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Assange, el hombre que desveló los secretos de EEUU: ¿sería justo extraditarlo?
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La Justicia británica firma la orden

Assange, el hombre que desveló los secretos de EEUU: ¿sería justo extraditarlo?

La Justicia británica emite la orden de entrega que ahora deberá ser examinada por el Gobierno. EEUU le reclama por 18 delitos de espionaje e intrusión informática

Foto: Una pancarta en favor de Assange (Reuters)
Una pancarta en favor de Assange (Reuters)

El gran miedo que siempre ha tenido Julian Assange de ser extraditado a los Estados Unidos está cada vez más cerca de materializarse. La Corte de Magistrados de Westminster emitió este miércoles la orden de entrega al otro lado del Atlántico, donde le reclaman por 18 delitos de espionaje e intrusión informática por las revelaciones que realizó en 2010 a través del portal Wikileaks sobre las guerras de Irak y Afganistán.

Se trata de un paso importante en un complejo proceso judicial que se extiende ya más de una década, donde la figura del australiano ha estado llena de luces y sombras. Pero no es el definitivo. La orden debe ser considerada ahora por la ministra de Interior, Priti Patel. Y la decisión de esta última podrá ser recurrida por ambas partes (la Justicia estadounidense o el propio Assange), siempre que el Tribunal Superior lo autorice. Aunque la defensa tendría en última instancia recurrir ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Foto: Julian Assange, tras ser detenido. (Reuters)

La vista de este miércoles apenas duró unos siete minutos. Assange, de 50 años, solo habló por videoconferencia desde el centro de alta seguridad londinense de Belmarsh para confirmar su nombre y fecha de nacimiento.

Su caso se ha convertido en una auténtica maraña legal. En la versión más simplificada, Estados Unidos le acusa de violar la Ley de Espionaje, alegando que el material publicado ponía en peligro vidas, mientras que la defensa alega que los documentos clasificados expusieron las irregularidades cometidas por la Casa Blanca durante las guerras de Irak y Afganistán y eran de interés público.

Sin embargo, todo se vuelve luego más complicado cuando se meten de por medio supuestas violaciones, supuestos complots de la CIA, supuestos planes para acabar con su vida, chantajistas detenidos en Madrid e intromisión en asuntos de terceros países, como las elecciones estadounidenses de 2016 o la crisis política en Cataluña, donde el australiano se posicionó a favor de los independentistas. Y todo aderezado con visitas durante su cautiverio en la embajada ecuatoriana de todo tipo: desde la actriz Pamela Anderson, la cantante Lady Gaga, el futbolista Éric Cantona y el protagonista del Brexit Nigel Farage. ¿Héroe o villano? Es complejo todo lo que envuelve al fundador de WikiLeaks.

Foto: Julian Assange, en una imagen de 2017. (EFE)

Al término de la breve vista de este miércoles en la Corte de Magistrados de Westminster, la esposa del periodista, Stella Assange -con la que ha tenido dos hijos durante su larga etapa de cautiverio- pidió a la multitud de simpatizantes reunida a las puertas del juzgado “seguir luchando por su liberación”.

El juez principal de la Corte, Paul Golspring, fue el encargado de emitir la orden de extradición y la ministra de Interior británica tiene ahora un plazo de dos meses prorrogable para decidir si la confirma o rechaza, mientras que la defensa del ex “hacker” ya ha indicado que la rebatirá dentro del periodo de cuatro semanas previsto, que acaba el 18 de mayo.

Fue el pasado 14 de marzo, cuando el Tribunal Supremo dio luz verde a la entrega del programador informático al rechazar un recurso que buscaba impedirla e instruyó al magistrado de primera instancia a emitir la orden que ahora debe considerar el Ejecutivo británico.

Ese fallo puso fin a un proceso judicial que arrancó el 21 de enero de 2021, cuando la jueza Vanessa Baraitser de la Corte de Magistrados de Westminster denegó la extradición al concluir que Assange presentaba riesgo de suicidio y que las condiciones penitenciarias en Estados Unidos podían exacerbarlo.

placeholder La mujer de Assange, Stella Moris, en la protesta tras la firma de la orden de extradición (Reuters/Tom Nicholson)
La mujer de Assange, Stella Moris, en la protesta tras la firma de la orden de extradición (Reuters/Tom Nicholson)

Aunque la magistrada aceptó entonces el argumento de la defensa sobre la salud del acusado, desestimó otros que sus abogados podrían decidir recurrir ahora. Si lo hicieran, en principio el Tribunal Superior solo lo examinaría una vez se conociera la respuesta de la titular de Interior. Si no hubiera ningún recurso, la extradición se produciría en los 28 días siguientes de haber sido autorizada por la ministra.

Según la defensa de Assange, las acusaciones de Washington están políticamente motivadas y, si acaban en condena, podrían suponer hasta 175 años de cárcel, y sería un precedente catastrófico para la libertad de prensa. Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos señala que es más probable que la sentencia fuera de entre cuatro y seis años.

