en su perdición.

Las batallas continúan, en el terreno y en los despachos. La Unión Europea prepara su sexto paquete de sanciones mientras Rusia lanza una renovada operación militar en el Donbás. Dos meses no son suficientes para entender las consecuencias reales de una guerra en ninguno de estos dos ámbitos. "Las sanciones siempre han de ser vistas desde un punto de vista dinámico", señala Otero. "Siempre hay maneras de rodearlas, de sortearlas, y se tienen que diseñar nuevas sanciones para cerrar esas grietas. Es un fenómeno dinámico que necesita de tiempo para ver hacia dónde nos dirige", sentencia. A largo plazo, es casi una certeza que Rusia saldrá perdiendo de su apuesta en Ucrania. Una realidad que ofrece poco consuelo para unos ucranianos cuyo país, día tras día, está siendo destruido.

El día en que comenzó la invasión rusa de Ucrania, el rublo, la divisa oficial de Rusia, experimentó una caída libre que parecía anunciar la debacle económica para el país. Una semana después y tras una avalancha de sanciones occidentales, Alex Butmanov, CEO de un fondo de inversión, realizaba un brindis en directo en un programa de televisión ruso por lo que consideraba la inminente muerte del mercado nacional de valores. "Estimado mercado de valores, fuiste alguien cercano e interesante. Descansa en paz, querido compañero", manifestaba botella en mano ante la ojiplática mirada de la presentadora. Butmanov había llegado a la misma conclusión que la mayoría de los analistas financieros occidentales: la guerra llevaría, inevitablemente, al colapso económico ruso. Sin embargo, tras más de dos meses de guerra, no solo la bolsa de Moscú sigue viva y coleando, sino que el rublo se ha recuperado por completo.

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