El fiscal James Lewis, en representación de Estados Unidos, ha garantizado que si es extraditado, Assange no será sometido a “medidas administrativas especiales” como tener vetadas las visitas o la correspondencia, ni ingresaría en la cárcel ADX Florence -de máxima seguridad- en Colorado, a no ser que posteriormente hiciera algo para merecerlo. Además, Washington se ha comprometido a que, mientras esté bajo custodia, el periodista recibiría el tratamiento psicológico adecuado y, en caso de condena, podría cumplirla en su país natal de Australia.

Culebrón judicial

La historia de Assange bien podría ser material de serie de Netflix. Sus problemas con la justicia no empezaron por la publicación de los cables secretos, sino por unos supuestos abusos sexuales que él siempre ha negado.

En verano de 2010, cuando ya había alcanzado la fama en todo el mundo al publicar los explosivos documentos en WikiLeaks, viajó a Estocolmo para dar una serie de conferencias. Fue invitado por varias organizaciones, entre ellas, el colectivo cristiano del Partido Socialdemócrata sueco, cuya portavoz era Anna Ardin, una joven que actuó como su jefa de prensa y lo acogió en su casa.

El periodista dio una charla el 14 de agosto y allí conoció a Sofia Welin, acreditada como fotógrafa. Dos días después, viajaron en tren a la casa de esta última en Enköping y allí pasaron la noche juntos. Nadie sabe lo que pasó exactamente entre ellos. Pero las dos jóvenes, que se habían conocido días antes, decidieron acudir a una comisaría del centro de Estocolmo el día 20 para presentar una denuncia por violación y acoso sexual.

La fiscalía sueca abrió entonces una investigación preliminar por varios delitos sexuales. Aunque, desde el principio, varios detalles de la denuncia plantearon interrogantes. Sobre todo los relacionados con Ardin, que tras ser supuestamente acosada por el hacker, lo dejó vivir con ella una semana más y escribió en su cuenta de Twitter que iban a ir juntos a una fiesta al día siguiente y que era “asombroso” estar con la “gente más 'cool' del mundo”. Borró los mensajes tras presentar la denuncia, pero quedaron guardados en Google.

Foto: Julian Assange. (Reuters)

Varios medios suecos insinuaron que Ardin pudo actuar por despecho. Por si fuera poco, se dijo que mantuvo durante años vínculos con grupos anticastristas, lo que hizo surgir especulaciones sobre supuestos contactos con la CIA.

De héroe a apestado

Por lo tanto, cuando Assange pidió asilo en la embajada ecuatoriana, era considerado una especie de héroe y recibía visitas de todo tipo. Pero desde que Lenín Moreno se convirtió en presidente de Ecuador en 2017 las cosas cambiaron. Estrictamente, visita de abogados. Se le cortó también acceso a Wifi para que no siguiera interfiriendo en asuntos de terceros países. Según los medios, la convivencia con el personal de la embajada se había convertido ya en insoportable por sus cambios de humor e incluso su falta de higiene.

The Guardian sacó incluso a la luz un supuesto plan secreto de los diplomáticos rusos para tratar de evacuar al activista el día de Nochebuena de 2017 en un coche diplomático para trasladarlo a otro país. Se estudió la propia Rusia o Ecuador. Sin embargo, la operación de rescate fue abortada finalmente apenas unos días antes de la fecha señalada por ser “demasiado peligrosa”.

Foto: Mensajes de apoyo a Julian Assange en el exterior de la Embajada de Ecuador en Londres, en agosto de 2018. (EFE)

Finalmente fue detenido por Scotland Yard en abril de 2019. Primero por violar los términos de su libertad condicional. Segundo por una orden de extradición en nombre de las autoridades de Estados Unidos. Inicialmente solo le reclamaban por un “delito informático”, por posteriormente presentaron 17 cargos más por espionaje.

Washington sostiene que en marzo de 2010, el australiano se coordinó con la exsoldado Chelsea Manning -que por aquel entonces trabajaba como analista de inteligencia para el Departamento de Defensa bajo el nombre de Bradley Manning- a fin de acceder a material clasificado del Gobierno.

La divulgación de los datos supuso un fuerte varapalo para la diplomacia americana. Si bien durante mucho tiempo se pensó que Assange había actuado como simple receptor de los documentos, más tarde se supo que Washington consideraba que trabajó con Manning en equipo para acceder a los datos y dificultar la identificación del origen de la filtración.

Y a todo esto: la fiscalía sueca hace tiempo que cerró el caso. Nacido en Townsville (Australia) el 3 de julio de 1971, su figura, de tez pálida y característico pelo blanco, es un misterio incluso para sus colaboradores, que le describen como carismático e inteligente, pero imprevisible.

El gran miedo que siempre ha tenido Julian Assange de ser extraditado a los Estados Unidos está cada vez más cerca de materializarse. La Corte de Magistrados de Westminster emitió este miércoles la orden de entrega al otro lado del Atlántico, donde le reclaman por 18 delitos de espionaje e intrusión informática por las revelaciones que realizó en 2010 a través del portal Wikileaks sobre las guerras de Irak y Afganistán.

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